A dos pasos del amor Capítulo 29. La reunión
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Capítulo 29. La reunión

Al día siguiente, Clara convocó a los vecinos en la trastienda de la librería.

Solo acudieron nueve personas, pero ocuparon las sillas con una determinación que hizo que el local pareciera más grande.

Amalia explicó la situación legal. Lucía repartió café.

Marcos permaneció junto a la puerta, sin sentarse, como si todavía no supiera si tenía derecho a formar parte de aquello.

—La cooperativa necesita una coordinadora —dijo Amalia—. También necesita una inversión inicial.

—Y necesita que alguien sepa convertir una idea bonita en un presupuesto —añadió Clara.

Todos la miraron.

—Puedo preparar el proyecto para la subvención —continuó—. Pero no puedo hacerlo sola y no pienso fingir que esto será fácil.

—Yo puedo encargarme de la reforma —dijo Marcos.

Clara no le miró.

—No estamos aquí para salvarte la conciencia.

—Lo sé.

—Entonces no tomes decisiones sin el grupo.

—No lo haré.

La reunión duró dos horas. Se discutió el alquiler, la licencia, las obras y la posibilidad de que los vecinos compraran participaciones pequeñas. Cuando terminaron, la propuesta era imperfecta, pero existía. Tenía números, plazos y nombres.

Marcos se acercó a Clara mientras los demás recogían los vasos.

—¿Quieres que me vaya?

—No.

Él esperó algo más.

—Eso no significa que todo esté bien.

—Lo sé.

—Ni que confíe en ti.

—Lo sé.

—Ni que vaya a Barcelona contigo.

—Tampoco quiero que vayas conmigo si no quieres ir.

Clara lo miró por primera vez.

—No sabes cuánto me enfada que empieces a decir las cosas correctas justo cuando he decidido dejar de esperarlas.

Marcos sonrió sin alegría.

—Estoy aprendiendo tarde.

—Más te vale aprender rápido.

—¿Eso es una amenaza?

—Es un plazo.

Durante las dos semanas siguientes trabajaron como socios.

No como pareja. Clara insistió en dejarlo claro, y Marcos aceptó cada límite sin intentar negociar.

Él elaboró los planos y consiguió materiales más baratos.

Ella redactó el proyecto, revisó las cuentas y habló con la concejala de cultura.

Cada pequeño avance no reparaba lo que había roto, pero demostraba que era posible construir algo sin esconder los planos.