BLOQUE 2
La primera combinación significativa apareció en tres documentos que Almarza nunca había tenido físicamente reunidos.
Sebastián tardó en verla porque los nombres estaban escritos con variantes.
Una relación de Valvanera conservaba:
Martín de Arce — Diego Sánchez — F. de V.
Una copia exterior:
M. Arce — D. Sánchez — Fernando V.
Y una relación vinculada con Nájera decía:
Arce — Sánchez — Velasco
Mauro observó la secuencia.
—Parece demasiado parecido.
—Parece.
La primera cuestión era determinar si alguna versión dependía directamente de otra.
Almarza había estudiado las tres.
La de Valvanera contenía una omisión que la exterior no compartía.
La exterior utilizaba una fórmula ausente en Nájera.
La referencia de Nájera era anterior a las copias conservadas de las otras dos, aunque eso no demostraba que su fuente fuera anterior.
No existía una genealogía directa suficientemente establecida.
Irene preguntó:
—¿Entonces son tres tradiciones?
Sebastián negó.
—Son tres documentos que conservan una secuencia parecida y cuya dependencia completa no podemos reconstruir.
Mauro sonrió.
—La versión larga.
—La versión que no inventa.
Las funciones complicaban todavía más la comparación.
En Valvanera, Fernando aparecía claramente vinculado con una copia.
En la relación exterior su función estaba abreviada.
En Nájera no aparecía ninguna.
Eso podía mostrar una pérdida progresiva de contexto.
Pero no permitía afirmar que la versión más completa fuera necesariamente la más antigua.
Almarza había advertido:
No reconstruir la función antigua usando la versión que mejor convenga.
Sebastián señaló la frase.
Una versión extensa podía contener explicaciones añadidas después.
Una breve podía haber perdido contexto.
Sin una fuente más próxima, ambas posibilidades tenían que permanecer abiertas.
Mauro preguntó:
—¿Entonces para qué sirve la secuencia?
—Para demostrar que esos nombres estaban asociados documentalmente antes de algunas de las copias que hoy conservamos.
Eso ya era importante.
Si varias ramas con trayectorias diferenciadas mantenían un mismo núcleo, era razonable pensar que la asociación era anterior a su divergencia.
No sabían todavía en qué soporte.
Tampoco si alguna vez había existido una única relación que los reuniera a todos.
Pero la estructura podía ser anterior a las copias.
Irene dijo:
—Eso es lo que Almarza reconstruía.
Sebastián asintió.
No una lista perdida palabra por palabra.
Una arquitectura documental.
El segundo conjunto era todavía más revelador.
Una relación exterior conservaba:
Rodrigo de Herramélluri — Ferrán de Ojacastro — Martín de Arce
Valvanera tenía los mismos nombres, aunque una copia tardía modificaba el orden.
San Millán conservaba los dos primeros y otra fuente permitía relacionar a Martín de Arce mediante una entrega independiente.
Mauro preguntó:
—¿Cuál es el orden correcto?
—No podemos decidirlo solo por las listas.
Tuvieron que regresar a los documentos que registraban acciones.
Allí, la secuencia material podía establecerse con mayor seguridad.
La copia tardía de Valvanera parecía haber reorganizado los nombres.
Almarza lo había anotado:
La relación V. no conserva orden de tránsito. Parece agrupación posterior.
Irene dijo:
—Entonces un documento puede conservar personas verdaderas y una estructura equivocada.
—Sí.
La autenticidad debía evaluarse por componentes.
Sebastián empezó a separar:
nombre
función
orden
fecha
Cada elemento podía tener un valor diferente dentro de una misma copia.
Mauro observó.
—Vamos a terminar analizando palabra por palabra.
—Almarza estuvo muy cerca de hacerlo.
Quizá por eso consiguió depurar tanto.
La tercera combinación procedía de un archivo particular histórico.
No conocían la situación actual de aquel material.
Almarza había anotado:
Relación de nombres procedente de papeles de familia.
Entre ellos:
Pancorbo — Herramélluri — Arce — Sánchez
Faltaban Villamayor y Ojacastro.
Mauro dijo:
—Una copia abreviada.
—Probablemente.
—¿O una tradición diferente?
—Hay que mirar para qué fue hecha.
Almarza había advertido que aquella lista retenía personas asociadas a funciones más estables y omitía a varios transportistas.
El encabezado ofrecía una explicación:
Personas de quienes consta guarda o recepción.
Sebastián levantó la vista.
No era una lista de tránsito.
Era una selección funcional.
La ausencia de Villamayor y Ojacastro no demostraba que se hubieran perdido por error.
Podían haber sido omitidos deliberadamente porque la copia no pretendía conservar transportistas.
Almarza escribió:
No completar con transportistas. La lista no pretende conservarlos.
Otra vez rechazaba la tentación de perfeccionar el documento.
Sebastián empezó a comprender que las diferencias entre archivos no siempre eran un defecto.
Podían revelar la finalidad de cada copia.
Un fondo conservaba entregas.
Otro retenía nombres de responsables.
Otro certificaciones.
Una familia podía guardar relaciones útiles para justificar procedencias.
La memoria se había especializado funcionalmente.
No físicamente.
Irene dijo:
—Esto refuerza todo lo que venimos viendo.
—Sí.
El Códice no había sido repartido.
Las noticias relacionadas con su historia habían sido seleccionadas para usos distintos.
Almarza lo resumió:
No hubo que decidir conservar la historia completa. Bastó con que distintos lugares necesitaran partes distintas.
Sebastián permaneció en silencio.
La supervivencia no necesitaba un plan.
Podía surgir del uso cotidiano.
Mauro preguntó:
—Entonces la historia sobrevivió por accidente.
Sebastián negó.
—No la historia completa. Sobrevivieron partes por razones distintas.
Parte se perdió.
Otra quedó reducida.
Algunas funciones se deformaron.
Lo extraordinario era que todavía existieran suficientes fragmentos documentales para reconstruir una estructura considerable.
Irene añadió:
—Y si un archivo familiar conservó algo simplemente porque nadie lo descartó, eso también forma parte de la supervivencia.
—Claro.
La conservación privada podía ser completamente legítima y documentalmente fundamental.
Ese punto los acercaba otra vez a los Velasco.
Sebastián encontró una anotación marginal:
Comparar con copias conservadas por V.
Solo la inicial.
El contexto indicaba Velasco.
Debajo:
Puede conservar variante no presente en archivos consultados.
Mauro levantó la mirada.
—Almarza sabía que los Velasco tenían otra versión.
—Sabía que existía noticia de una variante familiar.
—¿La vio?
Sebastián buscó.
No.
No había una transcripción completa.
Solo referencias indirectas y un extracto parcial.
Irene preguntó:
—¿Qué contenía?
Sebastián localizó la nota.
Tres nombres.
Una fórmula de certificación.
Y una referencia de entrega junto a la que Almarza escribió:
No consta en mi copia.
No aparecía ningún nombre nuevo.
Pero sí una variante que no estaba en las ramas que él había consultado de manera completa.
Mauro dijo:
—Entonces el archivo Velasco podía conservar algo que él necesitaba.
—Podía.
—Y nunca lo vio entero.
—Eso parece.
La pieza todavía no permitía avanzar.
Pero el peso potencial del archivo familiar aumentaba.
Irene se quedó mirando.
—Ya no es simple curiosidad.
No.
Si la familia conservaba una tradición documental parcialmente distinta, podía haber información que no hubiera sobrevivido en los fondos institucionales.
Sebastián sintió cierta resistencia.
No hacia la evidencia.
Hacia la consecuencia.
La posibilidad de necesitar colaborar con Leandro Velasco empezaba a dejar de ser meramente hipotética.
Mauro lo notó.
—Todavía no sabemos si ese documento existe.
—Exactamente.
Irene añadió:
—Pero ya sabemos que descartar un archivo privado por ser privado sería un error metodológico.
Sebastián no discutió.
Almarza lo había expresado de manera neutral:
No despreciar procedencia privada cuando pueda conservar copia que falta en archivo público. Comprobarla con mayor cuidado, no con menor interés.
Un documento privado no valía menos por su situación actual.
Tampoco valía más.
Había que someterlo al mismo análisis.
El problema dejaba de ser si trabajarían alguna vez con documentación familiar.
La cuestión empezaba a ser cuándo resultaría necesario.