CAPÍTULO 12 Información copiada para sobrevivir
BLOQUE 1
La frase apareció en una hoja que Julián de Almarza había señalado con una raya vertical.
No tenía encabezado.
Tampoco parecía escrita como una conclusión destinada a ser recordada.
Decía:
No se conserva siempre el libro. A veces se conserva lo que alguien necesitó copiar de él.
Sebastián permaneció varios segundos sobre la hoja.
Mauro habló primero.
—Ahí está.
Sebastián negó.
—Ahí está una parte.
Irene se acercó.
—¿Qué falta?
—Demostrar que eso ocurrió con este volumen y no solamente como una observación general.
Ese era el punto.
Habían encontrado inventarios, relaciones de entrega y copias conservadas lejos del lugar donde se encontraba el manuscrito. Cada pieza sugería que la memoria documental del volumen podía viajar por caminos diferentes.
Pero sugerir no bastaba.
Necesitaban reconstruir cómo había sucedido.
El repertorio menor contenía un grupo de referencias que Almarza había reunido bajo una expresión:
copias de utilidad
Sebastián tomó la primera.
Era una relación breve.
No reproducía un texto literario.
Tampoco oraciones ni pasajes extensos.
Solo nombres.
Algunos estaban acompañados por fechas parciales o fórmulas de entrega.
Almarza anotó:
No es copia del libro. Es copia de noticias contenidas o conservadas con él.
Irene leyó dos veces.
—Esto es fundamental.
Sebastián asintió.
Quien había producido aquella hoja no había transcrito el Códice.
Había seleccionado información.
Mauro preguntó:
—¿Para qué?
La propia relación ofrecía la respuesta:
Para memoria de antiguas entregas.
Nada más.
No hacía falta imaginar una finalidad oculta.
Era administración.
Alguien necesitaba recordar quién había recibido ciertos materiales.
Copiaba los nombres.
El volumen podía seguir circulando.
La hoja quedaba.
Irene observó:
—Y si después el libro desaparece de la clasificación, esa hoja puede seguir existiendo.
—Exactamente.
El mecanismo era sencillo.
Precisamente por eso resultaba convincente.
La segunda copia había surgido por otra necesidad.
Decía:
Extractados los nombres que pueden servir para comprobar procedencia de ciertos papeles.
Mauro levantó la vista.
—No sirve para recordar una entrega.
—No —respondió Sebastián—. Sirve para identificar otra documentación.
Una noticia relacionada con un volumen podía terminar en otro expediente porque era útil para reconocer papeles diferentes.
Al separarse del objeto original adquiría una vida propia.
Almarza había escrito:
La copia puede sobrevivir por la utilidad que adquiere fuera de su primera función.
Sebastián leyó la frase en voz alta.
Irene apoyó una mano sobre la mesa.
—Ahí empieza a explicarse por qué encuentra nombres en lugares tan distintos.
La tercera hoja era todavía más clara.
Relación copiada para cotejar una entrega dudosa.
El copista había seleccionado algunos nombres y una descripción breve del volumen.
Nada más.
No necesitaba más.
Mauro dijo:
—Entonces no hay una razón única para copiar.
—Exactamente.
Unas copias podían cumplir una función administrativa.
Otras servían para cotejar una entrega.
Algunas ayudaban a identificar papeles.
El resultado acumulado era la supervivencia de información.
No porque alguien hubiera diseñado un sistema para conservarla durante siglos.
Porque necesidades diferentes habían producido documentos distintos.
Fray Julián, desde San Millán, respondió cuando recibió las imágenes:
—Eso sigue pasando. Una copia se hace para resolver un problema concreto y termina años después dentro de otro expediente, separada del motivo original.
Irene asintió.
El mecanismo no tenía nada de extraordinario.
Lo extraordinario era lo que podía ocurrir después de siglos.
Sebastián volvió al repertorio.
Encontró:
No buscar una decisión única de conservar. Buscar decisiones distintas de copiar.
Se detuvo.
La frase cambiaba la perspectiva.
Hasta entonces podían imaginar una decisión consciente destinada a proteger la memoria del Códice.
Almarza proponía algo mucho más realista.
Actos separados.
Finalidades inmediatas.
Mauro preguntó:
—¿Y cuándo se transforma todo eso en supervivencia?
Sebastián lo miró.
—Después.
—¿Después de qué?
—Después de que pasan los siglos y podemos ver juntas las copias.
En el momento de producirlas, probablemente nadie pensaba en preservar una historia remota.
La supervivencia era el efecto acumulado.
No necesariamente la intención.
Irene añadió:
—Y por eso ninguna copia tenía por qué ser completa.
Sebastián asintió.
Quien necesitaba comprobar una entrega podía copiar nombres y fecha.
Otro podía conservar únicamente características materiales.
Una persona interesada en responsables preservaba apellidos.
Cada documento seleccionaba.
El repertorio estaba lleno de ejemplos.
Una hoja conservaba varios nombres.
Otra menos, pero añadía una fecha.
Una relación describía el volumen sin mencionar personas.
Otra registraba entregas y omitía localidades.
Mauro observó el conjunto.
—Por eso parecen fragmentos.
Sebastián corrigió:
—Fragmentos de información.
—No del libro.
—Exactamente.
La distinción debía quedar establecida de una vez.
No tenían evidencia de que el Códice hubiese sido cortado para repartirlo.
Lo que se había dispersado era la información relacionada con él.
Almarza lo expresó sin ambigüedad:
Las copias parciales no indican mutilación del original. Indican selección de información.
Sebastián sonrió.
Ahí estaba.
Durante unos segundos nadie avanzó.
La implicancia era enorme.
Todo aquello que habían encontrado durante meses podía empezar a explicarse sin conspiraciones y sin imaginar operaciones de ocultamiento.
Prácticas ordinarias habían permitido que parte de la memoria documental sobreviviera incluso cuando el volumen dejó de ser reconocible.
Mauro preguntó:
—Entonces si queda una sola copia...
—Sobrevive únicamente aquello que esa copia conservó.
—Y todo lo demás puede perderse.
—Sí.
Almarza también había advertido eso.
En el margen de otra hoja:
Lo que no fue copiado puede haberse perdido aunque el libro haya sobrevivido.
Irene levantó la vista.
—Eso cambia la relación entre original y copia.
Sebastián asintió.
El manuscrito podía seguir existiendo y haber perdido hojas o añadidos que una copia antigua todavía preservaba.
También podía suceder lo contrario.
El original conservar información nunca reproducida.
No existía una jerarquía simple en la que todo lo útil estuviera necesariamente en el original actual.
La relación era histórica.
Fray Julián escribió desde San Millán:
Una copia puede terminar siendo el único testimonio de un estado anterior del original.
Sebastián volvió al repertorio.
No despreciar copia por ser copia. Averiguar qué conoció su autor.
Aquella frase era esencial.
Una copia no valía por ser más o menos antigua en abstracto.
Valía por aquello que había visto su autor, por el momento en que había sido producida y por la función que había cumplido.
Irene observó los papeles.
—Entonces para reconstruir esta historia no alcanza con leer las copias.
—No.
—Tenemos que reconstruir de qué dependía cada una.
—Exactamente.
Eso iba a complicar el trabajo.
También podía hacerlo mucho más preciso.