El Cuaderno de Valvanera (El Secreto de San Millán: Tomo V) BLOQUE 2
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La pista más sólida fuera de Valvanera apareció en un inventario.

Eso hizo que Sebastián le prestara especial atención.

No porque los inventarios fueran infalibles.

Ya sabían lo contrario.

Sino porque aquel documento había sido producido con una finalidad administrativa contemporánea a los papeles que registraba.

No intentaba reconstruir retrospectivamente una historia antigua.

La entrada decía:

Relaciones antiguas y copias de procedencias remitidas para cotejo; algunas contienen nombres de responsables de libros procedentes de casas riojanas.

Mauro preguntó:

—¿Almarza vio el inventario?

—Una copia certificada.

—¿No el original?

—No.

Otra limitación.

Pero la copia conservaba referencias suficientes para que Almarza pudiera verificar por correspondencia la existencia del asiento.

Lo más interesante estaba en el margen:

Devueltas unas relaciones. Quedan extractos.

Irene se acercó.

—Esto explica mucho.

Sebastián asintió.

Un archivo podía recibir documentación temporalmente.

Copiar lo necesario.

Devolver los originales.

Los extractos permanecían.

Décadas después, esos extractos podían parecer materiales propios del fondo aunque hubieran nacido durante una consulta provisional.

Almarza escribió:

Distinguir depósito temporal de procedencia.

Mauro sonrió.

—La misma lógica de siempre.

—Sí —dijo Irene—. Custodia temporal no equivale a propiedad, y depósito temporal no convierte un documento en originario del lugar donde fue consultado.

La nota marginal incluía una fecha.

Eso permitía establecer un momento concreto en que determinadas noticias estaban circulando fuera del fondo de origen.

No decía cuándo había salido por primera vez la información.

Pero sí demostraba que la circulación existía antes de que Almarza iniciara sus propias consultas.

Sebastián se detuvo.

—Esto es importante.

Mauro lo miró.

—¿Porque no fue él quien hizo circular los papeles?

—Exactamente.

La dispersión documental antecedía a su investigación.

Almarza se había encontrado con un proceso ya en marcha.

El inventario hablaba de copias de procedencias.

Una respuesta posterior describía su contenido:

nombres y noticias de antiguos responsables, tomados de documentos diversos.

Irene frunció el ceño.

—Otra compilación.

—Sí.

Eso exigía todavía más cuidado.

Una copia creada fuera de La Rioja podía reunir allí por primera vez materiales procedentes de ramas distintas.

Si luego alguien interpretaba esa compilación como una única tradición antigua, reconstruiría un origen falso.

Almarza había advertido:

No utilizar el lugar donde se reúnen las copias como lugar de origen de las noticias.

Sebastián anotó la frase.

No conocían todos los responsables de aquellos extractos.

Uno estaba firmado por un archivero.

Otro era anónimo.

Una tercera referencia correspondía a un estudioso particular.

La genealogía se volvía fragmentaria.

Información que viajaba.

Copias producidas para cotejo.

Documentos reunidos temporalmente.

Después la operación que explicaba el conjunto desaparecía.

Solo quedaban sus resultados.

Sebastián dijo:

—Esto es exactamente lo que después confunde las ramas.

Irene asintió.

—Porque una compilación empieza a parecer una fuente simple.

La entrada siguiente del inventario cambió el tono de la mañana:

Relación que continúa los nombres después de D. S.

Mauro levantó la cabeza.

—Diego Sánchez.

Sebastián sintió el mismo impulso.

No lo siguió.

Primero buscó la reacción de Almarza.

En el margen aparecía una anotación extraordinariamente directa:

¡Pedir copia!

Era una de las pocas veces en que la escritura del investigador mostraba entusiasmo.

Meses después, otra tinta:

Recibida referencia, no relación.

Mauro dejó escapar el aire.

La respuesta no había localizado el documento.

Solo una ficha antigua que confirmaba que aquella relación había existido.

La ficha decía:

Relación de antiguos responsables. Continúa después de Diego S. Copia.

Nada más.

No incluía nombres posteriores.

Tampoco indicaba con claridad de qué fuente procedía.

Sebastián permaneció inmóvil.

Por primera vez tenían una referencia expresa a una copia que continuaba la secuencia después de Diego Sánchez.

Pero seguían sin poseer el contenido necesario.

Irene preguntó:

—¿Puede ser lo que Almarza estaba buscando?

—Puede.

—¿Y él qué decidió?

Sebastián leyó:

Si la descripción es correcta, ésta es la primera referencia que afirma continuación expresa después de D. S. No puedo usarla sin texto.

Exactamente.

Almarza sabía que podía estar delante de la pieza necesaria para reabrir la cadena.

Pero una ficha no bastaba.

Solicitó la relación al archivo donde figuraba la referencia.

La respuesta fue:

No localizado bajo la signatura antigua.

Pidió revisar series relacionadas.

Otra respuesta:

Puede haber sido trasladado con correspondencia o papeles de procedencia.

Otra vez, reclasificación.

Nada indicaba ocultamiento.

El documento podía haber sido absorbido por otra serie durante una reorganización.

Mauro dijo:

—Siempre el mismo problema.

Sebastián asintió.

Las cosas no desaparecían necesariamente.

Cambiaban de contexto.

Y al cambiarlo perdían las palabras que permitían reconocerlas.

Almarza escribió entonces a una segunda persona.

Alguien familiarizado con aquel fondo.

La respuesta mencionaba una relación que podía corresponder a la buscada.

Pero quien escribía no la había comprobado directamente.

Irene observó:

—Entonces bajamos un escalón.

—Sí.

Habían pasado de una ficha administrativa a una noticia de segunda mano sobre un posible documento.

Eso explicaba por qué Almarza nunca incorporó la continuación a su cadena.

Aun así, la referencia cambiaba algo fundamental.

El vacío posterior a Diego Sánchez ya no era un silencio absoluto.

Existían indicios documentales de una continuación.

No bastaban para identificar un receptor.

Pero sí permitían afirmar que alguna tradición había registrado un tramo posterior.

Sebastián escribió:

DESPUÉS DE D. S.: CONTINUIDAD DOCUMENTAL PROBABLE / RECEPTOR NO DEMOSTRADO

Mauro lo miró.

—Estamos más cerca.

Sebastián pensó un instante.

—Estamos más cerca de saber exactamente qué prueba falta.

Era una formulación mejor.

Almarza ya no necesitaba revisar cientos de manuscritos semejantes.

Necesitaba localizar una relación concreta o una copia suficientemente próxima a ella.

La pregunta se había estrechado.

La respuesta seguía ausente.