¡A la mierda las comedias románticas! 10. Con estilo y elegancia…
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10. Con estilo y elegancia…

El pub al que hemos venido no es gran cosa.

Desde luego, los dueños no se han gastado demasiado en decoración, y eso que han tenido tiempo desde la última vez, cuando dejamos de venir durante una temporada porque Aída rompió con una de las relaciones públicas.

La chica en cuestión no estaba en los alrededores, así que echo una ojeada con disimulo, por si continuase trabajando aquí, y no la localizo por ninguna parte, lo que me tranquiliza.

No me gustaría estar otra vez en mitad de uno de sus bollodramas .

Se peleaban, volvían, se chillaban, volvían…

Al menos, la música que ponen es buena. Buena para Aída y para mí, claro.

Nosotros la definimos con el término «música de mamarracheo».

Y no, no es que yo esté todo el día escuchando Alaska, Raffaella Carrà, Ojete Calor, Camela…

A mí, la música me gusta en general, pero cada cosa tiene su momento.

Que no me voy a poner a Conan Gray, Paolo Nutini o Thirty Seconds to Mars para motivarme estando de fiesta.

⁠—⁠¿Y tu crush ?

⁠—⁠¿Puedes dejar de decir eso? ⁠—⁠le digo a Aída molesto porque, desde que le he preguntado si podía venir Tom, no ha parado de repetirme la puñetera palabra⁠—⁠.

No es mi crush. Es mi compañero de trabajo, y también el tuyo, que me cae bien y me ha preguntado simplemente si podía venir.

Ya te he dicho que no tengo ganas de jaleos.

Por cierto, ¿no decías que no volverías a pisar…

? ¿Cómo lo llamabas? ¿«Este tugurio de mierda en el que contratan a cualquiera para poner copas»? ¿Algo así era, no?

⁠—⁠La gente cambia.

⁠—⁠Tú no.

⁠—⁠No seas impertinente, hazme el favor ⁠—⁠me advierte haciéndose la indignada.

Miro el móvil y vuelvo a releer el último mensaje de Tom en el que dice que la cena familiar se estaba retrasando. Es ya más de la una y lo había escrito poco antes de las doce. Suelto un suspiro. Ya vendrá cuando quiera. Si quiere, que parezco idiota. Si ni sé por qué me importa tanto.

⁠—⁠Pues deja de mirar el móvil, amigo. ⁠—⁠Aída saluda entre la gente que poco a poco va llenando el local. Oteo con curiosidad en esa dirección y no consigo ver de quién se trata. Hay un corro de chicas bajo los flashes y las luces de colores.

⁠—⁠Puede que no le hagan mucha gracia los locales de ambiente ⁠—⁠propongo.

⁠—⁠Entonces, ahí tienes una red flag. Si no le gusta esto es porque o es un homófobo o un gay en el armario, que, con la edad que tiene, no te conviene. ⁠—⁠Abre mucho los ojos⁠—⁠. O un casado con hijos… Cada vez tengo más ganas de bichearle … ⁠—⁠Murmura esto último bajito.

⁠—⁠Por favor, no.

Aída pone su cara de «buena» tan odiosa, lo que me dice que va a hacer lo que le salga de su querida entrepierna.

⁠—⁠O simplemente le gustan más los locales en los que todos se rodean de todos ⁠—⁠continúo tratando de quitarme de la cabeza a mi amiga ejerciendo de detective privado⁠—⁠, o no le gusta mucho salir, o…

Aída me mira con cara de «¿en serio me vienes con esas mierdas?». Yo me encojo de hombros.

⁠—⁠Dime que no puede ser cualquier cosa de las que te he dicho.

⁠—⁠No ⁠—⁠sentencia ella y vuelve a saludar al grupo de chicas⁠—⁠. Me gustan más las mías. ¿Y Al? ¿No le has dicho que se viniera?

⁠—⁠Al está en una fase de jugón que no hay quien lo despegue de la consola. Se le va a quedar el culo plano de tanto sofá.

⁠—⁠Eso sería una pena, con lo bonito que lo tiene y lo que nos cuesta a otras…

El comentario de Aída me arranca una sonrisa.

⁠—⁠Además, mañana tenía partido temprano con los críos y por la tarde con las chicas.

⁠—⁠Si no fuera por eso, ese sí que sería perfecto para ti. Pero tanto deporte y tanta consola… lo van a volver tonto. Hasta yo me liaría con él.

Pongo los ojos en blanco y, en un destello de las luces, consigo ver el objeto de interés de Aída.

⁠—⁠¡No me jodas! Por eso tenías tú tanto interés en venir aquí después de tanto tiempo, pájara.

El flequillo es inconfundible.

⁠—⁠¿Qué tal, Cata? ⁠—⁠pregunta Aída cantarina. Percibo que se le han subido los colores.

⁠—⁠¡Hola! ⁠—⁠dice la camarera de la cafetería donde estuve con Tom⁠—⁠. Al final viniste.

⁠—⁠Sí, mi amigo, que le gusta mucho este sitio. ⁠—⁠Aída me mira esperando que le siga el rollo⁠—⁠. A mí, ni fu ni fa.

Gusana mentirosa.

⁠—⁠Es verdad. Me encanta. Es mi lugar preferido en la ciudad.

Aída me da disimuladamente con el codo en las costillas. Puede que me haya pasado un poco en mi interpretación, pero, qué queréis que os diga, mis dotes interpretativas son pésimas.

⁠—⁠Hola, ¿cómo andás? ⁠—⁠se introduce con su característico acento argentino⁠—⁠. Soy Cata. Aunque ya nos conocemos. ⁠—⁠Sonríe.

⁠—⁠Javi ⁠—⁠me presento con los dos besos de rigor⁠—⁠. Así que no me equivocaba con tu informante…

Cata se sonroja dándose por aludida y Aída disimula fatal mirando para una esquina del local, como si estuviera buscando algo.

⁠—⁠Perdón, yo solo le comenté que te vi en la cafetería, pero tenés una amiga implacable cuando se pone a interrogar ⁠—⁠responde Cata.

⁠—⁠Sí que lo es, sí.

Cata y yo nos reímos y, esta vez, es Aída quien se pone como un tomate.

No sé ya si es más por vergüenza o por ira.

Mi amiga puede ser muy explosiva cuando se lo propone.

Va a abrir la boca cuando siento vibrar el móvil en el bolsillo.

Aída está diciendo algo, pero con la música tan alta y mi atención puesta en el mensaje es lo mismo que si estuviera escuchando el sonido de un secador de pelo.

Tom:

Acabo de entrar, pero no te veo.

Miro a todas partes buscándolo y, casi en la salida, gracias a un fogonazo de luz, veo brillar dos enormes zafiros.

Javi:

Justo frente a ti. Junto a la barra del fondo.

Levanto el brazo y lo agito. Me siento como esos muñecos cutres estadounidenses que se inflan de aire y lo dejan escapar para que dé la sensación de que tienen vida propia.

⁠—⁠Al final ha venido… ⁠—⁠escucho la voz musical y con retranca de Aída en mi oído.

⁠—⁠Víbora ⁠—⁠le respondo.

⁠—⁠Shhhh ⁠—⁠imita al animal y Cata se ríe de nuestra más sincera muestra de amistad. Parece que ya nos está pillando el rollo. Me está gustando esta chica.

⁠—⁠Perdón por el retraso ⁠—⁠comenta Tom nada más alcanzarnos⁠—⁠. Espero que no os haya trastocado mucho los planes, pero tenía un compromiso familiar y ya sabéis cómo se alargan esas cosas.

⁠—⁠No te preocupes. Acabamos de llegar ⁠—⁠miento y le mando a Aída una advertencia en forma de mirada⁠—⁠. Cata, este es Tom. Tom, Cata.

No puedo evitar ver como los vaqueros negros de Tom se le ajustan al culo y él me sorprende mirándolo. El puñetero sonríe con cierta picardía.

⁠—⁠Creo que he visto un billete ⁠—⁠disimulo como puedo, que no es mucho, como podéis comprobar⁠—⁠. Ahí, detrás de ti… A ver.

Me da la sensación de que no ha colado porque Tom sonríe ya sin tapujos y ahora el que está colorado soy yo. Al menos, no ha salido corriendo ni me ha mandado a la mierda.

⁠—⁠Está bien el sitio este ⁠—⁠dice él, y agradezco ese desvío de la atención.

⁠—⁠¿Habías venido antes? ⁠—⁠pregunta Aída, que acaba de ver la oportunidad y no sabe hablar sin tirar a dar.

⁠—⁠Aída… ⁠—⁠le advierto antes de que se ponga en plan Sherlock Holmes desatado. Espero que no se haya sentido incómodo.

⁠—⁠Sí, alguna vez. ⁠—⁠Lo dice con total naturalidad, lo que me causa cierta sorpresa.

No porque hable sin tapujos del tema, sino porque en el fondo pensaba que era hetero y no tendría nada que hacer.

¿O era lo que quería creer?⁠—⁠. Cuando vine de viaje con mi novio, bueno, mi ex.

Una cosa os digo: cuidado con los italianos.

He de reconocer que es buena la tía. Aída me mira cómplice y yo me quiero esconder donde sea. Pero no me da tiempo porque Cata nos agarra de la mano y nos empuja hacia la barra.

⁠—⁠¡La primera de chupitos la pago yo! ¿Os gusta el tequila?

⁠—⁠Chupitos no, que me sientan fatal ⁠—⁠le suplico a Cata⁠—⁠. Y menos el tequila…

⁠—⁠Ay, chupitos no, que me sientan fatal… ⁠—⁠me imita Aída. Muy mal, por cierto, y el resto se descojona a mi costa⁠—⁠. ¡Mariquita!

◆◆◆

⁠—⁠¡Con estilo y elegancia hoy se vuelve en ambulancia! ⁠—⁠grita Aída con la lengua de trapo por el alcohol de camino a su casa. Y en ambulancia no va, eso os lo aseguro. La llevamos sujeta por los hombros entre Tom y yo.

⁠—⁠¿Seguro que no me necesitáis? ⁠—⁠pregunta Cata preocupada, aunque sin poder disimular una sonrisa porque la frase le ha hecho gracia.

⁠—⁠Vete tranquila. Ya la dejamos nosotros en casa. No vas a cruzarte dos veces Valencia porque esta inconsciente se haya bebido hasta el agua de los floreros.

⁠—⁠Sois unos cortarrollos ⁠—⁠interrumpe Aída⁠—⁠. Unos aguafiestas… Waterparties!

⁠—⁠Gracias ⁠—⁠vuelve Cata⁠—⁠. Aunque, en realidad, no han sido más de dos copas. Creo.

⁠—⁠Eso y algún que otro chupito ⁠—⁠aclaro levantando a Aída de mi lado una vez más. Para lo pequeña que es y lo que pesa la condenada⁠—⁠. Ya os dije que son lo peor. Solo espero que la resaca que va a tener mañana le sirva para escarmentar.

Aída balbucea algo que no alcanzamos a entender.

⁠—⁠Pobre…

Cata le acaricia la cara y le da un beso justo cuando a Aída le sube una arcada.

⁠—⁠Como me manches los pantalones, te la cargas ⁠—⁠la amenazo. Aunque solo ha sido un eructo. Seguramente el preludio de lo que está por llegar⁠—⁠. Más vale que te vayas ahora que puedes y no tengas que ver a esta petarda vaciándose.

⁠—⁠Mañana te llamo, ¿vale? ⁠—⁠le susurra Cata con ternura a nuestra amiga beoda.

⁠—⁠Dudo mucho que se acuerde.

Cata nos da un beso a cada uno.

⁠—⁠Me lo he pasado genial ⁠—⁠se despide.

⁠—⁠Yo dambién ⁠—⁠responde Aída con los ojos vidriosos fijos en Cata y una sonrisa bobalicona.

⁠—⁠Buenas noches ⁠—⁠respondemos al unísono Tom y yo, que nos miramos con Aída de por medio cogida por los hombros. Nos da la risa floja.

⁠—⁠Me parece a mí ⁠—⁠digo a Tom⁠—⁠ que no te vas a atrever a venir más noches con nosotros.

⁠—⁠¿Qué dices? Si me he reído mucho.

⁠—⁠Puede que dentro de un rato te rías menos.

◆◆◆