El Cuaderno de Valvanera (El Secreto de San Millán: Tomo V) BLOQUE 2
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La anotación definitiva no aparecía en el Cuaderno de Procedencias.

Mauro fue el primero en sorprenderse.

Revisaron las páginas finales.

Había referencias a las cartas.

Notas de comprobación.

Una advertencia para separar procedencia y destino.

Después, espacio en blanco.

Sebastián no sintió frustración.

Todo lo aprendido sobre Almarza sugería que la ausencia era coherente.

El cuaderno principal no contenía hipótesis sin verificar.

Existían repertorios y hojas de control donde guardaba aquello que no podía incorporar todavía.

Irene recordó una descripción del inventario de 1902:

Cuaderno y hojas anexas pertenecientes a los estudios de D. Julián de Almarza.

No todas las hojas anexas habían terminado reunidas.

Algunas pasaron a correspondencia.

Otras, a notas diversas.

Regresaron a esa serie.

Ahora sabían qué vocabulario buscar.

Continuación.

Procedencia.

Relación separada.

Entrega no comprobada.

Para continuar.

Una hoja apareció detrás de una ficha posterior.

No estaba escondida.

Había quedado separada por una reorganización.

Irene la examinó.

La letra era de Almarza.

El papel coincidía con materiales de la misma etapa.

No podía fecharlo de manera exacta, pero su posición relativa y la tinta eran compatibles con un momento posterior a las cartas.

Arriba decía:

Estado de la búsqueda después de las últimas respuestas.

Sebastián sintió que no hacía falta ninguna dramatización.

Almarza ya había resumido el problema.

La primera sección decía:

Comprobado.

La existencia de varias relaciones sobre el volumen.

La separación entre información y objeto.

La supervivencia de copias en archivos distintos.

La continuidad material más allá de la última custodia segura.

Y la procedencia documental de la relación exterior hasta el fondo institucional que había conseguido identificar.

Después:

No comprobado.

La identidad completa del receptor posterior.

La relación separada que debía contener la siguiente entrega.

El destino material del volumen después de la remisión.

La permanencia del libro junto con cualquiera de las copias posteriores.

Sebastián leyó despacio.

La hoja impedía cualquier interpretación exagerada.

Almarza escribió:

No he visto el volumen.

Debajo:

No conozco su situación presente.

Mauro apoyó las manos sobre la mesa.

—Esto tiene que quedar.

—Sí.

Era esencial.

Almarza había llegado muy cerca de reconstruir la historia documental precisamente porque nunca confundió proximidad con hallazgo.

Irene leyó otra frase:

La procedencia última que puedo comprobar no es destino del libro.

Sebastián la miró.

Aquella línea protegía todo el cierre.

Burgos no podía convertirse en una estación material porque ni siquiera Almarza lo había presentado de ese modo.

La hoja explicaba que la relación exterior había podido situarse.

También que conservaba memoria de una remisión material.

Pero la pieza separada donde debía constar la entrega posterior seguía sin aparecer.

Por eso el trabajo debía continuar donde terminaba la documentación demostrada.

No donde él sospechaba que pudiera encontrarse el manuscrito.

Mauro señaló el margen inferior.

Había una nota:

No seguir por nombres.

Después:

Seguir por la relación separada.

Y finalmente:

Buscar donde se conserva la última procedencia comprobada.

Burgos no aparecía todavía en aquella parte.

No hacía falta.

La lógica quedaba unida a la carta que acababan de encontrar.

Irene preguntó:

—¿Hay otra hoja?

La numeración remitía a una:

nota final

Buscaron entre las hojas anexas.

No estaba en aquella carpeta.

El inventario ofreció la explicación:

Nota final de procedencias — incorporada con resumen de consultas.

Otra reclasificación.

Sebastián casi sonrió.

Después de todo lo ocurrido, habría sido extraño que la frase definitiva estuviera esperando simplemente al final de un cuaderno.

La encontraron más tarde, dentro del grupo indicado.

Era una hoja pequeña doblada una vez.

Sin título.

En el anverso había referencias.

En el reverso, cuatro líneas.

Irene comprobó la tinta.

Sebastián, antes de leer, revisó las referencias de la otra cara.

Una remitía a la carta que confirmaba la procedencia.

Otra a la respuesta que negaba poder establecer el destino.

La tercera al inventario antiguo.

La cuarta seguía identificada como consulta pendiente.

La hoja estaba exactamente donde debía estar en la secuencia documental.

Mauro preguntó:

—¿Ahora sí?

Sebastián la giró.

La primera línea decía:

He llegado hasta donde permiten los documentos que he podido comprobar.

La segunda:

La remisión continúa, pero no puedo demostrar todavía a qué entrega corresponde después.

La tercera:

No debe afirmarse destino del volumen.

La cuarta empezaba:

Continuar…

Sebastián dejó de leer.

No por suspenso.

Porque necesitaba fijar, una vez más, lo que aquella frase no era.

No era una localización.

No era la promesa de que el Códice se encontraba en una ciudad determinada.

Era una indicación de trabajo.

Irene lo comprendió.

—Leela completa.

Sebastián volvió a la hoja.