A dos anuncios de conquistarte Capítulo 15
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Capítulo 15

Fabrizzio

La mujer que se sentó a mi lado resultó ser muy insistente y, aunque no me acosté con ella, no paró hasta conseguir que la besara.

No era mi tipo, ni mucho menos. A mí me gustaban las mujeres menos artificiales, pero estaba celoso y despechado, así que me dejé llevar hasta que comprendí que aquello era un error.

—Para. Lo siento, pero no quiero seguir. Estoy enamorado de otra mujer y esto sería como traicionarme a mí mismo.

—De una que se ha marchado a su hotel con un hombre al que acaba de conocer, por lo que he podido averiguar.

—¿Perdona? ¿De qué estás hablando?

—Mira, chico, en cuanto te he visto entrar, he sabido quién eras y de dónde venías.

—¿Cómo que sabías de dónde venía?

—La historia es muy larga, pero se resume en que he mandado seguir a esa mujer. Aquí tienes las pruebas.

Giró la pantalla del móvil hacia mí y me mostró unas imágenes de Moi y Ainoa en el vestíbulo de su hotel, dirigiéndose hacia los ascensores. Fue como si me arrancaran el corazón.

A pesar de lo que acababa de enseñarme y contra todo pronóstico, no me fui a la cama con ella. Me aparté y la dejé allí, en medio del local, riéndose a carcajadas.

Había algo en aquella mujer que no me gustaba y, tratándose de mí, eso ya era suficiente. En cuanto detectaba una señal de alarma, huía como si me estuvieran persiguiendo.

No habían transcurrido ni dos horas desde que llegué a casa cuando el teléfono empezó a pitar como un loco por la cantidad de mensajes y notificaciones que estaba recibiendo.

Todos hablaban de lo mismo, pero el que más me cabreó fue el de Saúl, mi mejor amigo y hermano de la mujer que me estaba volviendo loco.

Saúl: No sé a qué coño estás jugando, pero no pienso consentir que el juguete sea mi hermana. Ya está bien. Aclárate de una puta vez: o te declaras o te alejas de ella para siempre.

¿Cómo sabía Saúl lo que había hecho? ¿Me había seguido? ¿Tendría algo que ver con la mujer del local de copas?

No tuve tiempo de plantearme nada más, pues mi representante me envió un enlace y me exigió una explicación.

Pinché en él y me llevó hasta un diario digital en el que aparecían varias imágenes mías besándome con aquella mujer.

Era la misma escena captada desde diferentes ángulos, y eso me hizo pensar que todo estaba preparado y que había una intención detrás de aquello.

Me acosté. No quería seguir dándole vueltas. Al día siguiente podría averiguar todo lo que necesitara, pero en aquel momento me tocaba dormir y descansar o aparecería en las fotografías como si acabara de escaparme de una película de terror.

No fue fácil conciliar el sueño, aunque finalmente lo conseguí. Ni siquiera eran las doce cuando miré el reloj por última vez, así que, al menos, podría descansar siete horas.

Cuando sonó el despertador, llevaba un buen rato con los ojos abiertos. Me levanté, me di una ducha y preparé el desayuno.

Después, me monté en el coche y puse rumbo al lugar en el que terminaríamos de grabar el anuncio del día anterior.

No tenía el cuerpo para aguantar demasiadas tonterías, por lo que, nada más llegar, fui directo a buscar a Marcela y ponerle los puntos sobre las íes.

—Hombre, pero si está aquí el modelo del año.

—Mira, niñata, hoy no tengo el cuerpo para aguantar tus tonterías, así que voy a ir al grano.

—¿Qué te pasa? ¿La de anoche no te dejó lo bastante satisfecho?

—Vete al carajo, Marcela. Solo voy a decirte una cosa: como hoy vengas en plan tocapelotas, pediré que te sustituyan. No estamos aquí para perder el tiempo.

—Eso díselo a tu amiguita la fotógrafa, que le pone pegas a todo y tiene sorbido el seso al resto del equipo.

—Sabes que eso no es cierto. Has sido tú quien se ha dedicado a boicotear el trabajo de los demás por un capricho, pero se acabó.

Me di media vuelta y entré en el vestuario. Justo cuando salía, después de cambiarme de ropa, volví a darme de bruces con la mujer del local de copas.

—¿Qué haces aquí?

—He venido a buscar a mi hombre.

—No soy tu hombre, te lo aseguro.

—Ah, pero lo serás, no lo dudes.

—¿Qué carajo quieres de mí?

—Uy, me parece que esa pregunta sobra, pero haré como si no la hubiera escuchado.

—Vete a la mierda. Ni siquiera recuerdo tu nombre, así que ahora soy yo quien te asegura que no pasarás ni por la puerta de mi casa, mucho menos por mi cama.

—Ahora no tengo tiempo, pero ya te enterarás de lo que ocurre.

Se dio media vuelta y se marchó, dejándome apoyado en la barandilla del set de rodaje, sin saber qué hacer ni qué decir.

Pero mi mala suerte no terminó ahí. Todavía faltaba una cosa más: la aparición de Ainoa en el peor momento, cuando aún no había conseguido tranquilizarme.

—¿Podemos hablar?

—No me apetece. Déjame en paz, que no quiero salir en las fotos con cara de cabreo.

—Creo que me merezco una explicación, ¿no crees?

—No te mereces una mierda cuando tú misma te fuiste anoche al hotel con ese hombre. ¿Qué tal folla? ¿Ha merecido la pena?

Me arrepentí al instante de todo lo que salió por mi boca, pero ya era demasiado tarde para dar marcha atrás.

Ainoa me miró y vi la decepción en sus ojos. Sin embargo, lejos de amilanarse, me dio la explicación que yo le estaba exigiendo, aun sabiendo que no me la merecía.

Después de aquello, me sentí como una mierda. Era como si nada en mi vida tuviera sentido, como si todo por lo que había luchado pudiera irse por la borda a las primeras de cambio.

Tuve que poner mi mejor sonrisa para que nadie notara lo mal que estaba. En cuanto terminara de trabajar, volvería a casa, me daría un baño caliente y me metería en la cama.

No quería pensar, solo dormir. Eso me ocurría siempre que la depresión empezaba a hacer acto de presencia.

No era la primera vez que me sucedía y ya sabía reconocer las primeras señales, por lo que tenía claro que, en cuanto terminara, llamaría a mi psicólogo.

Él era la única persona, junto con Arturo, que lo sabía todo sobre mi vida: mis episodios más oscuros y aquellos hechos que tanto daño me habían causado, pero que, si llegaban a manos de la prensa, podrían destrozármela.

Y no, jamás estuve metido en las drogas ni tuvo nada que ver con algo parecido, pero no os voy a contar nada más. Ya lo sabréis cuando llegue el momento.

Las tomas que faltaban del anuncio se grabaron a la primera y lo agradecí sobremanera. Sentí cierto alivio, hasta que reunieron a todo el equipo para explicarnos el motivo de la presencia de uno de los representantes de la agencia.

Una fiesta. Genial. Justo lo que más me apetecía en aquel momento.

Sin embargo, tal y como nos dejaron muy claro, no teníamos más remedio que asistir todos.

Encima, cuando Marcela preguntó si solo estaban invitados los modelos, aquel hombre respondió que debía acudir el equipo al completo. Eso significaba que me encontraría allí con Ainoa, que seguramente iría acompañada por aquel hombre.

Después del anuncio, cambiamos de vestuario y retomamos la sesión fotográfica. Una de las tomas requería que me subiera a una fuente mientras Ainoa hacía las fotografías desde abajo.

Cada minuto que pasaba me encontraba peor que el anterior. Llegué a temer por mi integridad física, pues empezaba a marearme y no sabía cuánto tiempo sería capaz de mantenerme allí arriba.

—¿Podemos parar un minuto, por favor? —grité desde lo alto de la fuente.

—Hacemos una pausa, pero no más de diez minutos, que vamos con retraso —dijo Ainoa, observándome con atención.

Arturo, al ver mi semblante, se acercó a mí y llegó justo a tiempo para sujetarme, pues todo empezó a darme vueltas.

—Fabri, joder, ¿qué te ocurre?

—Estoy mareado, pero no es nada.

—¿Has comido o bebido algo?

—Tan solo un poco de agua, de una de las botellas que…

—Fabri, las botellas de agua todavía no han llegado. Si has bebido de una, no era de la organización.

—Joder, no digas nada, Arturo, por favor. Acompáñame al vestuario.

Arturo me ayudó a llegar hasta allí. De cara a los demás, me había mareado por el calor y por no haber comido lo suficiente, así que mi amigo solicitó media hora de descanso y un zumo de naranja.

Una vez que estuvimos a solas, le entregué la botella de la que había bebido para que la enviara a analizar sin que nadie más se enterara.