¡A la mierda las comedias románticas! 30. Mal de muchos…
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30. Mal de muchos…

Decido aguardar en el centro de salud a que la inyección me haga efecto.

Me siento un poco mareado y no me fío de volver solo a casa.

Localizo una máquina expendedora de la que extraigo un zumo casi sin mirar y me siento a un lado, al final de una triada de incómodos asientos de plástico que en algún momento fueron blancos.

Le doy un primer sorbo a la pajita clavada en el pequeño brik y me cae regular en el estómago.

⁠—⁠¿Aún estás por aquí? ⁠—⁠dice la voz de la única persona que conozco en el edificio⁠—⁠. Voy a terminar por acostumbrarme a verte.

⁠—⁠Espero que no… ⁠—⁠respondo y al instante me arrepiento por si he sonado mínimamente borde.

Guillem se acerca hasta la máquina de café, junto a la expendedora.

⁠—⁠Pues es una pena.

Espera, espera, espera. ¿El médico de Urgencias está flirteando conmigo? Da igual el líquido que haya perdido, que siento como se me enrojecen las mejillas.

⁠—⁠¿Eso es piña? ⁠—⁠dice él sin hacer mucho caso a los calores que me suben a la cara. Menos mal.

⁠—⁠Sí, me he mareado un poco y he pensado que mejor me hidrato antes de salir, como un señor muy amable me ha recomendado. No vaya a ser que tenga que volver en media hora por un desmayo. Como dice mi abuela, «se puede ser de to menos pesao ».

Guillem sonríe y me sorprendo porque, aunque a primera vista no es de esas personas en las que me fijaría, al hacerlo llena toda la sala de alegría. No sé, es difícil de explicar, pero es una sensación muy agradable cuando sucede.

⁠—⁠Toma. ⁠—⁠Me tiende otro zumo que acaba de extraer de la máquina expendedora y se coloca las gafas con el dedo⁠—⁠. Mejor este de manzana. El de piña es muy ácido y no le irá bien al estómago.

⁠—⁠Gracias. ⁠—⁠Le devuelvo la sonrisa.

⁠—⁠¿Te importa que te acompañe?

⁠—⁠Como si fuera tu casa.

⁠—⁠Espero que no ⁠—⁠suspira.

Él se sienta a mi lado, separados por un único asiento. En una mano lleva un café que se acaba de servir y, en la otra, una chocolatina Twix. Me guiña un ojo cuando me pilla mirándola.

⁠—⁠No le digas a nadie que como estas porquerías. No deberían ni poder venderlas en el hospital, pero son mi perdición.

⁠—⁠Pues si te gustan las cosas dulces, deberías ir a Dulce Pastel ⁠—⁠digo tras dar un trago al zumo de manzana, que me sienta mucho mejor y hace que lo que se estaba removiendo en la tripas se tranquilice mínimamente.

⁠—⁠¿Te estás quedando conmigo? Es mi cafetería favorita. La tarta de dulce de leche y el… ⁠—⁠y eso lo decimos a la vez⁠—⁠ chocolate especiado.

Nos miramos y nos sonreímos.

⁠—⁠¿Y cómo es que no nos hemos visto nunca? ⁠—⁠pregunto extrañado. Yo soy un asiduo. Primero con Aída y luego con… Tom.

Soy consciente de la mueca que se forma en mi cara al pensarlo. Tom, que me ha estado mintiendo todo este tiempo. Tom, el que me ha engañado… Maldito Tom.

⁠—⁠Ni idea. Puede que tenga que ver con que casi siempre hago este turno y suelo ir a desayunar nada más abren. O, bueno, no sé si para mí es una cena. Es un descontrol trabajar a estas horas.

Vuelve a sonreír y ahí está: todo parece mejorar a mi alrededor. Me fijo más y veo como casi se le esconden los ojos al hacerlo. También descubro que sobre su oreja izquierda tiene un piquito muy gracioso.

⁠—⁠Tiene sentido. Por cierto, no me has contestado antes. ¿Qué tal el tipo de la navaja?

⁠—⁠Operado de urgencia y en observación. Ha sido una herida jodida. Una reyerta. No sé qué le pasa a la gente por la cabeza para tener la necesidad de herir a otros.

⁠—⁠Debes de estar curado de espanto ya.

⁠—⁠No creas ⁠—⁠dice apurando la chocolatina⁠—⁠. Pero es mi trabajo. ⁠—⁠Se encoge de hombros⁠—⁠. ¿Tú a qué te dedicas?

⁠—⁠Desde hoy, a nada.

⁠—⁠Vaya… Lo siento. Un mal día, supongo.

⁠—⁠No te haces una idea.

⁠—⁠Bueno, piensa que siempre podría ser peor. Imagina que, después de ver de todo en un turno de noche en el Servicio de Urgencias, tuvieras que volver a casa con el capullo de tu ex, con quien compartes piso.

Vale, sospechas confirmadas: Guillem es de mi equipo.

Pero solo imaginarme tener que encontrarme ahora con Tom en casa…

En realidad, no sé lo que siento. Me gustaría odiarlo con todas mis fuerzas, pero lo que me causa pensar en él es dolor.

Un dolor dentro que me estruja el pecho.

Y una desilusión enorme. Había comenzado a sentir algo más.

Algo que creía que no llegaría a ocurrir.

Con lo simple que parece todo cuando lo ves desde fuera y lo complicado que es sentir de verdad.

⁠—⁠En fin, tengo que volver. El descanso se ha terminado y creo que tengo a un alemán borracho que se ha partido el tobillo por darle un golpe a una papelera.

Guillem se levanta terminando su café de máquina y lanza el vasito de cartón a la papelera. Se coloca las gafas con el dedo y me sonríe.

⁠—⁠Espero que no te dé mucho la lata ⁠—⁠le digo⁠—⁠. Y gracias por el zumo… y por la charla.

⁠—⁠No hay de qué. Por cierto, si te enteras de algún piso en alquiler…

⁠—⁠Eso son como los Reyes Magos. Yo también llevo meses buscando.

⁠—⁠Alguien que necesite compañero de piso también me vale. Ya sabes dónde encontrarme y siempre es un placer verte por aquí, aunque tampoco me importaría ese cine primero.

Sonríe una última vez antes de perderse por los pasillos y yo, ojiplático, lo observo mientras se aleja. ¡Menuda tirada de caña!