El Cuaderno de Valvanera (El Secreto de San Millán: Tomo V) BLOQUE 3
51%

BLOQUE 3

El nombre que cambió la tarde no pertenecía a la cadena antigua.

Eso fue precisamente lo que hizo que Sebastián tardara en prestarle atención.

Aparecía en tres inventarios diferentes.

En uno estaba asociado a una copia de una relación antigua.

En otro figuraba como remitente de extractos.

El tercero lo mencionaba dentro de una nota de consulta.

No había sido responsable de guarda.

Tampoco formaba parte de las entregas medievales.

Era un hombre que, mucho después, había manejado papeles donde aparecían aquellos nombres.

Sebastián lo siguió porque Almarza había hecho lo mismo.

La primera anotación decía:

Recibe copia de nombres para cotejo.

La segunda:

Devuelve relación con observaciones.

La tercera:

Conserva extracto.

Mauro observó el esquema.

—Un investigador.

—Probablemente. La documentación no permite precisar mucho más.

Irene preguntó:

—¿Por qué importa?

Sebastián señaló una nota:

A través de él aparece por primera vez referencia a documento que no he localizado en archivo riojano.

Nadie habló durante unos segundos.

Ahí estaba el cambio.

La frase no decía que el Códice hubiera salido de La Rioja.

Ni siquiera decía que aquel documento demostrara un traslado físico.

Solo afirmaba que una de las ramas documentales conocidas por Almarza remitía a una fuente que no había conseguido localizar dentro de los fondos riojanos que había revisado.

Mauro se inclinó.

—¿Qué fuente?

Sebastián siguió la referencia.

Una relación de procedencia.

No un inventario genérico.

Tampoco una carta de recuerdo.

Era una relación utilizada para comprobar nombres y entregas.

La copia que Almarza conoció contenía:

Según la relación conservada fuera de esta provincia…

Mauro levantó la cabeza.

Sebastián negó antes de que hablara.

—La frase se refiere a la relación. No al volumen.

Irene añadió:

—Y tenemos que saber si “conservada” describe la situación de ese momento o si el copista reproduce una noticia anterior.

Almarza había hecho exactamente la misma observación:

Fuera se refiere al documento. No inferir situación del libro.

Pero debajo aparecía otra nota:

La relación contiene una entrega posterior que no figura en mis copias riojanas.

Sebastián se quedó sobre la frase.

Aquello sí importaba.

No porque les diera todavía un receptor.

Tampoco un destino.

Sino porque una fuente externa parecía conservar información que no aparecía en las ramas riojanas disponibles para Almarza.

Mauro preguntó:

—¿Posterior a Diego?

Sebastián revisó todas las indicaciones.

No estaba demostrado.

La entrega podía corresponder a otro tramo.

Almarza había escrito:

Comprobar cronología antes de aplicar a D. S.

Eso bastaba para detener cualquier salto.

No podían convertir una posible continuación en la continuación correcta.

Sin embargo, la existencia de esa fuente justificaba ampliar la búsqueda.

Almarza había encontrado una razón documental para mirar fuera del conjunto que venía estudiando.

No por intuición.

Por una diferencia real entre tradiciones.

En una página posterior aparecía:

Los nombres iniciales coinciden con relación conocida, pero el texto añade noticia no contenida en las copias que poseo.

Debajo:

No parece simple resumen.

Y después:

Pedir copia completa.

Mauro sonrió.

—¿La consiguió?

Sebastián pasó la página.

Recibida incompleta.

La copia terminaba antes de la sección que más interesaba.

No había indicio de ocultamiento.

La persona que había realizado el trabajo había copiado únicamente aquello que se le pidió.

Almarza tuvo que escribir otra vez.

Meses después:

Solicitada continuación.

Más abajo:

Sin respuesta.

Mauro preguntó:

—¿Nunca llegó?

—En ese momento, no.

No podían ir más allá.

Lo importante era otra cosa.

Almarza había demostrado que determinados nombres de la historia del Códice sobrevivían en relaciones conservadas fuera del núcleo documental que venía trabajando.

Y una de esas relaciones parecía contener información adicional.

Eso era suficiente para ampliar el mapa documental.

Antes de hacerlo, sin embargo, Almarza volvió sobre los inventarios riojanos.

Mauro resopló.

—Otra vez.

—Tenía que comprobar que esa información supuestamente nueva no estuviera ya acá bajo otra descripción.

Eso era método.

Antes de declarar exterior una tradición debía asegurarse de no haberla pasado por alto localmente.

Revisó variantes ortográficas.

Antiguas clasificaciones.

Inventarios reorganizados.

Correspondencia.

No encontró la relación completa.

Sí referencias parciales.

Un inventario mencionaba:

otras noticias de entregas que se hallan en copia remitida

Otro hablaba de:

relación de nombres ampliada

Una tercera referencia registraba:

extractos recibidos para confrontar procedencias

Ninguna permitía identificar la fuente original.

Sebastián comprendió hasta qué punto habían circulado los papeles.

Los archivos no solo conservaban copias.

Intercambiaban extractos.

La genealogía documental podía cruzarse una y otra vez.

Mauro dijo:

—Si intentamos seguir todas las copias, esto no termina nunca.

—No tenemos que seguirlas todas —respondió Sebastián.

Irene lo miró.

—¿Entonces cuál?

La respuesta estaba escrita por Almarza:

Seguir únicamente la copia que aporte información no explicada por una tradición ya conocida.

Ahí estaba el criterio.

Una copia puramente repetitiva podía servir para estudiar transmisión.

Pero no justificaba abrir una nueva línea de búsqueda.

En cambio, una rama que conservaba una entrega no explicada o un nombre nuevo podía merecer atención.

Mauro asintió.

—Si repite, no avanzamos.

—Exactamente.

—Si aporta algo que la genealogía conocida no explica, investigamos.

—Sí.

Eso impedía que la investigación se dispersara sin límite.

Irene permaneció callada.

Después preguntó:

—¿Y cuando una de esas copias esté en manos privadas?

Sebastián la miró.

El problema ya no parecía lejano.

En el repertorio existían referencias de ese tipo.

—La documentamos —respondió.

—Para nosotros.

—Sí.

—¿Y después?

Mauro intervino.

—Después dependerá de lo que encontremos.

Irene asintió.

—Eso es lo que quiero que decidamos antes de tener que improvisarlo.

Sebastián cerró el repertorio.

—No vamos a publicar una localización sensible sin evaluar primero las consecuencias.

Era la primera vez que formulaba el criterio con claridad.

Irene sostuvo su mirada.

—Con eso me alcanza por ahora.

Volvieron a la referencia exterior.

Almarza había escrito:

No abandonar los inventarios locales. Si la relación externa es verdadera, alguno de sus nombres debería haber dejado eco aquí.

Buscaron uno.

Aparecía en un inventario tardío de papeles riojanos.

Estaba aislado.

Sin función.

Sin entrega.

Hasta entonces carecía de contexto.

La copia externa permitía entender por qué podía resultar importante.

Mauro levantó la vista.

—Entonces se confirman.

Sebastián negó.

—Se iluminan mutuamente. Para hablar de confirmación necesitamos demostrar independencia.

Mauro soltó una breve risa.

—Sabía que ibas a decirlo.

Pero ésa era la diferencia.

El mismo nombre aparecía en dos lugares.

Lo importante era averiguar si una referencia derivaba de la otra.

Almarza había escrito:

Comprobar dependencia. Si es distinta, la noticia sale del ámbito riojano antes de mi búsqueda.

La frase era importante.

No decía que el Códice hubiera salido.

Decía que su memoria documental podía haber circulado fuera mucho antes de que Almarza empezara a investigarla.

Sebastián cerró el cuaderno.

La búsqueda había llegado a un punto nuevo.

Hasta entonces habían trabajado principalmente desde Valvanera y los materiales que Almarza había reunido alrededor de tradiciones riojanas.

Ahora una de aquellas ramas exigía mirar más allá.

Todavía no había una nueva localidad material.

Tampoco un receptor.

Solo un documento cuya información no podía explicarse cómodamente mediante las copias conocidas.

Irene señaló el esquema.

Una rama se extendía hacia el borde de la hoja y terminaba en una interrogación.

—Esto es lo que me preocupa.

Sebastián creyó que volvía a hablar de los particulares.

Ella negó.

—Cada rama puede abrir otras diez.

—Por eso vamos a seguir únicamente las que cambien la procedencia o aporten información nueva.

Mauro asintió.

—No vamos a reconstruir medio archivo europeo por curiosidad.

Irene aceptó el criterio.

Por ahora.

La última nota de Almarza estaba escrita junto a aquella referencia que se apartaba del conjunto principal:

No sé todavía si esta noticia conduce al volumen o solamente a otra copia. Pero es la primera que me obliga a mirar fuera de los inventarios que he seguido hasta ahora.

No había destino.

Tampoco una nueva estación física.

Solo el comienzo de un movimiento documental que exigía ser investigado.

Durante años Julián de Almarza había reconstruido el pasado del Códice estudiando los lugares donde su memoria permanecía depositada.

Ahora una de esas memorias empezaba a señalar más allá.

Y Sebastián comprendió que la pregunta ya no era únicamente cuánto había conseguido saber aquel hombre.

La verdadera pregunta empezaba a ser hasta dónde había sido capaz de seguir la información antes de que las fuentes volvieran a cerrarse.