16. Shame, shame, shame…
—¿Qué tal ha ido? —dice Al sin volverse al escuchar la puerta de casa. Está en pleno partido de baloncesto virtual.
Entro en silencio, sin ninguna gana de hablar con nadie.
¡Qué cosa más humillante! Cersei Lannister no se hubiera sentido peor caminando desnuda por las calles de Desembarco del Rey.
Bueno, a lo mejor sí. Pero entendedme. Acabar así una cita es como acabar con cualquier posibilidad de tener ninguna otra.
Tom, eso sí, se ha portado como un caballero.
Ha pedido un taxi, hemos pasado por la farmacia de guardia para comprarme una pomada con la que reducir el dolor y la inflamación y me ha acompañado hasta el portal; a pesar de mis esfuerzos para que se marchase y no me volviera a ver con esos andares humillantes. ¡Qué estúpido soy, joder!
—Pero ¿qué te ha pasado? —pregunta Al cuando me ve pasar con andares sandungueros en dirección a mi habitación. Espero que este dolor se vaya pronto.
—Mejor no preguntes.
—¿Cómo no voy a preguntar? —Se levanta dejando a un lado el mando de la consola.
—De verdad, Al, no tengo muchas ganas de hablar. Solo quiero acostarme y olvidarme del día de hoy.
—Pero…
—Mira, solo para que dejes el tema —concedo hastiado—: me he caído patinando y me he clavado la cuchilla del patín en el culo.
—¡Hostia!
Echo un vistazo a la cara de Al, en busca de cualquier signo de mofa. No lo hay. Tampoco lo esperaba. Es demasiado buena gente y yo me arrepiento un poco de haber estado hablándole así. Si alguien no se merece que le hablen así, es él.
—¿Has ido al médico? ¿Podrías tener una fractura? El coxis es un hueso muy jodido.
—Sí —lo corto más tajante de lo que me proponía—, he ido a Urgencias. Me han hecho radiografías y me han dicho que, en principio, todo bien. Solo lo tengo inflamado. Es un simple y estúpido golpe.
—¿Me dejas que te examine?
—Al, de verdad, no quiero ser desagradable, pero hoy ya me han visto el culo por encima de mis posibilidades.
—Como quieras. No insisto más. Solo dime si necesitas cualquier cosa. Tengo un gel para las contusiones que podría venirte bien.
—Ya he ido a la farmacia. No te preocupes. Ahora lo único que necesito es tumbarme y descansar, si es que puedo. Me dan pinchazos en la espalda solo de aguantar de pie.
Retomo la marcha hacia mi habitación y Al se adelanta hasta cogerme del brazo.
—Yo puedo, Al —le digo tratando de desembarazarme de él. Me arrepiento al instante—. Perdona. Hoy está claro que no es mi día.
—No te preocupes. Si necesitas algo me das una voz, o me escribes por WhatsApp. —Sonríe para tranquilizarme y demostrar que no tiene en cuenta lo imbécil que puedo llegar a ser cuando estoy de mal humor, lo que me hace sentir más culpable .
—Gracias.
Me meto en mi cuarto y dejo a Al plantado con cara de preocupación. He sido demasiado áspero con él, pero no tengo fuerzas para disculparme como merece. ¡Qué ganas de acostarme y olvidarme del día de hoy!
Me doy una ducha, me aplico la pomada, que está fría como el demonio, y me meto en la cama con la intención de dormir.
Bonita intención, la realidad ya es otra cosa.
Me encuentro incómodo en cualquier posición.
La única que medio me permite no sentir dolor es boca abajo, lo que me agobia.
Y si solo fuera el dolor lo que no me deja dormir, lo vencería con algún analgésico.
Pensar en lo ridículo que ha sido todo, en cómo he quedado a ojos de Tom, con el que después, en el taxi, apenas he cruzado un par de frases de manera automática durante el camino de vuelta…
Normal que se haya pasado el trayecto pendiente más del móvil que de mí.
Parecía ausente. Pensativo. ¡Mierda! Tampoco me siento muy orgulloso de la forma en que he hablado a Al.
En algún momento tendré que disculparme, aunque no será esta noche.
Y, encima, ahora me viene a la cabeza ese médico pelirrojo y risueño.
¿A cuento de qué? En fin, esta noche promete ser larga.