El Cuaderno de Valvanera (El Secreto de San Millán: Tomo V) BLOQUE 3
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Por la tarde compararon una copia vinculada con San Millán y otra conservada en Valvanera.

Hasta entonces las habían considerado testimonios separados.

Compartían nombres.

Pero el orden era diferente.

Las fórmulas tampoco coincidían.

Una conservaba una fecha ausente en la otra.

La cuestión era establecer si una derivaba de la otra.

En el repertorio aparecía primero:

V. puede proceder de S.M.

Meses después:

No hallo fórmula común suficiente.

Y finalmente:

La omisión de dos nombres en S.M. que aparecen en V. impide suponer copia directa salvo fuente más extensa.

La conclusión de Almarza era cuidadosa:

Mantener tradiciones separadas. No afirmar independencia absoluta.

Irene asintió.

Era exactamente la formulación necesaria.

No podían demostrar independencia total.

Pero tampoco podían reducir una a una copia directa de la otra.

Mauro preguntó:

—¿Y qué ganamos con eso?

Sebastián respondió:

—Que las coincidencias pesan más que si una fuera simplemente reproducción de la otra.

Compararon.

Varios nombres coincidían.

Otros aparecían en una sola tradición.

La información se solapaba sin ser idéntica.

Eso podía explicarse si ambas derivaban, directa o indirectamente, de una fuente más amplia.

Almarza había dibujado un pequeño esquema.

En la parte superior:

?

Debajo dos líneas:

S.M.

V.

Y entre ambas:

¿Relación anterior común?

Sebastián observó.

Almarza todavía no había escrito Códice.

Después añadió:

Si procede de una relación asociada al volumen, ambas pueden conservar selecciones distintas de la misma memoria.

Ahí estaba la explicación.

No necesitaban imaginar una copia completa enviada a distintos lugares.

Podía haber existido una relación anterior de la que cada tradición seleccionó información.

Después siguieron historias archivísticas diferentes.

Irene dijo:

—Entonces sobrevivió información reproducida de manera desigual.

—Exactamente.

Mauro contempló las dos hojas.

—Si perdemos una rama, desaparece todo lo que solo estaba allí.

—Sí.

La repetición protegía parte de la memoria.

La selección también la erosionaba.

Almarza había escrito:

La repetición permitió conservar. La selección hizo perder.

Sebastián no añadió nada.

La frase era suficiente.

Otra tradición procedía de Nájera.

Su función era distinta.

No pretendía conservar una lista completa.

Certificaba un tramo concreto.

Sin embargo, uno de sus nombres coincidía con las otras ramas.

Almarza anotó:

Convergencia útil si se demuestra que N. no depende de ellas.

Había investigado.

La forma documental era diferente.

También la fecha.

No encontró evidencia de dependencia directa.

Eso no demostraba independencia absoluta.

Pero permitía tratarla como una posible línea distinta.

Sebastián colocó las tres tradiciones sobre la mesa.

San Millán.

Valvanera.

Nájera.

Mauro preguntó:

—¿Esto ya es una red?

Sebastián negó.

—No me gusta esa palabra.

Una red sugería diseño.

Aquello podía explicarse mejor como supervivencias documentales nacidas de funciones diferentes.

Líneas que habían conservado información coincidente sin obedecer a una estructura central.

Mauro preguntó:

—Entonces ¿podemos decir que la información se distribuyó?

Sebastián tardó un instante.

—Podemos decir que determinadas noticias relacionadas con el volumen fueron copiadas en documentos diferentes y siguieron trayectorias distintas.

Mauro sonrió.

—La versión larga.

Irene respondió:

—La demostrable.

Sebastián sabía que ya tenían base suficiente para formularlo de manera más simple.

Tomó una hoja.

Escribió:

EL CÓDICE NO FUE DIVIDIDO.

Debajo:

SU INFORMACIÓN FUE COPIADA.

Los tres permanecieron mirando.

Esta vez Irene no objetó.

No existía evidencia de una mutilación deliberada destinada a repartir el manuscrito.

Sí existían pruebas suficientes de reproducción selectiva de información.

Nombres.

Entregas.

Descripciones.

Referencias de procedencia.

Mauro preguntó:

—¿Copiada para sobrevivir?

Sebastián negó.

—No siempre ésa fue la intención.

—Pero sobrevivió porque fue copiada.

—Sí.

Irene tomó el lápiz y añadió:

COPIADA PARA USARSE. CONSERVADA PORQUE FUE COPIADA.

Sebastián leyó.

Era mejor.

La información había sido extraída por necesidades inmediatas.

El tiempo convirtió aquellas copias en supervivencia.

La búsqueda cambiaba otra vez.

Ya no necesitaban demostrar únicamente que existían versiones documentales.

Debían reconstruir qué dependía de qué y qué información había quedado atrás cuando el volumen continuó su recorrido.

Antes de cerrar el repertorio, Sebastián encontró una última anotación:

El libro pudo alejarse. La noticia quedó en más de un lugar.

Debajo:

Seguir ahora lo que quedó.

Sebastián permaneció mirando las palabras.

La cadena física continuaba rota después de Diego Sánchez.

Pero por primera vez la dispersión documental dejaba de parecer un obstáculo y empezaba a convertirse en una vía de investigación.

No estaban buscando fragmentos de un libro.

Buscaban documentos que habían retenido distintas partes de su historia mientras el manuscrito seguía existiendo como un único volumen.

Irene guardó las reproducciones.

—A partir de ahora va a ser más delicado.

Sebastián preguntó:

—¿Por las procedencias?

—Porque cuanto más reconstruyamos, más fácil será identificar documentos que quizá nadie haya relacionado todavía.

La preocupación seguía siendo la misma.

Investigar y publicar no eran actos idénticos.

Sebastián no respondió.

Todavía no necesitaban resolverlo.

Apagaron las lámparas.

La hoja permaneció unos segundos sobre la mesa.

EL CÓDICE NO FUE DIVIDIDO.

SU INFORMACIÓN FUE COPIADA.

Parecía una conclusión sencilla.

En realidad cambiaba el sentido de todo lo que habían encontrado.

No buscaban piezas arrancadas de un manuscrito perdido.

Buscaban las huellas que personas diferentes habían copiado mientras ese volumen todavía podía ser reconocido.

Y gracias a decisiones ordinarias, parciales y separadas entre sí, una historia que pudo desaparecer casi por completo había conseguido sobrevivir.