¡A la mierda las comedias románticas! 21. Miss Agente Especial
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21. Miss Agente Especial

⁠—⁠Y lo mejor de todo es que no me mareé ⁠—⁠digo todo orgulloso a Aída después de contarle cómo había transcurrido la cita con Tom.

Como veréis por el tema de conversación, hoy tampoco tenemos mucho trabajo que hacer.

A pesar de que voy realizando pruebas y demás, me aburro como una ostra esperando que se confirme la película que Héctor me comentó.

Cada vez me planteo más seriamente eso de cogerme los días que me quedan de vacaciones para proponerle a Tom irnos de viaje a algún lugar.

No sé dónde sugerirle para no parecer un agarrado.

Como Tom lo haga todo tan a lo grande, ya puedo preparar el bolsillo.

Quizá Oporto. Siempre me gustó. Es bonito, tiene un algo especial en sus calles, una cierta decadencia artística, y no es excesivamente caro.

Además, se come de lujo. Hablaré con él.

⁠—⁠¿Eso fue lo mejor de todo? ¿En serio me estás diciendo eso? ⁠—⁠dice indignada Aída sacándome de mis cavilaciones.

⁠—⁠A ver, conociéndome era lo esperable. Del creador de Con patines y a lo loco llega Deep buagh sea .

⁠—⁠Javi, Javi. A ver si vas a pasar de «Javi Jaleos» a «Javi Jilguero».

⁠—⁠¿Jilguero?

⁠—⁠Por pardillo, Javi. Por pardillo.

⁠—⁠No sé, Aída. Demasiado rebuscado.

⁠—⁠¿Sí, verdad? Lo he dicho y a medida que salía de mi boca he pensado que no tenía mucha gracia.

Aunque lo de tu juego de palabras con el sonidito ese y el título de una peli que ya nadie recuerda…

Pero a lo que vamos. ¿Tú estás tonto? Que ha alquilado un barco, ha comprado mierdas de esas caras y habéis ido a su casa.

⁠—⁠Ya, ya.

⁠—⁠¿Y en la cama, qué?

⁠—⁠En la cama, ¿qué de qué?

⁠—⁠¿Que si sois compatibles y eso?

Pongo los ojos en blanco.

⁠—⁠¿Te estás hormonando o algo? Últimamente estás obsesionada con el sexo.

⁠—⁠J. J., eres un mojigato.

⁠—⁠Pues en la cama bien, Aída, bien. De hecho, varias veces bien.

Aída compone una sonrisa traviesa y se acerca un poco más.

⁠—⁠Y en el barco también bien. ⁠—⁠Le guiño un ojo sabiendo que eso la va a dejar ojiplática.

⁠—⁠¡Serás guarrilla! ⁠—⁠me acusa con el dedo.

⁠—⁠Y eso es lo único que te voy a contar. ¡Cotilla!

No soy un mojigato, pero no me apetece estar detallando con pelos y señales cómo una persona se acuesta con otra, y menos en el trabajo.

Sé que hay gente que lo hace sin ningún tipo de tapujo ni pudor, pero a mí me gusta guardarme ciertas cosas.

Quizá sea un raro, es lo que hay. ¿Si fue maravilloso?

Sí, lo fue. Y tierno y delicado y muchas cosas más.

Incluso nos despertamos abrazados al día siguiente haciendo la cucharita.

Nada de que uno de los dos saliera corriendo o dijera cosas como: «Si no te importa, ya hablamos mañana» o «Si quieres ducharte antes de irte… ».

⁠—⁠Vale, vale ⁠—⁠me dice volviendo a su sitio, circunspecta⁠—⁠. ¿Y su piso?

⁠—⁠Bastante normalito. Después de todo el despliegue del barco y demás, me esperaba algo moderno y estiloso. Un ático rollo minimalista, por ejemplo. Pero es un apartamento pequeñito en un segundo. Eso sí, en pleno centro. Bastante acogedor y poco más.

⁠—⁠¿Y había fotos de la familia por ahí?

⁠—⁠Pues no lo sé. Tampoco me fijé. ¿Por qué lo preguntas?

⁠—⁠Por nada. Curiosidad, simplemente.

Aída se queda callada en un gesto que con el tiempo he aprendido a reconocer. Algo le ronda la cabeza y no sabe cómo decirlo.

⁠—⁠Y a ti, ¿qué te pasa? ¿No van bien las cosas con Cata?

⁠—⁠¿Eh? No, no. Va todo la mar de bien. Nosotras nos pasamos el fin de semana en la cama.

Es una bestia parda. Creo que hasta me lee el pensamiento, porque no es normal.

¿Sabes eso que te he contado que me gusta que me hagan con los dedos así…

? ⁠—⁠responde ella haciendo un gesto con el índice y el corazón de su mano derecha que gira y retuerce en el aire.

⁠—⁠¡Aída! ⁠—⁠la interrumpo⁠—⁠. Gracias por la confianza, pero no necesito saber detalles de lo que hagas con Cata. Con Cata ni con nadie en la cama.

⁠—⁠Vaaale. Monja, que eres una monja.

Le saco muy despacio el dedo corazón y ella me responde sacando la lengua. Somos un par de personas maduras y muy bien desarrolladas mentalmente, como podéis comprobar.

⁠—⁠¿Entonces? ⁠—⁠le digo aún esperando que suelte lo que le ronda la cabeza.

Aída se remueve inquieta en el asiento y me pone nervioso por momentos.

Cuando se pone en plan misteriosa me saca de quicio porque no puede evitar hacer pausas dramáticas demasiado largas.

Tanto que siempre me temo lo peor y luego es alguna estupidez como que ha perdido unas llaves que no servían para nada, que no se acordó de devolverme cinco euros que le había dejado o chorradas así.

Ya veréis como esta es otra de esas tonterías sin importancia.

⁠—⁠Pues… ⁠—⁠Pausa dramática. ¿Qué os he dicho? Es insoportable.

⁠—⁠¡Arranca, por favor!

⁠—⁠Vale, pero no te enfades.

⁠—⁠¿Por qué me iba a enfadar? ¿Has vaciado mi cuenta en el banco? Seguro que te da para ir a Benidorm, por lo menos. En temporada baja, eso sí ⁠—⁠bromeo.

⁠—⁠A ver… ⁠—⁠Otra pausa dramática⁠—⁠. Es que no quiero que te…

⁠—⁠¿Enfade? Lo estás consiguiendo. ⁠—⁠Me desespera⁠—⁠. ¿Puedes soltarlo de una vez?

⁠—⁠Es que como parece que te estás pillando de Tom…

⁠—⁠¿Y qué paaasa?

⁠—⁠Pues…

⁠—⁠¡No me jodas, Aída! ¿Te has puesto a hacer de detective? ¿Justo lo que te dije que no hicieras?

⁠—⁠No te enfades, Javi. Si seguro que es una chorrada.

⁠—⁠Te lo dije. Si hubiera querido ponerme a rebuscar en Google, lo hubiera hecho yo. Tendré que ir a un logopeda o algo, porque está visto que no me entiendes cuando hablo o lo mismo hablo en chino y yo creo que es castellano.

⁠—⁠Es que no puedo evitarlo ⁠—⁠se excusa, y su voz adquiere la misma sonoridad que la de cualquier niño para evitar que sus padres lo riñan.

⁠—⁠Sí, sí que puedes. Ves un ordenador y te pican los deditos de teclear y clicar en el ratón.

Entonces piensas: «Javi me ha dicho que no lo haga y no es asunto mío».

Así que tu cerebro lo procesa y, ¡oh, sorpresa!

, no lo haces, y si te siguen picando, pues te haces eso tan divertido que tanto te gusta. ¿Te parece?

⁠—⁠Hacemos una cosa: mejor me callo y me lo guardo para mí y olvidamos que hemos tenido esta conversación. Si seguro que es una chorrada y tampoco es para tanto.

⁠—⁠Si hay algo que tengo claro en esta vida, es que lo que sea que hayas descubierto acabará saliendo, antes o después, y seguro que en el momento menos oportuno.

Así que ahora vamos a hacer otra cosa, Jessica Fletcher de pacotilla: me lo vas a decir y será la última vez que te pongas a cotillear sobre la gente con la que estoy saliendo. ¿Estamos?

Aída se encoge en su silla y asiente en lo que parece una mueca de arrepentimiento. Por un momento, podría pensar que mi reprimenda surtirá efecto para el futuro. ¿A quién intento engañar? Es Aída.

⁠—⁠Es que me dijiste que el nombre de Tom era Tomás H. Ledesma, ¿no?

⁠—⁠Correcto. ¿Y qué pasa? ⁠—⁠Me reclino sobre la silla y me cruzo de brazos. Con cierto hartazgo.

⁠—⁠Pues que sé de dónde sale esa hache.

⁠—⁠Sorpréndeme. ⁠—⁠A saber qué tontería la tiene así.

⁠—⁠Es de Heinz, Javi. ¿Y quién tiene el mismo apellido?

No me hace falta pensarlo mucho. No sé cómo no lo he visto venir.

Ya olía todo un poco raro cuando Tom llegó así, sin avisar.

Y las prisas de Héctor por enseñarle todo…

¡Me cago en mi vida! Su apellido es Heinz, igual que el de Héctor.

¿De verdad? Estoy con un tío de puta madre y tiene que ser familia del mayor gilipollas que conozco.

¿Y a cuento de qué me lo ha ocultado? ¿Qué esperaba, que nunca me enteraría?

Dejo escapar un resoplido que podría haber apagado un incendio en una extracción petrolífera.

⁠—⁠Quizá solo sea una coincidencia ⁠—⁠continúa Aída tratando de tranquilizarme al verme subir los colores⁠—⁠, pero creo que deberías preguntárselo. Al menos para saberlo y no volver a hablar mal de «el Señor Oscuro» delante de él.

⁠—⁠¡Es que de verdad! ¿En serio? ⁠—⁠vuelvo a bufar.

⁠—⁠Perdona, no lo haré más.

⁠—⁠Los dos sabemos que no hay manera de que cumplas con eso. En cualquier caso, gracias. Supongo que de esto me iba a enterar y mejor ahora que luego.

⁠—⁠¿Ves cómo…?

⁠—⁠Ni una palabra más, Aída. No tientes a la suerte.