¡A la mierda las comedias románticas! 15. Anatomía de… Javi
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15. Anatomía de… Javi

⁠—⁠¿Seguro que estás bien?

⁠—⁠Sí ⁠—⁠respondo a Tom de mala gana y me rebullo en el incómodo asiento de plástico de la sala de espera de Urgencias.

Por suerte, hoy debe de ser un día excepcional porque no hay apenas gente esperando. Con nosotros en la sala solo queda una madre y su hijo, que me mira sin ningún tipo de disimulo.

⁠—⁠Es que estás ahí, sentado de esa manera… ⁠—⁠continúa y se aguanta un poco la risa, y a mí…, ¡uf!, a mí las ganitas que me entran de mandarlo a la mierda.

⁠—⁠Ya, es que no puedo sentarme de otra forma ⁠—⁠respondo cascarrabias.

¿Cómo una cita, o lo que quiera que fuese lo que estaba sucediendo hace nada, termina en una sala de Urgencias?

Os lo diré, es muy fácil. Se invita a patinar a uno que no tiene idea.

A este se le da mejor de lo que se creía en un principio y decide animarse.

Muy flipado él, pide ir solo e intenta ir más rápido.

Sin más historias, nada de piruetas y giros portentosos y sorprendentes.

¿Para qué? Si no hacen falta para provocar el desastre.

El caso es que pasa lo que tiene que pasar: ese flipado se cae y se clava la cuchilla del patín en el coxis por no sé muy bien qué giro del destino y de su sorprendentemente elástico cuerpo.

Total, que ahora ese flipado y su acompañante acaban justo aquí.

El acompañante luchando por mantener la compostura ante tan estúpido accidente y el flipado sentado de medio lado.

Con la parte alta del culo, allí donde la espalda pierde el nombre, palpitando de dolor.

⁠—⁠Mami ⁠—⁠escucho susurrar al pequeño⁠—⁠, ¿por qué ese señor se sienta tan raro?

No sé qué me duele más, si el golpe o que me haya llamado señor . La madre mira al niño con los ojos muy abiertos y se pone delante, probablemente para decirle a su hijo que no haga preguntas impertinentes. Se gira y me sonríe entre nerviosa y avergonzada.

⁠—⁠No se preocupe, si es que es normal que el niño se pregunte estas cosas ⁠—⁠lo disculpo.

⁠—⁠Te lo estás tomando muy bien ⁠—⁠me felicita Tom con cierta guasa.

⁠—⁠Tú calla, que por tu culpa estoy así.

⁠—⁠No fui yo quien decidió acelerar.

Cojo aire. Seguir esta conversación no nos llevará a ninguna parte, más que nada porque tiene razón, pero no pienso dársela.

Aquí el que tiene el culo jodido soy yo.

Eso me recuerda que… Disculpad un momento que me cambie de nalga de apoyo.

Cuando paso más de dos minutos en la misma postura, me sube el dolor hasta el cuello.

⁠—⁠Esto, Javi, yo…

Lo miro y veo la culpabilidad grabada en su cara. Pobre. Al final he conseguido que se crea que de verdad ha sido culpa suya. En algún lugar, suena una especie de ding-dong.

⁠—⁠Tom, no te rayes. ⁠—⁠Le guiño un ojo.

⁠—⁠¿Aún no nos toca? ⁠—⁠dice el niño con pesar⁠—⁠. ¡Jo, quiero irme ya a casa!

⁠—⁠Tranquilo ⁠—⁠interviene su madre⁠—⁠. Iremos después de esos señores.

¡Y dale con lo de «señores»! Miro el resguardo que me dieron al entrar y, efectivamente, el número coincide con el de la pantalla: 091.

⁠—⁠Me toca.

⁠—⁠Deja que te ayude.

⁠—⁠Yo puedo… ⁠—⁠le advierto malhumorado.

Pero en realidad no puedo. Me levanto de lado y un latigazo me recorre la columna de abajo arriba.

A regañadientes dejo que Tom, que no hace caso de mis malas pulgas, me agarre del brazo y camino con su ayuda, sintiendo punzadas de dolor a cada paso.

Lo peor es la mirada de asombro del pequeño ante la pose ridícula de aquel «señor».

Porque me ha llamado señor , el muy puñetero.

⁠—⁠Te espero aquí ⁠—⁠me dice cuando alcanzamos la puerta de la consulta⁠—⁠. No se te ocurra salir corriendo ⁠—⁠bromea.

⁠—⁠Idiota. ⁠—⁠Le saco la lengua⁠—⁠. Gracias.

Él sonríe, aunque noto que está algo afligido. Yo me pierdo en el interior de la consulta.

Aguardo un rato en mitad de una sala vacía hasta que un enfermero, algo más joven que yo, aparece.

Se acomoda las gafas empujando con un dedo el puente a medida que se aproxima.

Lleva el pelo rojizo desgreñado, tiene la cara llena de pecas y una de esas expresiones divertidas del que se sabe feliz.

¿A cuento de qué es alguien feliz entre estas cuatro paredes?

⁠—⁠¿Y bien? ⁠—⁠dice el chico.

⁠—⁠¿Eh?

⁠—⁠¿Que qué es lo que te ocurre?

⁠—⁠Esto…, verás… ⁠—⁠Miro a un lado y a otro⁠—⁠. ¿No viene el doctor?

El enfermero se ríe. No sé qué le ha hecho tanta gracia, la verdad.

⁠—⁠Vale, vale, espera, que ahora lo llamo. ⁠—⁠Y se marcha dejándome nuevamente solo en la sala y, esta vez, con una cara de no sé muy bien qué está pasando.

¿Es que hay una cámara oculta o algo? El culo me está doliendo a rabiar.

⁠—⁠Hola ⁠—⁠dice de nuevo cuando entra⁠—⁠. Soy Guillem Segrelles, su doctor para el día de hoy. Veamos, ¿qué es lo que le ocurre?

Tierra, trágame.

⁠—⁠No te preocupes ⁠—⁠me dice él sin perder el buen humor al verme la cara de tonto que se me queda⁠—⁠. No es la primera vez que me pasa. Parezco más joven, pero tengo ya mis treinta añazos.

⁠—⁠Lo siento. Es que es verdad que aparentas menos.

⁠—⁠¡No lo sientas, hombre! ⁠—⁠dice con una sonrisa⁠—⁠. Si eso me gusta. Así cuando tenga cuarenta seguiré siendo un treintañero. Pero al lío. ¿Qué te pasa? En el mostrador has comentado que has tenido algún tipo de contusión.

Se me suben los colores y me siento arder las mejillas.

¿No podía ser un tipo viejo y feo o una mujer?

No me hubiera importado que fuese una chica joven tampoco.

Pero viendo frente a mí al risueño y joven doctor Guillem…

Es como si el mundo se hubiera organizado para darse una buena sesión de carcajadas a fuerza de humillarme.

⁠—⁠¿Me explicas lo que ha ocurrido?

⁠—⁠Patinando… ⁠—⁠digo con un suspiro, aún pensando en lo estúpido de mi caída. ¿Se habrá acabado por hoy mi capacidad para hacer el ridículo? Espero que sí.

⁠—⁠Vale. Ya tenemos algo. ¿Y dónde te has golpeado?

⁠—⁠En la espalda, al final.

⁠—⁠¿En el cuello?

El doctor adopta un gesto más severo y viene junto a mí.

⁠—⁠¿Te duele la cabeza? Necesitaremos un collarín y hacer algunas pruebas para ver cómo están las cervicales. ⁠—⁠Me coge del brazo⁠—⁠. Vamos, túmbate en la camilla.

⁠—⁠No, no, en el «otro final».

⁠—⁠Ah… ⁠—⁠Y esta vez sonríe, seguramente al ser consciente de mi bochorno⁠—⁠. Vale, no te preocupes. Vamos igual hasta la camilla.

Él me lleva del brazo y no me extrañaría que estuviera imaginándose que camina junto a un pingüino.

⁠—⁠¿Te duele al sentarte?

⁠—⁠Sí, mucho. Solo puedo sentarme si lo hago de medio lado.

⁠—⁠Vale. Podría tratarse de una fractura. Quítate el jersey y afloja el pantalón. Túmbate ahí. ⁠—⁠Señala la camilla.

Con dificultad, me tumbo sobre ella y giro la cabeza para mirar en la dirección del médico, que se enfunda unos guantes de látex azules. ¿Quién me mandaría a mí…? ¿Quién?

⁠—⁠Vamos a ver ⁠—⁠murmura al acercarse.

Me sube la camiseta, que tenía bajo el jersey, revelando la mitad inferior de mi espalda. Después tira del pantalón hacia abajo y me deja, literalmente, con el culo al aire. Al menos hasta mitad de glúteo.

⁠—⁠¡Eh! ¿No me vas a invitar a un cine primero?

⁠—⁠bromeo nervioso. No sé por qué lo hago.

Puede que un poco para quitarme la tensión de encima y, quizá también, envalentonado por la proximidad en edad con el doctor.

Parezco un cuñao en toda regla. ¡Qué pereza me doy cuando hago estas cosas!

Pero el médico no da la sensación de haberse ofendido.

Al revés, creo que lo he escuchado reír, lo que me alivia.

Siento los dedos que se deslizan a lo largo de la columna hasta llegar justo al punto del impacto con el patín. Sí, justo al lugar en el que ambas nalgas deciden separarse y hundirse en las profundidades.

⁠—⁠¡Au! ⁠—⁠suelto cuando presiona.

⁠—⁠Se está amoratando y lo tienes un poco inflamado por la contusión, pero no creo que esté fracturado. No se aprecia ninguna deformidad importante. ¿Y dices que te lo has hecho patinando? ⁠—⁠pregunta sin dejar de palpar cuidadosamente por la zona. A veces un poco más arriba, otras más abajo.

⁠—⁠Sí.

⁠—⁠Has caído en alguna superficie irregular, entiendo.

⁠—⁠Tan irregular como la cuchilla del patín.

⁠—⁠¿Cómo?

⁠—⁠Como lo oyes. ¡Au! ⁠—⁠suelto de nuevo cuando vuelve a presionar en el mismo punto que antes⁠—⁠. Si quieres saber si me duele cuando presionas ahí, te lo digo ya sin que vuelvas a apretar.

⁠—⁠Vale, vale. Ya está. En principio, parece que no es más que una contusión por el golpe. Pero vamos a hacerte un par de radiografías para asegurarnos.

⁠—⁠¿Y no puede ser de otra forma? No me hace mucha gracia la radiación de las máquinas esas, y, menos, en toda la zona…

⁠—⁠Sí ⁠—⁠sonríe divertido⁠—⁠. Sí que hay otra opción.

⁠—⁠Vale, pues adelante con esa.

⁠—⁠La otra opción es un tacto rectal para tratar de mover el hueso del coxis o comprobar una desviación anómala.

⁠—⁠Esto…, me quedo con la radiografía.

⁠—⁠Ya, porque tú eras más de ir antes a un cine ⁠—⁠dice con toda la retranca del mundo.