El Cuaderno de Valvanera (El Secreto de San Millán: Tomo V) CAPÍTULO 20 Entre custodios, copistas y propietarios
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CAPÍTULO 20 Entre custodios, copistas y propietarios

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Sebastián escribió tres palabras en una hoja nueva y las separó con líneas verticales.

CUSTODIA | COPIA | PROPIEDAD

Dejó el lápiz sobre la mesa.

Mauro observó el encabezado.

—Faltan los testigos.

Irene añadió:

—Y los transportistas. También quienes únicamente conservaron una relación.

Sebastián volvió a tomar el lápiz.

La clasificación empezó a crecer.

CUSTODIA

TRANSPORTE

ENTREGA

COPIA

CERTIFICACIÓN

TESTIMONIO

PROPIEDAD

CONSERVACIÓN DE NOTICIA

Cuando terminó, el esquema ocupaba casi toda la hoja.

Era exactamente el problema que Julián de Almarza había tenido que resolver antes de utilizar los nombres dispersos en distintas copias.

Hasta entonces habían corregido funciones cada vez que una fuente lo exigía. Habían aprendido a distinguir al transportista de quien asumía una entrega, al testigo de quien respondía materialmente por un objeto y a quien conservaba una copia de quien había tenido contacto con el volumen.

Ahora necesitaban aplicar ese criterio de manera sistemática.

La carta no comprobada de 1893 hablaba de un hombre que:

recibe ciertos papeles y un volumen antiguo para su remisión posterior

Incluso si algún día lograban identificarlo, el verbo recibe no bastaría para decidir qué papel había tenido.

Y cuanto más aparecían archivos familiares y documentos conservados en manos particulares, más peligroso resultaba transformar cada apellido en una presunta historia de posesión.

Sebastián abrió el Cuaderno de Procedencias.

Almarza se había encontrado con el mismo problema.

Una página llevaba por encabezado:

No todos los nombres pertenecen de la misma manera a la historia del volumen.

Debajo había organizado funciones.

Quien recibe.

Quien guarda.

Quien lleva.

Quien entrega.

Quien copia.

Quien da fe.

Quien conserva noticia.

Y separado de las demás:

Quien puede demostrar propiedad.

Mauro señaló la última.

—Ésta aparece muy poco.

—Muchísimo menos que las otras.

Almarza repetía junto a numerosos nombres:

No consta propiedad.

No era una advertencia redundante.

Cada vez que una relación tardía convertía una entrega en posesión, él regresaba a los documentos más próximos para recuperar la función original.

Irene encontró uno de los casos que ya conocían.

Martín de Villamayor.

Una relación posterior decía que había:

tenido el libro

Sin embargo, el documento más cercano a los hechos establecía:

recibe para llevar

Almarza corrigió:

Transporta. No consta guarda prolongada ni propiedad.

Sebastián colocó su nombre bajo TRANSPORTE.

Rodrigo de Herramélluri requería más cuidado.

En una copia aparecía como receptor.

Las fuentes anteriores lo vinculaban con un tránsito concreto.

No había prueba de propiedad ni de una custodia prolongada.

Sebastián escribió:

INTERVENCIÓN EN RECEPCIÓN / TRÁNSITO

y dejó cualquier función más extensa sin cerrar.

Ferrán de Ojacastro resultaba más claro.

Las expresiones:

por mano de Ferrán

y otras noticias asociadas al traslado demostraban intervención física.

No dominio.

Sebastián anotó:

TRANSPORTE / INTERVENCIÓN EN TRÁNSITO

Martín de Arce aparecía vinculado con la entrega y con una responsabilidad temporal según la relación conservada.

Sebastián lo situó bajo:

ENTREGA / RESPONSABILIDAD TEMPORAL

Llegaron a Diego Sánchez.

Mauro esperó.

Sebastián escribió:

RECIBE EL VOLUMEN EN EL TRÁNSITO DOCUMENTADO

Debajo:

PROPIEDAD NO DEMOSTRADA

Mauro observó la secuencia.

—Entonces incluso la gente que sabemos que tuvo contacto material con el libro no necesariamente fue dueña.

—Exactamente.

Ése era uno de los errores que más fácilmente podía introducir una reconstrucción retrospectiva.

Durante siglos, responsables de archivo, escribanos, portadores, particulares o instituciones podían recibir temporalmente un objeto sin adquirir por ello dominio patrimonial.

La historia de custodia era mucho más compleja que una genealogía de propietarios.

Almarza lo había escrito:

No convertir entrega en venta ni guarda en dominio.

Y debajo:

El lenguaje posterior tiende a simplificar relaciones que en su tiempo fueron funcionales.

Irene asintió.

Una frase como:

estuvo en casa de…

podía terminar convertida décadas más tarde en:

perteneció a…

El cambio era breve.

La consecuencia histórica, enorme.

Sebastián pasó entonces a Fernando de Velasco.

En la cadena material no aparecía como receptor.

Tampoco como transportista.

Ni como custodio.

La documentación segura decía:

Da fe de relación recibida. Conserva copia. No consta contacto material con el volumen.

Mauro observó.

—Dos funciones.

Sebastián escribió:

CERTIFICACIÓN

y:

CONSERVACIÓN DE NOTICIA

Nada más.

Irene dijo:

—Entonces una familia puede conservar durante generaciones documentación auténtica relacionada con el Códice sin haber tenido jamás el Códice.

Sebastián asintió.

La autenticidad de una copia no transfería al poseedor de esa copia la historia material del objeto descrito.

Almarza había anotado junto al apellido Velasco:

No introducir en cadena del volumen.

Después:

Importante para historia de las noticias.

La distinción era exacta.

Fernando pertenecía a la historia documental.

No a la ruta material demostrada.

Mauro miró el apellido.

—Y si encontramos después más papeles de los Velasco...

—Habrá que demostrar qué es cada pieza.

—Sin suponer continuidad.

—Sin suponer nada.

Que un miembro antiguo de la familia hubiera conservado una copia no demostraba que generaciones posteriores hubieran custodiado el volumen.

Mucho menos que existiera una búsqueda familiar organizada.

Almarza había escrito:

Una familia puede heredar una noticia sin haber heredado el objeto del que procede.

Irene levantó la mirada.

—Ésa es fundamental.

Sebastián la copió aparte.

A partir de allí empezaron a clasificar los nombres que aparecían en las relaciones exteriores.

No bastaba preguntar quién era una persona.

Debían establecer qué verbo utilizaba la fuente más próxima y qué objeto estaba implicado.

Si recibía algo, necesitaban saber qué.

Si lo guardaba, durante cuánto tiempo.

Si debía remitirlo, a quién.

Si existía una entrega posterior.

Si la relación era material o meramente documental.

El primer candidato figuraba en una copia como:

tenedor de papeles

Una versión tardía lo había transformado en:

tenedor del libro

La fuente anterior no permitía esa identificación.

Quedó fuera.

Otro aparecía bajo la fórmula:

Documentos recibidos de la casa de X.

Eso demostraba procedencia de los documentos inventariados.

No del volumen medieval al que podían referirse.

Almarza escribió:

Procedencia del papel moderno. No aplicar retroactivamente al libro.

Sebastián lo clasificó:

PROPIEDAD O PROCEDENCIA DE COPIA / RELACIÓN MATERIAL CON EL VOLUMEN NO DEMOSTRADA

Mauro negó lentamente.

—Ahora entiendo por qué es tan fácil fabricar una genealogía de dueños.

Irene respondió:

—Porque los apellidos sobreviven mejor que las funciones. Y porque tener un documento acaba pareciendo tener aquello de lo que habla.

Sebastián asintió.

Ese era exactamente el mecanismo.

Un archivo doméstico conservaba una relación.

El inventario registraba el apellido familiar junto a una referencia al manuscrito.

Décadas más tarde alguien unía ambas cosas.

Almarza resumió:

No seguir la propiedad por asociación nominal.

Sebastián añadió debajo:

PROPIEDAD DEL DOCUMENTO ≠ PROPIEDAD DEL VOLUMEN

La investigación empezaba a adquirir otra forma.

Menos parecida a una cadena de nombres.

Más próxima a una secuencia de funciones y responsabilidades.

Almarza había escrito:

La historia del volumen se parece menos a una genealogía que a una sucesión de responsabilidades.

Sebastián permaneció mirando la frase.

Aquello era central.

El manuscrito había atravesado el tiempo porque distintas personas habían realizado tareas concretas.

Alguien podía transportarlo.

Otro responder por una entrega.

Un tercero certificarla.

Otro conservar una copia de la relación.

Nada de aquello requería una organización clandestina.

Eran prácticas administrativas y humanas acumuladas durante siglos.

Mauro señaló el vacío posterior a Diego Sánchez.

—Entonces cuando encontremos al que sigue, la primera pregunta no será quién era.

Sebastián asintió.

—Será qué hizo.

Solo después podrían decidir qué lugar ocupaba dentro de la historia.