¡A la mierda las comedias románticas! 29. «Odsdas»
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29. «Odsdas»

Despierto encogido entre sudores y con las manos arropándome la tripa.

Después de haber hecho todo lo posible por dormir, por olvidar un día nefasto, mi cuerpo no me concede ni un mísero par de horas de descanso.

Me esfuerzo por concentrarme en respirar para volver a retomar el sueño.

Aún me siento exhausto, cansado y emocionalmente consumido.

Si consigo relajarme, creo que el daño se marchará igual que vino, pero un retortijón me advierte de que eso no va a ocurrir, al menos, a corto plazo.

Un sabor amargo y desagradable asciende por la garganta y me avisa de que más vale que me dé prisa en llegar al baño si no quiero dejar la habitación convertida en una calle de El Carmen después de una fiesta universitaria.

Cogido a la taza del váter vomito entre estertores una y otra vez, hasta que me arde el gaznate y de la boca no sale nada más que saliva y bilis agria.

El estómago no se da por vencido y continúa queriendo vaciarse de lo que quiera que desee deshacerse.

Sudo frío. Miro el reloj del móvil y apenas es la una de la madrugada.

Al no ha llegado todavía. He visto su puerta abierta y la habitación vacía y, como siempre, ordenada y pulcra.

◆◆◆

Como ni el dolor ni los vómitos remiten, decido acudir a Urgencias a ver si aquí me pueden dar alguna cosa para que me quite estas ganas de vomitar.

Si sigo así, se me va a salir el estómago con las siguientes contracciones abdominales.

Aguardo en triaje durante casi una hora y veo pasar de todo.

Hasta una herida de navaja con el arma todavía clavada en el abdomen.

Supongo que un chaval, no tan chaval ya, vomitando no es algo que esté en la cima de la pirámide de prioridades.

Escucho el ding-dong del monitor cuando cambia de número y ahí está el mío. Menos mal, porque no me apetecía volver a vomitar, por tercera vez, en los estrechos baños del centro de salud.

⁠—⁠A ver, ¿qué tenemos? ⁠—⁠dice una voz que me resulta familiar, nada más entrar encogido como si tuviera ochenta años.

Levanto la cabeza y veo al mismo tipo que me atendió después de mi humillante intento de convertirme en patinador profesional. Ese pelo rojizo y la cara pecosa y juvenil son inconfundibles.

⁠—⁠¡Hombre, otra vez tú! ¿No le estarás cogiendo el gustillo a esto de venir al médico? ⁠—⁠comenta con cierta retranca colocándose las gafas con el dedo. No estoy yo hoy para mucho cachondeíto, pero me sorprende que se acuerde de mí y, por la razón que sea, consigue animarme un poco.

⁠—⁠¿Podrías llamar al médico? ⁠—⁠bromeo, y un retortijón me advierte que no me ande con tonterías si no quiero dejar en el suelo un bonito recordatorio de mi paso por el servicio público de salud.

⁠—⁠Sí que tienes mala cara ⁠—⁠dice más serio⁠—⁠. Ven a sentarte a la camilla. ¿Qué te ha pasado?

⁠—⁠No sé, me he despertado así hace algo más de una hora y no paro de vomitar. Me duele mucho el estómago. Creo que he echado todo, pero sigo teniendo arcadas y es que ya no sé cómo hacer para que pare esto ⁠—⁠digo desesperado.

⁠—⁠Vale, túmbate boca arriba.

⁠—⁠No sé si es buena idea.

⁠—⁠Échate y súbete la camiseta. No te preocupes, que aquí he visto ya de todo lo imaginable.

⁠—⁠¿Al tipo de la navaja? ⁠—⁠pregunto mientras obedezco.

El joven médico asiente. De repente, mi memoria extrae el fichero con su nombre, Guillem.

⁠—⁠¿Y qué tal ha ido? ¿Está bien?

El doctor ignora mi comentario y comienza a palparme en diferentes zonas del estómago haciendo presión.

⁠—⁠Dime si te duele en algún punto.

⁠—⁠Dolerme no, pero me está dando un poco de asco de estar así.

Cuando se da por satisfecho, hace un nuevo barrido por la tripa apoyando dos dedos de la mano izquierda y, con los mismos de la otra, da un par de golpes secos, percutiendo sobre los primeros.

⁠—⁠Vale… ⁠—⁠murmura para sí y pasa a auscultarme con el estetoscopio, que está congelado⁠—⁠. Menuda fiesta tienes montada ⁠—⁠dice en relación a los gruñidos y quejidos que sueltan mis tripas.

⁠—⁠Estoy seguro de que sí.

⁠—⁠Ya te puedes incorporar. ¿Has comido algo que te haya podido sentar mal?

⁠—⁠De hecho, ni he cenado.

Vuelvo a recordar el motivo por el que me he ido a la cama sin hacerlo y los hombros caen pesados. Tom…

⁠—⁠Abre la boca ⁠—⁠ordena a la vez que introduce el bajalenguas de madera hasta casi provocarme otra arcada⁠—⁠. Por el dolor de estómago, no creo que tengas algún cuerpo extraño obstruyendo la garganta, pero mejor asegurarnos.

Y entonces me viene a la mente.

⁠—⁠ Odsdas ⁠—⁠digo con el palo todavía sobre la lengua, que el doctor Guillem quita mirándome como si yo fuera un alienígena.

⁠—⁠¿Qué? ¿Te he hecho daño?

⁠—⁠Perdón. Ostras. He comido un par de ostras que había preparado para una cena con mi novio ⁠—⁠suelto de carrerilla y me avergüenzo un poco por el exceso de información⁠—⁠. Es lo único que he comido.

Guillem me mira con curiosidad mal disimulada.

⁠—⁠Pues todo parece una indigestión o una intolerancia. Puede que las ostras estuvieran en malas condiciones o…

⁠—⁠¡Eso no! ⁠—⁠lo interrumpo indignado⁠—⁠. Fui adrede al Mercado Central a comprarlas, que me costaron una pasta las almejas gigantes esas para lo mal que saben.

⁠—⁠O… ⁠—⁠remarca y deja suspendido un silencio que viene a significar: «Si me dejas terminar»⁠—⁠ puede que seas intolerante, simplemente. ¿Qué tal está tu… acompañante? ¿Tiene los mismos síntomas?

⁠—⁠Esto…, no. Él no comió. Ni de esto ni de nada ⁠—⁠aclaro, y no sé por qué le sigo dando tantas explicaciones a un desconocido, la verdad.

⁠—⁠¿Tan mal cocinero eres? ⁠—⁠bromea de nuevo y esta vez no me hace ni pizca de gracia.

No hace falta ser muy avispado para vérmelo en la cara⁠—⁠.

Perdona. No puedo evitar estas cosas. Trabajar tantas horas de noche no me sienta bien.

Pero, bueno, lo dicho. Parece una intoxicación o intolerancia, así que vamos a recetarte un antiemético para acabar con las náuseas.

Procura beber mucho líquido para evitar deshidratarte y…

⁠—⁠¿No podéis darme nada aquí? ⁠—⁠suplico⁠—⁠.

No me gustaría salir a la calle y que me diera por echarlo todo como si fuera un borracho volviendo de fiesta.

Ya he dejado antes, cuando venía, un regalito en la esquina de la ferretería de aquí al lado y me ha comido la vergüenza cuando una pareja se ha puesto a cuchichear.

⁠—⁠Aquí lo único que te puedo dar es Primperan por vía intramuscular.

⁠—⁠Pues eso mismo. Me vale.

⁠—⁠Pensaba que eras de los de un cine antes ⁠—⁠bromea otra vez, pero yo estoy más pendiente de controlar las arcadas.

⁠—⁠¿Cómo?

⁠—⁠Perdona, no podía dejarla pasar. Bájate los pantalones.