A dos anuncios de conquistarte Capítulo 14
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Capítulo 14

A la mañana siguiente, me levanté como si la noche anterior me hubiera bebido todo el vino almacenado en una bodega, cuando lo cierto era que solo había tomado una copa de blanco.

Aquella especie de resaca y el dolor de cabeza tenían poco que ver con lo que había bebido. Eran más bien emocionales, provocados por la cantidad de vueltas que le había dado a todo.

Volví a meterme en la ducha, pues necesitaba terminar de espabilarme y, después de vestirme de manera cómoda, bajé al restaurante a desayunar.

Necesitaba que me inyectaran el café en vena, pero, como no podía ser, pedí uno doble, sin leche ni azúcar, y una tostada con aceite y pechuga de pavo.

Me habría gustado mucho más con jamón ibérico, pero allí era difícil encontrarlo, así que tendría que conformarme con aquello.

Continuaba teniendo hambre, por lo que volví a llamar al camarero y le pedí algo dulce. Me recomendó una especialidad típica de la zona, la torta paesana.

Se trataba de una tarta de chocolate con piñones, pasas y trozos de fruta que, después de verla en la vitrina, descubrí que tenía una pinta estupenda.

Arturo y Carlo me encontraron con un trozo en la boca cuando bajaron a desayunar poco después que yo.

—Las malas lenguas dicen que el chocolate es un sustituto del sexo —me dijo Carlo.

—Quien dijo esa frase no había tenido un orgasmo en condiciones en su vida —le contestó Arturo.

El trozo que estaba masticando casi provocó que me ahogara de la risa por la manera en que lo dijo, completamente convencido.

—Idiota, que casi me ahogo por tu culpa.

—No, idiota es quien afirmó eso, te lo aseguro.

—¿Listos para lidiar otro día más con la odiosa de Marcela? —preguntó Carlo.

—Más que listos. Batalla es nuestro segundo apellido, chaval —le contestó su chico.

—Pues yo, qué quieres que te diga, me da igual lo que haga mientras me deje trabajar tranquila.

—Eso es lo que queremos todos, pero me parece que sigue en pie de guerra.

—¿Tan mal terminó todo ayer?

—Peor que mal, te lo juro. Fabri le dijo que parecía una muñeca de cera y el responsable de grabar el anuncio le reprochó que no tuviera expresividad.

—Vamos, que fue todo un desastre. Espero que, al menos, hayan terminado de grabar y no nos retrasen a nosotros.

—Pues siento comunicarte que no. Tenían que continuar a primera hora de la mañana.

—Me cago en la leche. Eso me retrasará para ir a recoger a Valeria.

—Siempre puedes decirle que coja un taxi y vaya hasta donde estemos —me propuso Arturo.

—Sí, no me quedará otro remedio, pero no me gusta.

—Sabes que ella no se molestará.

—Pero yo sí. Siempre tiene que haber algún tonto dando por culo en todos los trabajos.

Terminamos de desayunar y nos dirigimos hasta la parada en la que el microbús nos recogía a diario.

El trayecto no era demasiado largo, pero, si podíamos ahorrarnos aquella caminata, mucho mejor, porque nos esperaba un día intenso en todos los sentidos.

Entramos en el microbús y una de las chicas de maquillaje y peluquería, que tenía el teléfono en la mano, nos miró con una sonrisa.

—Desde luego, este hombre es un portento. No pierde una oportunidad —nos dijo.

—¿A quién te refieres? —preguntó Carlo.

—A Di Luca, que aparece en toda la prensa digital besándose con una morena como si no hubiera un mañana.

Os prometo que sentí cómo se me desplomaba la tensión. Arturo se dio cuenta y no tardó en quitarle el móvil de las manos para comprobar si lo que decía era cierto.

—¡Me cago en toda su estampa! —exclamó.

—No te pongas así, chico, que tú ya sabías que este no jugaba en tu liga —le dijo ella.

Arturo no quiso seguir haciendo aspavientos, por lo que se sentó a mi lado y habló antes de que yo pudiera decir nada.

—No adelantes acontecimientos, por favor.

—Yo no he adelantado nada. En todo caso, quien se ha adelantado a todo y a todos ha sido él.

—Sois los dos iguales, de verdad.

—Eh, a mí no me compares con él, que yo no me he liado con nadie.

—Pero te fuiste a cenar con Moi.

—No es lo mismo. Para mí es un amigo y no me han fotografiado comiéndome la boca con nadie.

—Habla con él. No lo dejes pasar, por favor.

—Por supuesto que no pienso dejarlo pasar. En cuanto tenga la oportunidad, me acercaré a él y le diré todo lo que tengo que decirle.

Mi amigo sabía a qué me refería. No solo quería hablar de lo que había sucedido entre nosotros, sino que también pensaba reclamarle y reprocharle lo que había hecho la noche anterior.

Llegamos al set, donde ya estaban grabando lo que faltaba del anuncio. Después tendría lugar un cambio de vestuario y de localización, pues nosotros ya habíamos terminado las fotografías de aquella zona.

Preparé todo lo necesario para llevar a cabo mi trabajo y, cuando terminé, levanté la vista. Allí estaba la mujer con la que Fabri se había liado la noche anterior.

Fue como recibir una patada en el estómago y tomé una decisión. No sería yo quien se acercara a pedir explicaciones. Que lo hiciera él, que era quien me había fallado.

—Ainoa, Fabri está en el vestuario. Deberías aprovechar para ir a hablar con él.

—Que siga soñando. ¿Has visto quién está ahí?

Al señalar la zona en la que se encontraba aquella mujer, descubrí que ya no estaba allí y mi cabeza hizo el resto. Seguro que se había metido en el vestuario con él. Entonces cambié de opinión.

—Mira, ¿sabes qué? Voy a decirle algo.

—Ainoa, no hagas nada de lo que puedas arrepentirte, por favor.

—No te preocupes, no lo haré.

Me dirigí con paso firme hacia el vestuario donde suponía que estaría Fabrizzio, pero no lo encontré allí, así que empecé a preguntar por él.

—¿Habéis visto a Fabrizzio? Tengo que hablar con él de algo urgente.

—Sí, acabo de cruzarme con él. Iba en esa dirección.

Me dirigí hacia la zona que me habían señalado y lo encontré apoyado en una de las barandillas que delimitaban el lugar, como si necesitara estar solo.

—¿Podemos hablar?

—No me apetece. Déjame en paz, que no quiero salir en las fotos con cara de cabreo.

—Creo que me merezco una explicación, ¿no crees?

—No te mereces una mierda cuando tú misma te fuiste anoche al hotel con ese hombre. ¿Qué tal folla? ¿Ha merecido la pena?

—Eres un gilipollas. Si Moi vino conmigo al hotel fue porque también se aloja allí, aunque dos plantas por encima de la mía. Pero bueno, si yo no me merezco ninguna explicación, mucho menos tú.

—Ainoa, espera…

—Vete a la mierda, Fabrizzio.

—No es lo que piensas. Entre esa mujer y yo…

—Me importa un carajo y ahora sí que lo digo de corazón. Te quiero en el set dentro de cinco minutos. Hoy no pienso repetir ni una fotografía, que he quedado y tengo prisa.

Cuando Fabri llegó, aquella mujer apareció de nuevo en escena. Parecía que lo estuviera vigilando y aquello no me gustó nada.

Pero no era asunto mío. Me limitaría a hacer las fotografías y a marcharme a la hora acordada para recoger a Valeria, a la que me moría de ganas de abrazar y besar.

La sesión fue tediosa no lo siguiente. Marcela estaba en plan tocacojones y Fabri tampoco se quedaba atrás.

Estábamos terminando las últimas fotografías cuando se acercó alguien de la organización para hablar con nosotros.

—Chicos, la firma responsable de la campaña organiza esta noche una fiesta en la terraza de uno de los mejores hoteles de la ciudad y quiere que asistáis todos.

—Te referirás a todos los modelos, ¿no? —preguntó la antipática de Marcela, dándoselas de importante.

—No, Marcela. Cuando he dicho todos, me refería exactamente a eso: todos. Desde el equipo de maquillaje hasta los fotógrafos, pasando por el de vestuario.

—¿Hace falta invitación? —preguntó otra de las chicas.

—Sí. Precisamente he venido para repartirlas y explicaros el código de vestimenta. Además, cada invitación permite llevar a un acompañante.

El chico las repartió entre todos e insistió en que nadie debía faltar, pues la firma lo tendría muy en cuenta.

Me apetecía tanto ir a aquella fiesta como que me operaran de apendicitis. Vamos, lo que viene siendo entre cero y nada, pero no tenía más remedio que acudir.