3. Y por la noche vienen los monstruos
¿La película? A ver cómo os lo explico sin que os haga un spoiler de nada…
Pues en la media del dios Nicolas. No es El ladrón de orquídeas y menos mal, porque no tenía yo el cuerpo para algo tan profundo.
Era más al estilo de Color out of space , que, aunque no es una obra maestra, es la película basada en el universo Lovecraft que más me ha gustado hasta ahora.
Como dicen en mi pueblo, ¡ea!, ya lo he dicho.
Y lo mejor es el ratito de comentar la historia una vez terminan los créditos…
¡Porque hay que ver los créditos! Ya sé que se hace pesado, pero ¿sabéis la cantidad de gente que trabaja para que disfrutéis ese tiempo?
¿Lo que cuesta hacer una película? Por favor, dadles ese microsegundo de gloria a los técnicos y no solo a los actores.
Hacedlo por mí. Si me tuviérais delante, me estaríais viendo poner ojitos.
Unos muy monos. En fin, que me pierdo. Lo dicho, lo mejor es el ratito de después hablando de las caras excesivas, los momentos «delirio» que casi siempre hay en sus películas y las salidas de madre de algunas de sus escenas.
No sé, os parecerá algo ridículo, pero, al menos a mí, me divierte, me evade un poco sentir que conecto con alguien, aunque sea a este nivel.
El problema es cuando todo termina, me despido de Al y vuelvo a mi cuarto.
A un mundo real en el que estoy yo solo entre mis cuatro paredes.
No soy una persona a la que le disguste la soledad, lo único que pasa es que a veces me gustaría poder compartirla con alguien más.
Podría llamar a Aída, es cierto. Pero ahora mismo está conociendo a alguien y si voy estoy seguro de que en algún momento dirá algo fuera de lugar y la cagará.
Porque es lo que ocurre cuando estás en confianza, que dejas de estar alerta, y Aída es un sol, pero también una bocas de cuidado.
Y ella se merece encontrar a alguien de putísima madre.
Y sí, le podía haber propuesto a Al salir después de la peli, pero, si os soy sincero, hoy lo que verdaderamente me apetecía era esto, quedarme en casa y descansar.
Aunque ya no sé si es tan buena idea. Últimamente me cuesta dormir y no es porque me pase nada grave.
Me da por pensar en que estoy aquí con treinta y dos años, compartiendo piso con un tipo al que conocí a través de un anuncio, y en que cada vez que escucho el sonido de haber recibido un mensaje de Grindr me da más pereza coger el móvil.
Al final, la rutina es la misma. El fin es el mismo.
Y, aunque me parece perfecto que la gente quiera quedar solo para echar un polvo, no sé, me gustaría aspirar a algo más: a compartir una película de Nicolas Cage, después de verla con Al, claro, ese espacio es nuestro; a estar con alguien que no desaparezca a la mañana siguiente; a conocernos realmente el uno al otro.
¿Conozco yo realmente a alguien? ¿Me conocen a mí?
Disculpad si me estoy poniendo «intensito», no era mi intención cortaros el rollo.
Pero, a veces, tengo la sensación de que estamos tratando de compensar adolescencias robadas con montones de relaciones de usar y tirar.
Y esta es otra razón por la que no me gustan las comedias románticas, porque para los que son como yo, gay, lesbiana, bi, trans…
, parece que no estaban escritas esas bonitas historias de finales felices.
Para nosotros, las historias que estaban escritas y filmadas eran las de ser las víctimas, los amigos graciosos de las protagonistas que partían el bacalao y que a nadie importaban al final, o los malos.
Si hasta Disney ha aprovechado el mismo arquetipo para construir a casi todos los villanos de sus películas más famosas.
Ahí, claro, no pasaba nada. Pero ¡ay de ti!
si pones a ese personaje mariquita de protagonista o si consigues que se dé un beso con otro en un momento feliz, entonces boicot.
Porque no se puede pervertir a los niños.
Y, aunque la cosa está cambiando, lo hace muy lentamente y sigo teniendo miedo de que el sentido del cambio varíe y volvamos a los tiempos grises cuando todo era peor.
En fin, perdonad que os haya invadido con mis reflexiones, pero son las que me asaltan a la hora de dormir y, ya que os estoy contando mi vida, he creído que sería interesante que supierais esta parte de mí también.
Que no todo va a ser odiar cosas y decir chorradas.
Ahora intentaré contar ovejas y, con suerte, dejaré de enlazar pensamientos absurdos que no me llevan a ninguna parte y que me ponen de un humor de mierda y de un ánimo todavía peor. Y más sabiendo lo que me espera.