BLOQUE 2
El inventario familiar no tenía un único autor.
Irene lo demostró al comparar varias hojas.
Las manos eran distintas.
También las tintas.
Algunas entradas habían recibido añadidos mucho tiempo después de su redacción inicial.
El archivo no se había formado de una sola vez.
Había crecido.
Sebastián recordó una frase de Almarza:
Archivo familiar no equivale a archivo formado de una sola vez.
Era exactamente lo que tenían delante.
La documentación vinculada con Fernando había pasado a una rama familiar.
Algunas copias aparecían posteriormente asociadas con Juan.
Más adelante, otros papeles terminaron agrupados bajo categorías relacionadas con monasterios y procedencias.
Alguien, en una fase posterior, empezó a comparar materiales que originalmente podían haber permanecido separados.
Eso no demostraba una búsqueda del Códice.
Todavía no.
Mauro abrió la reproducción del inventario más antiguo.
—Acá no hay clasificación temática.
Tenía razón.
Los papeles estaban ordenados según necesidades familiares.
Correspondencia.
Certificaciones.
Asuntos patrimoniales.
Copias notariales.
Documentación eclesiástica.
Décadas después aparecía otra clasificación:
Papeles relativos a monasterios y libros antiguos.
Sebastián señaló.
—Acá alguien empieza a mirar el contenido.
Irene preguntó:
—¿Cuándo?
La datación era amplia.
Posterior a Fernando y Juan.
Anterior a las reorganizaciones modernas.
Suficiente para demostrar que Leandro no había creado esa clasificación.
No suficiente para identificar todavía a su autor.
Mauro revisó iniciales y anotaciones.
Una se repetía.
A. V.
Junto a una certificación había escrito:
Comparar con copia de F.
En otra:
Mismos nombres, distinto orden.
Y en una tercera:
No parece propiedad. Es relación de entrega.
Sebastián se detuvo.
Aquella última anotación mostraba una comprensión notable del problema.
Quien fuese A. V. había distinguido exactamente lo que ellos llevaban días intentando separar.
Mauro preguntó:
—¿Quién es?
Leandro conocía la respuesta.
—Álvaro de Velasco.
Sebastián esperó.
—¿Qué parentesco?
—Una rama anterior de la familia. Siglo XIX.
La respuesta era suficiente.
No necesitaban desplegar genealogías que la documentación todavía no exigía.
—¿Coincidió con Almarza?
—Durante parte de sus vidas, sí.
Sebastián comprobó las fechas en los propios documentos.
Eran compatibles.
Álvaro no era Fernando.
Tampoco Juan.
Era posterior a ambos y había trabajado con materiales heredados dentro del archivo.
Mauro preguntó:
—¿Era historiador?
—No profesionalmente.
—¿Archivero?
—No.
—¿Coleccionista?
Leandro pensó.
—Tenía interés por la historia familiar y por establecer de dónde procedían los documentos. Eso es lo que puedo sostener a partir de sus notas.
Sebastián agradeció la cautela.
No quería convertir a Álvaro en un buscador secreto solo porque esa figura resultara atractiva.
Examinaron sus anotaciones.
No aparecía ninguna frase del tipo:
buscar el Códice
No había referencias a una misión familiar transmitida de generación en generación.
Había trabajo documental.
Comparaciones.
Preguntas sobre procedencias.
Intentos de averiguar cómo habían llegado ciertas copias al archivo.
Eso era suficiente.
Una hoja llevaba por encabezado:
Papeles cuya procedencia no conviene confundir con la de los libros que mencionan.
Irene miró a Sebastián.
La misma distinción.
Documento y objeto.
Álvaro parecía haber comprendido que poseer una relación monástica dentro del archivo familiar no demostraba que el manuscrito mencionado hubiera pertenecido a los Velasco.
Debajo aparecía la certificación de Fernando.
La anotación decía:
F. conserva la copia. No se sigue de ello que recibiera el volumen.
Sebastián sintió que una parte de la historia se ordenaba.
Aquel razonamiento era anterior a Leandro.
Y probablemente contemporáneo, al menos en términos generales, al trabajo de Almarza.
Mauro preguntó:
—¿Álvaro y Almarza se conocieron?
Sebastián buscó primero la evidencia.
No había cartas.
Tampoco firmas compartidas.
Solo la referencia:
lo solicitado por D. Julián de Almarza
y las notas de Álvaro sobre papeles relacionados.
Podía haber habido contacto directo.
También un intermediario.
No podían decir más.
—No está demostrado.
Leandro asintió.
—Yo tampoco pude demostrarlo.
Mauro lo miró.
—¿Lo investigaste?
—Sí. Nunca encontré una carta que lo probara.
Sebastián preguntó:
—¿Entonces ya sabías que Almarza aparecía en el archivo?
—Sabía que su nombre estaba mencionado. No comprendí cuánto podía significar hasta que ustedes reconstruyeron qué estaba buscando.
La explicación era plausible.
Una referencia aislada a un estudioso riojano podía pasar inadvertida si nadie conocía su investigación.
Irene tomó otra hoja.
Álvaro había organizado nombres según funciones:
Vieron o supieron
Recibieron
Entregaron
Conservaron copia
Mauro levantó la mirada.
—Se parece mucho al método de Almarza.
—Puede existir influencia —respondió Sebastián.
—¿De quién sobre quién?
—No lo sabemos. También pueden haber llegado ambos a categorías semejantes porque trabajaban sobre documentación que todavía conservaba las funciones.
No debían inventar una genealogía intelectual.
Sin prueba de contacto, la explicación más sencilla era que los propios documentos obligaban a establecer diferencias.
Otra nota de Álvaro decía:
Hay papeles que recuerdan el paso del libro sin haber acompañado ese paso.
Sebastián dejó la hoja sobre la mesa.
—Esto sí importa.
Mauro esperó.
—Porque demuestra que dentro del archivo Velasco alguien entendió que una parte de sus documentos derivaba de una historia material que no pertenecía necesariamente a la familia.
Irene completó:
—Conservaron memoria sin atribuirse por eso el volumen.
—Al menos estas notas dicen eso.
No convertía a la familia en heroica.
Tampoco absolvía decisiones posteriores.
Simplemente demostraba que una fase del archivo había sido trabajada con bastante conciencia de procedencia.
Leandro permanecía callado.
Finalmente dijo:
—Eso es lo que quería que vieran.
Sebastián respondió:
—Esto demuestra algo sobre Álvaro y sobre estos papeles.
—Lo sé.
—No sobre vos.
—También lo sé.
Mauro siguió con otra hoja.
Álvaro enumeraba documentos que quería confrontar:
Relación conservada en casa
Copia remitida desde monasterio
Extracto recibido de investigador
Inventario antiguo donde se repiten dos nombres
Al final:
No unir hasta comprobar procedencia de cada uno.
Sebastián casi sonrió.
La tentación era evidente.
Dos hombres que trabajaban en la misma época podían haber compartido información.
Pero todavía no podían unir sus historias.
Irene observó:
—Sí podemos decir que el archivo familiar no era simplemente un depósito de papeles. Alguien intentó comprenderlos.
Eso estaba demostrado.
Sebastián escribió:
ÁLVARO DE VELASCO: INVESTIGA PROCEDENCIA DE DOCUMENTOS FAMILIARES.
Debajo:
NO DEMOSTRADO: BÚSQUEDA DEL CÓDICE.
La segunda línea era tan importante como la primera.
Álvaro había estudiado procedencias.
Nada más podía afirmarse.