CAPÍTULO 6
—¿En qué demonios estabas pensando? ¿Estás borracha? —Mi padre estaba tan furioso que ni siquiera gritaba. Su voz contenía una rabia apenas controlada que normalmente me habría aterrorizado.
—Papá, por favor, esta noche no. No puedo.
—¿Esta noche no? ¿Te das cuenta de qué hora es? Tu madre y yo estábamos muertos de preocupación. No puedes desaparecer así sin más.
Me agarró de los brazos, casi haciéndome daño, obligándome a mirarlo a los ojos. Lo quería tanto, y su desaprobación me partía el corazón. ¿Cómo iba a contarle nada? No había palabras que quisiera oír.
Mi madre estaba de pie en el salón, observando. Irradiaba una ira igual a la de mi padre. El ambiente de la habitación amenazaba con aplastarme.
Acepté su enfado. Contarles cualquier otra cosa solo añadiría más dolor.
—Papá, por favor —y las que debían de ser mis últimas lágrimas brotaron sin control—. Solo quiero irme a la cama. ¿Podemos hablar mañana? ¿Por favor?
Las lágrimas siempre tenían un efecto especial en mi padre. Odiaba verme llorar, y podía ver el dolor que le causaba, pero esta vez su enfado era tan intenso que no quería dejarlo pasar.
Pero ¿cómo iba a hablarle de Scott? ¿Cómo explicarle que aquel hombre, aquel desconocido, me había robado el corazón y se lo había llevado consigo al marcharse? El vacío en mi pecho me hacía sentir incompleta, y sin él nunca volvería a sentirme entera.
Lo había dejado escapar.
Nunca volvería a verlo, y nunca sabría lo que podría haber tenido, lo que había dejado escapar. Me quedé allí sollozando y dejé caer la cabeza contra el pecho de mi padre.
¿Por qué dolía tanto la vida?
Mi padre se ablandó al instante y me rodeó con sus brazos.
—¿Estás bien? ¿Ha pasado algo? ¿Qué te ha hecho?
—Estoy bien, no quiero hablar de ello. Por favor, déjame marchar.
Me soltó, aunque pude notar que no quería hacerlo. Su enfado había desaparecido, pero lo estaba matando no saber qué había pasado esa noche. No podía mirarlos, quería morirme. No quería enfrentarme al día siguiente.
Subí tambaleándome hasta mi habitación, pasé junto a mi hermana Bobbi en las escaleras e ignoré sus preguntas. Cerré de un portazo y me desplomé sobre la almohada, rezando por olvidarlo todo.