¡A la mierda las comedias románticas! 23. Compra ropa sin sudor
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23. Compra ropa sin sudor

Al final de la semana, quedo con Aída, a la que no he visto desde el lunes.

Ella ha sido más rápida pidiendo vacaciones y se ha pillado diez días.

Así que, hasta que no se reincorpore, yo no puedo hacer uso de las mías.

El departamento, por muy exiguo que sea el trabajo, no puede permitirse quedarse sin nadie, y menos sin el supervisor.

A fastidiarse toca. Pensándolo bien, tampoco es que me pudiera ir con Tom a ninguna parte, sigue enfrascado en el proyecto de Héctor.

Ya tendremos tiempo de viajar. Quizá para Nochevieja. Ojalá.

⁠—⁠No sé cómo te gustan tanto estas cosas, Aída.

Mi amiga se pasea entre las burras de ropa. Toca y revisa meticulosamente cada una de las prendas. El lugar en el que hemos quedado es un mercado alternativo que han montado en una plaza del centro, que está a rebosar de gente y de ropa de dudosa procedencia.

⁠—⁠J. J., esto te debería encantar. A los gais os encantan estas cosas.

Puf, ya estamos con la cantinela de lo que nos tiene o no que gustar a los gais.

⁠—⁠¡Mira qué monada! ⁠—⁠me dice sacando una percha con una cazadora de polipiel rojo con los puños raídos.

⁠—⁠Sí, sí que es una monada ⁠—⁠digo apartando la prenda y haciendo lo posible por no tocarla⁠—⁠. Y ya, si la hubieran lavado un poco, sería lo más.

⁠—⁠Cariño, es polipiel. Esto no se mete en la lavadora.

⁠—⁠¿Y te la vas a poner?

⁠—⁠Puede. ⁠—⁠Me mira con la percha sujeta sobre su pecho para ver el efecto en un espejo de cuerpo entero.

⁠—⁠Te van a comer las chinches.

Aída me mira con los ojos entornados y aprieta los labios. Me está retando.

⁠—⁠Me la llevo. Son cinco euros.

⁠—⁠Tú misma. Cuando te pique hasta el chichi, a mí no me llames.

Me lanza un beso juguetón y yo me dedico a curiosear entre la ropa por si doy con algo que me guste y me pueda poner sin temor a que me tengan que desparasitar.

⁠—⁠¿Entonces? ¿Todo bien con Tom?

⁠—⁠Creo que sí. Lo hablamos, me lo explicó y, la verdad, lo entiendo.

⁠—⁠Ajá… ⁠—⁠suelta mientras trastea por una burra llena de blusas de colores, tallas y épocas dispares.

Las pasa con la misma ligereza con que pasaría las páginas de un libro. Advierto que me lanza un par de miradas de soslayo.

⁠—⁠¿Qué? ⁠—⁠pregunto algo mosca porque sé que hay algo más. Siempre hay algo más.

⁠—⁠Pues que te mintió, J. J.

⁠—⁠No me mintió, omitió información ⁠—⁠me defiendo. Lo defiendo, más bien⁠—⁠. ¡Y no me digas más «J. J.»!

⁠—⁠Lo que tú digas, J. J.

¡Qué exasperante es a veces!

⁠—⁠A ver. Omitir no es lo mismo que mentir. Además, es que yo creo que hubiera hecho lo mismo. Imagínate que nada más conocerte empiezo a meterme con un familiar tuyo…

⁠—⁠Pues que te cruzo la cara así. ⁠—⁠Simula que me sujeta con una mano y con la otra me da unas cuantas bofetadas de ida y vuelta⁠—⁠. Pim, pam, toma Lacasitos.

⁠—⁠Aída…

⁠—⁠¿Qué? Es la verdad.

⁠—⁠Pues, por suerte, no a todo el mundo le da por soltar la mano tan rápido.

⁠—⁠Bueno, si tú estás feliz yo también. Pero ojito con el «capitán Pescanova» ⁠—⁠dice sin quitar ojo a una blusa blanca con un pequeño encaje en el cuello que ya amarillea⁠—⁠. Esta ¿qué?

⁠—⁠Uhm…

⁠—⁠Sí, esto es más viejo que el hilo negro. ¡Pero es bonita!

⁠—⁠A ver, si alguna vez vas a un cóctel en la mansión de Drácula, estarías cumpliendo con la etiqueta.

⁠—⁠¡Ay, eso sería tan bonito! ⁠—⁠Da un par de vueltas sujetando la camisa. En su cabeza desequilibrada debe de estar escuchando alguna especie de vals tocado en un clavicordio⁠—⁠. Me la llevo.

⁠—⁠Ahora que lo sabemos, deberíamos cortarnos un poco delante de Tom. Aunque me dijo que tampoco es que le caiga muy bien, Héctor sigue siendo su tío.

⁠—⁠Me va a costar.

⁠—⁠Lo sé. Es demasiado tentador. Por cierto, ¿no lo has notado raro últimamente?

⁠—⁠¿A Tom?

⁠—⁠No, a Héctor. ⁠—⁠Aída niega con un cabeceo⁠—⁠. No sé, parece como que está todo el día de buen rollo, al menos conmigo. Y no para de decirme que confía en mí y que si tiene muchas ganas de que empecemos con el nuevo proyecto y que si una comida de oreja por aquí, que si ánimos por allá…

⁠—⁠¿Nuevo proyecto?

¡Mierda! Al final se me ha escapado. Pero, bueno, no creo que justamente Aída vaya a chivarse a Héctor. «Chivarse». No utilizaba esta palabra desde que tenía catorce años.

⁠—⁠Eso parece, pero no sé mucho más. Solo que hay algo en ciernes. Una película y, por lo que me dejó entrever, un director conocido.

⁠—⁠¡Una peli! ⁠—⁠grita emocionada.

⁠—⁠Que no salga de aquí, por favor ⁠—⁠le advierto⁠—⁠. Aunque no está confirmada y faltan flecos por cerrar y todas esas mierdas. Bueno, eso es lo que me dijo Héctor.

⁠—⁠Bah. Entonces, decir eso y nada es lo mismo ⁠—⁠suelta algo desencantada, y tiene razón. En este mundo, hasta que no está todo cerrado, solo hablamos de castillos en el aire⁠—⁠. Pero no, no lo he notado así. Y menos mal. Si de normal ya me da cringe …

⁠—⁠Pues mira, por mí que dure.

Aída se encoge de hombros y se acerca a un puesto en el que hay varios montones de pantalones vaqueros doblados en el suelo y cazadoras colgadas. Aída se vuelve loca desplegando pantalones que examina y deja luego hechos un gurruño.

⁠—⁠Estoy pensando en prepararle una cena, así en plan romántico ⁠—⁠continúo cambiando de tema.

⁠—⁠¿A Héctor?

⁠—⁠¡No, idiota, a Tom!

⁠—⁠Uhm…, yummy , yummy .

⁠—⁠¿Qué? ⁠—⁠pregunto contrariado. Cada vez la entiendo menos.

⁠—⁠¡Que suena sabroso! ⁠—⁠responde indignada con los brazos en jarra⁠—⁠. J. J., te estás quedando atrás. No estás a la última en jerga juvenil.

La chica del puesto nos mira con cara de pocos amigos viendo como lo que tenía perfectamente ordenado se ha convertido en una mezcla sin sentido de tejido vaquero amontonado.

A mí me come un poco la vergüenza y comienzo a doblar como puedo los restos de la búsqueda del tesoro de Aída, que ya ha divisado su siguiente objetivo: un puesto de camisetas estampadas.

⁠—⁠Cariño, es que ya no somos tan jóvenes.

⁠—⁠Shhh. ⁠—⁠Saca la lengua cual serpiente⁠—⁠. Como vuelvas a decir eso, acabo contigo aquí mismo. ¿Queda claro?

⁠—⁠Oído.

⁠—⁠¿Y desde cuándo sabes cocinar? Bien, digo. Que unos espaguetis y una pechuga a la plancha los sabe hacer cualquiera.

⁠—⁠Desde el momento en el que aprenda. ⁠—⁠Me encojo de hombros⁠—⁠. Es que él se ha molestado mucho en prepararme las citas y yo no sé lo que hacerle para estar a su altura. Estoy viendo un montón de vídeos en Instagram y YouTube.

⁠—⁠Y has pensado que hacerle una cena, sin ser muy buen cocinero, en tu piso, es una buena opción…

⁠—⁠¿Tan mal suena?

Dicho así, sí que parece una auténtica idiotez. Quizá lo mejor sea reservar en un restaurante de moda, de esos que salen en las guías y que ponen infinidad de grandes platos con poco contenido. Me costará el remanente de un mes ⁠—⁠o dos⁠—⁠, pero me permitirá no quedar como un idiota.

⁠—⁠No, mal no. A mí me da mucha ternura.

Pero te costará bastante trabajo hacer algo decente.

¿Qué tal esta? ⁠—⁠Me muestra una camiseta con la lengua típica de los Rolling Stones en la que el centro se ha descolorido.

Le digo que no con la cabeza. Ella la deja a un lado y continúa con su exploración textil.

⁠—⁠¿Tú sabes la receta de algún plato que parezca currado pero que no necesite ir a una escuela de cocina? ⁠—⁠le suplico.

⁠—⁠A mí es que me sacas de hervir verduras o ponerle más queso a la pizza y no soy nadie. Lo mismo ni eso de los espaguetis que te he dicho sé hacer bien. Que yo me los como, pero no se los deseo a nadie.

Suspiro. No sé si me he metido en un fregado demasiado complicado. En los vídeos no parece muy difícil y creo que Tom valorará el esfuerzo, pero no quiero cagarla.

⁠—⁠¿Y cuándo será esa cena romántica? ⁠—⁠dice pasando a otro puesto. Este de abrigos largos de tipo militar.

⁠—⁠La semana que viene. Quiero hacerla un poco antes de las fiestas. Así celebramos que termina con el proyecto ese dichoso y también nuestra pequeña Navidad juntos.

⁠—⁠Ooooh… ⁠—⁠suelta más burlona que conmovida⁠—⁠. ¿Y qué vas a hacer con Al? ¿Le vas a poner un plato? O una vela así. ⁠—⁠Y junta las manos frente a ella con pose de monaguillo.

Mierda, Al. No había pensado en eso y tampoco sé cómo planteárselo. Sobre todo después de lo que pasó con su ex.

⁠—⁠Ni lo había pensado hasta ahora.

⁠—⁠Bah, seguro que si le dices que vas con tu amorcito ⁠—⁠comenta poniendo morritos⁠—⁠, se busca cualquier plan para dejaros tranquilos. Si es un sol. O siempre le podéis decir que os vaya sirviendo los platos ⁠—⁠bromea.

A mí no me hace tanta gracia.

⁠—⁠Sí, bueno. No sé. Es que está un poco raro conmigo.

⁠—⁠¿Al? ¿El Al que yo conozco?

⁠—⁠Ese mismo, sí.

⁠—⁠¿Ha pasado algo? ⁠—⁠Aída se prueba un gabán verde lleno de parches que he de reconocer que le queda bastante bien⁠—⁠. Ni te pregunto. Este me lo quedo.

⁠—⁠Se te van a aparecer todos los espíritus de la gente muerta a la que pertenecía toda esa ropa.

⁠—⁠¿Pero tú estás tonto?

⁠—⁠¿Qué pasa?

⁠—⁠Que me dan mal rollo esas mierdas. Vas a conseguir que deje todo y me vaya con las manos vacías.

⁠—⁠Para que yo me entere: lo de las chinches te da igual, pero si te digo lo de los espíritus, ¿ya te da mal rollo?

⁠—⁠¡Pues sí!

⁠—⁠¿Sabes que solo una de esas dos cosas es verdad, no?

Aída me mira con cara de pocos amigos. Le he dado en el eje de flotación. Aún no me explico la afición de mi amiga por todas esas cosas paranormales.

⁠—⁠Vale, vale. ¿Volvemos al tema?

⁠—⁠Está bien, pero no me vuelvas a negar que…

⁠—⁠Que sí, que sí ⁠—⁠suspiro⁠—⁠. Lo que te decía. Al está raro conmigo desde el otro día que lo invité al cine.

⁠—⁠¿Pero qué es lo que pasó?

⁠—⁠Estábamos hablando y me estaba disculpando por lo capullo que fui los días en que me tuve que quedar en casa después de mi…

⁠—⁠¿Actuación magistral en la pista de hielo?

⁠—⁠Sí, eso ⁠—⁠le concedo de mala gana⁠—⁠. El caso es que iba todo genial. Parecía que lo habíamos aclarado y estábamos bromeando cuando, de pronto, llegó una chica.

En ese momento, Aída, que seguía más pendiente de buscar alguna otra ganga que de lo que le estaba diciendo, se gira y me presta toda su atención. No hay como darle un poco de carnaza a una cotilla irredenta. Le encanta el chisme.

⁠—⁠¿Qué chica? ¿Era un lío?

⁠—⁠Era su ex, ¡y menuda ex! Parecía sacada de alguna película, la tía. Alta, atlética, rubia.

⁠—⁠Uf, ¿me la podría presentar?

⁠—⁠¿Pero tú no estás con Cata?

⁠—⁠Perdona, es que no termino de acostumbrarme. Es verdad. Mi Cata… ⁠—⁠dice apretujando contra el pecho el montón de ropa que tiene en las manos.

En fin.

⁠—⁠Pues resulta que Al comienza a ponerse tenso y ella dice no sé qué de que si estaba mejor, que la llamase a pesar de todo y no sé qué más.

Él estuvo evasivo todo el rato con aquello, como si quisiera que pasáramos de puntillas sobre el tema.

Tema que, por otro lado, no me quiso explicar.

Me comentó que no era el momento. Desde entonces, nos cruzamos por el piso y parece como si me estuviera evitando.

Me jode estar así y me jode, sobre todo, que no me lo haya contado.

Joder, es Al. Él está ahí para todos y yo siempre acudo para contarle todas mis mierdas.

Me sabe fatal que no sienta que yo estoy ahí para él.

⁠—⁠Ay, J. J. ¿No te has planteado que eso que le pasa puede tener que ver contigo? ⁠—⁠Sonríe enigmática.

⁠—⁠¿Perdona?

⁠—⁠Vale. Ponte en la situación. Al sale con una chica y rompen la relación por algo.

Seguramente algo que le pasaba a Al. Ese algo no te lo cuenta a ti, pero, a pesar de romper con su ex, esta le sigue teniendo cierto afecto.

Así que no debe de ser algo de cuernos ni nada por el estilo, sino, más bien, algo emocional de lo que ninguno de los dos pudieran tener la culpa. ¿Me sigues?

⁠—⁠La verdad que no.

⁠—⁠Vamos, Javi, está clarísimo.

⁠—⁠De verdad que no sé a dónde quieres ir a parar, Aída.

⁠—⁠¡Pues que le gustas!

⁠—⁠Pero ¿qué coño? Eso es una tontería.

⁠—⁠Un jaleo más que sumar a tu larga lista, J. J.

⁠—⁠Aída, eso es una gilipollez. Al siempre ha estado con mujeres. Además, es mi amigo y nunca lo he visto tener ningún tipo de actitud mínimamente sexual hacia mí.

⁠—⁠¿Y qué esperas? ¿Que cuando abras la puerta esté en pelotas con todo aquello colgando para saludarte?

⁠—⁠¡Qué burra eres!

⁠—⁠Y tú qué pardillo, J. J.

⁠—⁠Y si sabe que soy gay, ¿por qué no me lo dice sin rodeos? ¿Qué problema va a tener conmigo?

⁠—⁠¿Quizá miedo a no ser correspondido? ¿Miedo a perderte? Él te conoce mejor que tú y sabe que estás pilladísimo por Tom.

⁠—⁠Pero no…

Pero sí. No se me había ocurrido pensar que algo así pudiera suceder.

Quizá porque Al es el prototipo de persona perfecta, y no lo digo solo porque está muy bueno.

¿Quién no querría estar con alguien así?

Atento, preocupado, cariñoso… Mierda. Ahora que lo pienso, sí que siempre es cariñoso conmigo para ser, perdón, para parecer un chico hetero. Joder, joder, joder.

⁠—⁠¿Ves? ⁠—⁠dice Aída, que se da cuenta de todo lo que me está pasando por la cabeza al ver mi cara de histeria sobrevenida.

⁠—⁠Necesito ir a casa. ¿Has terminado ya de comprar?

⁠—⁠Sí. ⁠—⁠Me enseña satisfecha el montón de ropa que ha conseguido reunir.

⁠—⁠Entonces, vámonos, si no te importa. Tengo que aclarar la mente y aquí hay muchas personas que hacen mucho ruido. Además, creo que me ha caído una gota y necesito ponerme las pilas cocinando.

Miramos al cielo, que está encapotado.

⁠—⁠¿Vas a hablar con Al?

⁠—⁠No sé lo que voy a hacer, Aída.

⁠—⁠Habla con él.

⁠—⁠Y tú lava la ropa esa ⁠—⁠respondo con fastidio⁠—⁠. Y asegúrate de llamar a un exorcista o algo para sus exdueños.

Menos mal que Aída aún no tiene superpoderes, porque me hubiera dejado chamuscado solo con la mirada que me acaba de lanzar. Aunque eso me hubiera dolido menos que pensar en haber hecho daño a Al. Mierda, mierda y más mierda.