¡A la mierda las comedias románticas! 10. Con estilo y elegancia… #2
27%

10. Con estilo y elegancia… #2

Dejamos a Aída en su casa. Allí trato de convencerla para que se lave los dientes y beba agua.

No hace ni lo uno ni lo otro, a cambio me toca usar la fregona.

Dos veces. En fin… Al menos, espero no haber despertado a sus compañeras de piso.

Sí, Aída también comparte piso, y es que ¿quién puede permitirse vivir solo?

Esos apartamentos tipo loft s que aparecen en las películas en las que cualquiera de los protagonistas viven entre paredes de ladrillo caravista y muebles vintage …

Lo único que tienen aquí vintage es el gotelé, que lo hay hasta en el techo.

Después de asegurarnos de que Aída se pone un pijama y se mete en la cama, Tom y yo bajamos a la calle y continuamos caminando.

La noche es bastante fría y, casi sin querer, hemos empezado a estrechar el espacio que queda entre ambos mientras deambulamos, bajo la tenue luz de las farolas.

Nos cruzamos con otros pequeños grupos de gente que vuelven a sus casas.

También con parejas que van muy juntas, y se me escapa una mirada de reojo a Tom, que parece disfrutar con la brisa nocturna acariciándole el rostro.

Me gustaría pegarme a él, sacar las manos de los bolsillos y cogerlo del brazo o entrecruzar nuestros dedos, para sentir su palma junto a la mía.

Aplacar el frío con el calor de su cuerpo.

Siento un poco de vergüenza al reconocer estos pensamientos.

Se supone que, si me atrae, debería estar pensando en acostarnos y no en estas niñerías.

Pero cada vez estoy más convencido de que acostarse con alguien es fácil, lo difícil son esos minúsculos gestos de cariño.

⁠—⁠Aída está como una cabra ⁠—⁠dice interrumpiendo mis pensamientos, cosa que agradezco.

⁠—⁠Sí, es… muy divertida. Mañana no lo será tanto y menos mal que no estaré allí para verlo. Sus resacas son terribles.

Tom sonríe y yo también, aunque parece algo ausente.

⁠—⁠¿Puedo preguntarte una cosa?

⁠—⁠Ya lo haces ⁠—⁠responde él, sin quitar la sonrisa.

⁠—⁠¿Estuviste mucho tiempo con tu ex?

La pregunta parece haberlo sorprendido y me arrepiento al instante de haber sacado el tema. A veces soy un bocazas. Demasiado a menudo, para mi gusto, y el de los demás, empiezo a creer. Pero es que me ha podido la curiosidad. Sin embargo, a Tom no parece molestarle, aunque ya no sonríe.

⁠—⁠Unos cuantos años, sí. Casi seis.

Abro mucho los ojos y Tom se da cuenta.

⁠—⁠¿Muchos, verdad? ⁠—⁠pregunta divertido.

⁠—⁠Para mí, una eternidad. Lo más que he durado con alguien ha sido semanas. Un par de meses a lo sumo.

⁠—⁠¿Y eso por qué?

⁠—⁠No lo sé. Creo que ni siquiera se las puede llamar relaciones. Quedamos, nos empezamos a conocer y alguno de los dos se esfuma. Así, de repente. ⁠—⁠Chasqueo los dedos en el aire.

⁠—⁠¿Y eso?

Me encojo de hombros porque en verdad no sé qué es lo que pasa para que no lleguemos a conectar.

A veces es porque somos de mundos diferentes o puede que muy iguales o buscamos cosas distintas o…

Hay tantos motivos como personas. Incluso he llegado a creer que hay algo en mí que no termina de funcionar.

⁠—⁠Y tú, ¿por qué terminaste tu relación?

⁠—⁠Nos dejamos de querer. Así de simple. Se agotó lo que sentíamos el uno por el otro.

Cualquier otra respuesta me hubiera sorprendido menos y también me hubiera resultado menos dolorosa para una ruptura.

Sin una motivación aparente. Sin nada más que el desgaste de las pequeñas cosas cotidianas.

Las rutinas. Ver apagarse una llama hasta consumirse y convertirse en la nada.

Demasiado triste para no tener miedo de comenzar algo así y después dejar que se esfume.

Pero qué sabré yo, que no he tenido la oportunidad de vivir una situación similar.

⁠—⁠Ahora estoy muy bien ⁠—⁠añade⁠—⁠. Ni siquiera tuve que pasar por un duelo demasiado largo. Ya había sucedido durante la relación.

⁠—⁠Lo siento. Es ahí ⁠—⁠le digo cuando diviso la parada de autobús extrañamente vacía que hay frente a mi portal⁠—⁠. Gracias por acompañarme.

⁠—⁠No lo sientas. Y gracias a ti, de verdad que me lo he pasado muy bien.

Me gustaría invitarlo a subir; sin embargo, cada vez me da más miedo el rechazo, el meter la pata, el ilusionarme y que luego todo se vaya a la mierda.

Además, no quiero líos ni situaciones raras en el trabajo.

De manera inconsciente, abro la puerta del edificio sin necesidad de introducir la llave.

Algún día, la comunidad acabará por arreglar la puñetera cerradura o…

Siento como me agarran de la muñeca y me giran.

⁠—⁠¿Eh? ¿Qué…?

No me da tiempo a terminar la pregunta, que queda silenciada por los labios de Tom.

El beso me borra de la cabeza cualquier rastro de lo que estaba pensando una milésima de segundo antes.

Me siento un poco intimidado, pero solo un poco.

Pongo las manos sobre su pecho para apartarlo con un gesto suave y verle la cara.

⁠—⁠Perdona ⁠—⁠me dice ruborizado⁠—⁠. Espero no haber interpretado mal las señales.

⁠—⁠Y no lo has hecho ⁠—⁠sonrío excitado⁠—⁠. Solo me ha sorprendido.

Me rodea con los brazos y, a oscuras, me empuja hasta el interior del zaguán sin que dejemos de arrastrar las manos el uno en el cuerpo del otro.

⁠—⁠¿Subimos? ⁠—⁠propongo.

⁠—⁠¿Para qué? A mí me gusta aquí. Más divertido.

No sé si me atrae la idea. No me siento cómodo del todo exponiéndome así, pero tampoco quiero ser yo el que acabe con este momento. Tengo en el fondo del pantalón un asunto urgente que resolver. Y entonces, en algún lugar en mitad de toda esta oscuridad, escucho algo que hace que me envare.

⁠—⁠¿Qué pasa?

⁠—⁠¿No lo has oído?

Y una carcajada reverbera y otra más y otra… Doy la luz del zaguán.

⁠—⁠¡Me cago en la puta! ⁠—⁠dice Tom separándose de mí.

⁠—⁠¿Se puede saber qué hacéis ahí? ⁠—⁠pregunto al grupo de chavales que se están partiendo de risa al fondo, sentados en las escaleras.

⁠—⁠Perdón ⁠—⁠dice uno de ellos, que trata de contener la risa con escaso éxito⁠—⁠. Es que estábamos esperando al bus y teníamos frío. Como el portal estaba abierto…

Otro de los chicos deja escapar una risotada y el primero le da un golpe con el brazo para que se contenga, pero ninguno lo consigue.

⁠—⁠¡Venga, todos a tomar por culo de aquí! ⁠—⁠grito más para ocultar mi propia vergüenza que por otra cosa. He de reconocer que si yo hubiera estado en su lugar me hubiese reído igual, o más, ante la situación.

Todos se levantan tratando de parecer educados. Tom, al que no parece importarle lo que ha pasado, sonríe al ver el desfile de chavales y chavalas, que rondarán los dieciocho, por delante de nosotros, entre el intento de contención y la risa contagiosa.

⁠—⁠¡Me cago en todo! Mañana mismo estoy hablando con el casero. ¡Vamos, no me jodas!

Siento la mano de Tom en el hombro.

⁠—⁠Ha sido gracioso, no me digas que no…

⁠—⁠La verdad… ⁠—⁠Le voy a decir que no. Que no ha tenido ni puñetera gracia, pero verle el pelo así de alborotado y esos dos ojos mirándome traviesos me hace recapacitar⁠—⁠. Sí. ⁠—⁠Sonrío soltando el aire⁠—⁠. Menudo susto me han dado los mamoncetes.

⁠—⁠Tenéis que hacer algo con eso. ⁠—⁠Señala la puerta de la calle.

⁠—⁠Sí. Se puede colar cualquiera.

⁠—⁠Como yo ⁠—⁠dice él juguetón.

⁠—⁠Exacto. ⁠—⁠Le cojo la cara y lo vuelvo a besar.