¡A la mierda las comedias románticas! 14. ¡Que esto no es Nueva York!
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14. ¡Que esto no es Nueva York!

¿Una proposición? La verdad es que sonaba bien.

Un término algo anticuado, pero bien. Tardó aún un par de días en decirme de qué se trataba y algo más de una semana en quedar.

Durante el trabajo se pasaba el tiempo en su nuevo despacho sin apenas salir.

No sé si lo hacía más por evitar a los animadores, o a mí, o porque de verdad estaba a tope con aquel proyecto «ultrasecreto» que le robaba todo el tiempo.

Pero una cosa os digo: si hubiera sabido de antemano lo que tramaba, quizá no hubiera aceptado tan alegremente.

La proposición en sí era ir a patinar. ¡Pero si no lo he hecho en la vida! En qué momento…

⁠—⁠¿Preparado? ⁠—⁠me dice cuando llegamos al borde de la pista de hielo que montan en la plaza del Ayuntamiento de Valencia por Navidad. También están ya preparadas las luces y decorados los puestos de las flores donde los abetos y el muérdago llenan cada rincón.

⁠—⁠Vamos a terminar celebrando la Navidad en verano.

⁠—⁠Ya estamos casi en diciembre.

⁠—⁠Por eso mismo.

⁠—⁠¿No te gusta la Navidad?

⁠—⁠Sí, pero diez días, no tres meses.

Y es verdad que me encanta la Navidad, fíjate tú. Pero esto ya es excesivo. Es que solo de ver los turrones y mazapanes en noviembre me da una pereza horrible comerlos cuando llegan las fechas.

⁠—⁠Bueno, pero ¿estás listo o no?

⁠—⁠Tom… ⁠—⁠Me pongo muy serio⁠—⁠. Tenemos que hablar.

⁠—⁠¿Qué pasa? ⁠—⁠Y demuda la cara. Toda la emoción que brillaba en sus ojos se marcha de un plumazo. ¡Zas! Evaporada.

⁠—⁠Es que…

⁠—⁠¿Qué pasa, Javi?

⁠—⁠¡Que no sé patinar! Ale, ya lo he dicho ⁠—⁠suelto por fin avergonzado, y escucho como él suspira aliviado.

⁠—⁠¡Menudo susto me has dado! Me tenías acojonado, Javier. Creía que pasaba algo grave.

⁠—⁠¿Acojonado? ¿Qué pensabas que te iba a decir?

Él se encoge de hombros y me enternece un poco su gesto infantil.

⁠—⁠Pero una cosa vamos a dejar clara: Javier solo me lo dicen mis padres, o mi hermana, si van a echarme la bronca. Así que, para ti, Javi.

⁠—⁠¿Y yo no puedo?

⁠—⁠Aún no te lo has ganado. ¿O quieres que yo empiece a llamarte Tomás?

⁠—⁠Vale, vale. Entendido.

⁠—⁠Así me gusta. ⁠—⁠Me cruzo de brazos satisfecho.

Los dos sonreímos y casi se me olvida que no sé cómo se hace para no caerse con estos cacharros del infierno que llevo en los pies.

⁠—⁠Tranquilo, Javi . Yo te enseño ⁠—⁠dice Tom remarcando mi nombre, que me ha leído el pensamiento.

Me ajusto los patines y me ato los cordones como si de ello dependiera mi vida.

Soy tan torpe poniéndome en pie con ellos que parezco el actor de un número cómico de slapstick .

A pesar de que no me desplazo del sitio, los pies van y vienen con vida propia.

Un par de veces estoy a punto de caerme y es Tom quien me tiene que sujetar para que no me vaya al suelo.

Sin querer, contengo la respiración cuando encuentro el equilibrio, no sea que, por inflar y desinflar los pulmones, la precaria estabilidad se vaya al traste.

Estoy a punto de decirle que mejor nos quedamos así, él sujetándome a mí en uno de los bancos y ya está, tan a gusto los dos.

Sin embargo, veo a la gente a mi alrededor patinando y pasándolo bien y me puede la vergüenza y, un poquito también, la indignación por mi falta de destreza.

⁠—⁠Si quieres lo dejamos ⁠—⁠propone Tom.

⁠—⁠No, no ⁠—⁠digo y me pongo en pie haciendo acopio de amor propio⁠—⁠. Si esos críos pueden, yo también. Vamos, o eso o me doy de baja de la agrupación de seres humanos.

Los críos en cuestión a los que me refiero son un grupito de chavales que tendrán entre seis y ocho años. Ellas y ellos patinan del mismo modo en que cualquier otro caminaría. ¡Malditos!

⁠—⁠Venga, vamos.

⁠—⁠¿Seguro? ⁠—⁠pregunta Tom no del todo convencido.

Asiento y nos despegamos un par de metros del banco.

Tom me coge de la mano para guiarme hasta la parte central, donde la gente va y viene y hace piruetas y giros y se agarran entre ellos y juegan mientras ríen y se dicen cosas.

Una chica, por lo visto, se piensa que está en una final de las Olimpiadas de invierno.

¿Se puede saber cómo ha aprendido todo el mundo a patinar así sobre hielo?

¡Que esto no es Nueva York! Que es Valencia, España. ¡El caloret !

Me agarro a las vallas que rodean el recinto helado con todas mis fuerzas.

⁠—⁠Mejor yo me quedo por aquí, al menos hasta que aprenda a no caerme ⁠—⁠propongo.

⁠—⁠¿Seguro? Podemos ir juntos con cuidado.

⁠—⁠Si vamos juntos, por mucho cuidado que llevemos, nos vamos a caer los dos. Anda, ve y demuéstrame lo que sabes hacer mientras yo me quedo aquí aprendiendo a no parecer un inútil.

⁠—⁠Eso nunca. ⁠—⁠Sonríe y me da un beso en la mejilla antes de marcharse patinando hacia atrás con una habilidad envidiable.

¿De verdad me ha dado un beso como si fuera su hermano pequeño? ¡Me cago en todo! Ahora entiendo a Aída. Pero ¿sabéis qué? En el fondo, esa ñoñez me ha gustado. Lo reconozco. ¡Culpable, señoría!

⁠—⁠¡Mira para atrás, que te la vas a pegar! ⁠—⁠bromeo y al hacerlo aflojo la presa. Un patín se me va hacia delante y el otro hacia atrás⁠—⁠. ¡Mierda!

No os preocupéis, que no me he caído. De reojo veo a Tom que va de un lado a otro igual que uno de esos personajes que se ponen a patinar con gracia sobre un lago helado de Maine, o Vermont, o cualquiera de esos lugares bucólicos que aparecen en las películas malas de sobremesa en fin de semana; que, por cierto, tanto le gustan a mi madre.

Esas y cualquiera de Navidad o que salga Matthew McConaughey.

Le pirran. No muy lejos de donde me encuentro, escucho unos murmullos que hacen que levante la cabeza y vea a dos chicas adolescentes apuntándome con el dedo mientras se tapan la boca.

Si pudiera soltarme, les haría un buen corte de mangas.

Aunque creo que eso solo serviría para que se rieran un poquito más de mí cuando me vieran darme de morros contra el hielo.

⁠—⁠Vale, Javi ⁠—⁠me digo a mí mismo⁠—⁠. Esto no tiene que ser tan complicado.

⁠—⁠¡Vamos, suéltate! ⁠—⁠comenta Tom al pasar por mi lado como una exhalación dejando un uniforme rastro de escarcha⁠—⁠. ¡Tú puedes! ⁠—⁠añade a medida que se aleja.

⁠—⁠Sí, sí…, ya voy.

¡En qué hora! Vale. Suelto una mano y todo bien. Suelto la otra y la dejo a un par de centímetros sobre la valla. Respiro profundo e inclino un poco el cuerpo y… ¡Mala idea! ¡Malísima idea!

⁠—⁠¡Flexiona las rodillas! ⁠—⁠escucho la voz de Tom en la distancia, que se gira sonriendo de un salto. Malditas ideas tuyas.

⁠—⁠Ya, ya… Vale ⁠—⁠digo ahora para mí a modo de mantra⁠—⁠. Vamos a ver si así…

Repito la operación, esta vez me inclino un poco menos y flexiono las rodillas. Empujo con un pie y…

⁠—⁠¡Los pies en forma de V ! ⁠—⁠grita de nuevo Tom⁠—⁠. ¡Déjame ayudarte!

Viene embalado. Da una vuelta y para en seco frente a mí con un elegante gesto de cadera y una sonrisa Profidén.

⁠—⁠Está bien. Pero no me empujes. Ni me agobies. Ni me nada.

⁠—⁠Que sí. Confía un poquito en mí. ⁠—⁠Se coloca frente a mí con los brazos extendidos y las palmas hacia arriba.

⁠—⁠Si yo es que con esto me pongo nervioso.

⁠—⁠¿Y conmigo no? ⁠—⁠Se hace el dolido y yo le saco la lengua⁠—⁠. Avísame si viene alguien por detrás.

Asiento, aunque me mantengo clavado en el sitio y concentrado en él.

⁠—⁠¿Y ahora qué hago?

⁠—⁠Ahora lo más divertido, patinar. Dale. Con la cabeza alta, mirando al frente.

Sigo sus indicaciones y empujo uno de los pies hacia delante. Todo el cuerpo se desplaza y siento que me voy a caer, pero, antes de hacerlo, empujo el otro pie y consigo mantenerme erguido debido al movimiento. Algo así como un equilibrio por inercia. Aunque mi cuerpo sigue tambaleándose.

⁠—⁠Vamos, un poco más rápido. Sin bajar la cabeza.

No puedo evitar echar miradas constantes a los pies.

⁠—⁠¡La cabeza! ⁠—⁠me regaña⁠—⁠. Así, muy bien. Agárrate.

Cojo sus manos. Él patina de espaldas y yo de frente.

Poco a poco ganamos velocidad y damos una vuelta completa al círculo que forma la pista de patinaje.

Misteriosamente no nos chocamos con nadie y pienso, como si pudiera darse esa posibilidad, que está todo coreografiado y me imagino que estoy dentro de uno de esos flashmob que tanto se pusieron de moda en 2010.

Pero si no nos topamos con nadie, lo más lógico es que sea porque saben muy bien que no les conviene, si aprecian un poco sus piernas.

Damos otra vuelta y otra más. Es muy divertido y, aunque sigo teniendo la sensación de que me caeré en cualquier momento, tampoco quiero parar.

El contacto cálido de sus manos me tranquiliza.

Y verlo así, sonriente, feliz por verme patinar incluso de esta manera torpe y destartalada, me hace ganar seguridad.

⁠—⁠Ahora te voy a soltar, ¿de acuerdo?

⁠—⁠Ni se te ocurra ⁠—⁠le advierto.

⁠—⁠Si ya está, ¿no ves qué fácil es?

⁠—⁠No puedo. Me la voy a pegar ⁠—⁠le aviso horrorizado ante la idea de no tener la seguridad de sus manos.

⁠—⁠Sí que puedes, ¿no ves cómo lo estás haciendo?

⁠—⁠¡Si me estás llevando tú!

⁠—⁠Hace rato que yo no estoy haciendo nada.

Me fijo en sus manos y ni siquiera me están tocando ya. No sé en qué momento ha sucedido.

⁠—⁠¡No me jodas! ¡Me has soltado! ¿Por qué me has soltado? ¿Estás loco?

⁠—⁠Vamos, Javi.

Y se aleja un par de pasos o como quiera que lo llamen cuando se hace patinando.

⁠—⁠No, no, no… ¡Yo te mato!

Pero no me caigo. Puede que sea por la inercia o porque llevo ya bastantes minutos con unos movimientos repetitivos que consigo realizar sin pensar y sin caerme. Parece que sí, que acabo de aprender a patinar.

⁠—⁠¿Lo ves? ⁠—⁠dice sonriendo satisfecho.

⁠—⁠Vale, vale, pero no te vayas muy lejos.

Me dice que no con la cabeza y hace un giro inesperado poniéndose junto a mí, lo que me sobresalta y me hace perder el hilo de los movimientos.

La coordinación me abandona una fracción de segundo y mi cuerpo se inclina lateralmente y de manera irremediable hacia un ángulo peligroso, pero una mano firme, la suya, me ayuda a volver a mi sitio.

⁠—⁠¡Lo estoy haciendo! ⁠—⁠grito sorprendido, y es una sensación genial.

⁠—⁠Sí. ⁠—⁠Sonríe y me coge de la mano.

⁠—⁠¡Estoy patinando!

Tom ríe con ganas y un par de cabezas se giran para ver al tarado que está gritando que sabe hacer una cosa que todos los allí presentes dominan cien veces mejor que él.

Pero me da igual. La sensación de deslizarse, sin apenas rozamiento y a esa velocidad, con el aire fresco en la cara, me parece una puñetera maravilla. Así de simple.

⁠—⁠Suelta ⁠—⁠pido envalentonado a Tom, que me mira sorprendido y con cara de no estar demasiado convencido⁠—⁠. Quiero probar una cosa.

⁠—⁠¿Estás seguro? Acabas de aprender a no caerte.

⁠—⁠Sí, sí. Solo quiero comprobar si puedo ir un poco más rápido.

⁠—⁠No sé yo si es muy buena idea ⁠—⁠me advierte.

Pero me da igual. Ahora sí que me imagino dentro de un flashmob o, mejor, en un videoclip de estos que salen para Navidad o con alguna canción alegre tipo Love today de Mika.

Tom se aparta sin quitarme ojo y comienzo a acelerar.

No parece muy convencido. ¡Qué poca fe! Se lo voy a demostrar.

Izquierda, derecha, izquierda, derecha, y con cada zancada alcanzo un poquito más de velocidad.

Visualizo un carril imaginario del que no me salgo mientras acelero.

La gente debe de haberse percatado de que hay un kamikaze en la pista. Tom me sigue a unos metros.

⁠—⁠¡Esto es genial! ⁠—⁠le digo y comienzo a canturrear⁠—⁠: Doom, da, da, di, da, di, doom, da, da, di, da, di, doom… Everybody's gonna love today , gonna love today…

⁠—⁠Está muy bien, sí ⁠—⁠comenta él algo menos emocionado que yo⁠—⁠. Cuando vayas a frenar, recuerda hacerlo poco a poco. Si no sabes, acércate a una de las vallas cuando no haya mucha gente.

⁠—⁠¿Frenar? No quiero frenar ⁠—⁠respondo eufórico, con el aire frío besándome la cara. En mi cabeza sigue la canción de Mika⁠—⁠. Lo que quiero es estar así tod…

Un tirón en la punta del patín derecho me corta el aliento.

Siento como se queda enganchado en el hielo y el pie correspondiente con él.

El resto de mi cuerpo continúa con la inercia y no puedo hacer nada.

Me he convertido en un dummy en mitad de una prueba de impacto.

Las piernas se estiran haciéndome más elástico de lo que soy hasta llegar a su punto máximo y parte de mí rebota con fuerza para volver por donde había venido.

Todo a mi alrededor se mueve a cámara lenta y se queda en silencio.

Tom, con la sorpresa escrita en sus ojos, me mira paralizado.

Mi cuerpo, por eso de la gravedad, cae, y entonces lo siento.

El patín derecho, el que está firmemente clavado en el suelo, y yo nos fundimos en un único ser por un lugar para el que no estaba ideado.

⁠—⁠¡Aaah!