A dos pasos del amor Capítulo 30. La carta de Barcelona
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Capítulo 30. La carta de Barcelona

La editorial necesitaba una respuesta el viernes.

Clara dejó el correo abierto durante toda la mañana sin pulsar ninguna tecla.

Barcelona era la posibilidad de regresar a la profesión que había perdido.

También era una ciudad donde nadie conocía sus fracasos, sus deudas ni el olor a madera de la librería.

Por la tarde, Marcos entró con una caja de azulejos.

—Amalia ha conseguido los permisos para la primera fase.

—Eso es bueno.

—Sí.

—Y la subvención?

—La resolución llega en un mes.

Clara asintió. Él miró el portátil.

—¿Qué tienes que responder?

—Una oferta de trabajo.

Marcos dejó la caja en el suelo.

—¿La de Barcelona?

—Sí.

—¿Qué quieres hacer?

Clara soltó una risa breve.

—Esa pregunta habría sido más útil hace seis semanas.

—Lo sé.

—No quiero que me digas que me quede.

—No iba a hacerlo.

—No quiero que me digas que te esperarás.

—Tampoco.

—Entonces, ¿qué quieres decir?

Marcos se sentó frente a ella.

—Que quiero que elijas sin convertir tu elección en una prueba para mí.

Clara apartó la vista. Esa era precisamente la dificultad. Durante años había confundido independencia con no necesitar a nadie. Ahora temía confundir amor con renunciar a sí misma.

—Si acepto, me iré.

—Lo sé.

—Y no sé si podré volver cada fin de semana.

—Lo sé.

—Y no sé si esto entre nosotros sobrevivirá.

Marcos respiró despacio.

—Yo tampoco.

La honestidad le dolió menos que una promesa.

—Pero quiero intentarlo —añadió él—. Aunque no sea cómodo. Aunque no pueda arreglarlo todo con una obra, un plan o una disculpa.

Clara cerró el portátil.

—No me lo pongas tan difícil.

—No estoy intentando ponértelo fácil. Estoy intentando no mentirte.

Aquella noche, Clara respondió a la editorial que necesitaba unos días más. No era una negativa ni un sí. Era la primera decisión que tomaba sin dejar que el miedo eligiera por ella.