CAPÍTULO 18 La entrega
Poco después de las seis del lunes, Control Corporativo entregó una relación de incidencias y fijó las seis de la tarde del miércoles como plazo.
Cada área debía responder por separado sobre sus competencias y actuaciones e identificar los documentos que respaldaban cada decisión.
Los registros técnicos, las operaciones comparables y buena parte de la documentación económica ya estaban preservados; ahora cada responsable tendría que dejar por escrito qué reconocía como propio.
El nombre de Poza aparecía junto a validaciones, una incidencia de Facturación y un anexo remitido por Orbe. Nada demostraba todavía quién había ordenado las regularizaciones, pero él tendría que explicar qué había hecho y qué instrucciones había recibido.
En el aparcamiento, Ramírez propuso revisarlo juntos al día siguiente.
—Mañana contestamos cada uno lo que le han pedido —dijo Poza.
—No podemos enviar versiones incompatibles.
—Entonces procura que la tuya sea compatible con los documentos.
El martes, Ramírez pidió copias y propuso dos reuniones.
Poza rechazó ambas porque no figuraban en ninguna convocatoria formal.
El miércoles exigió que cualquier petición llegara por correo: quería fecha y remitente para decisiones que durante años habían circulado entre departamentos sin dejar ese rastro.
El miércoles, a las seis de la tarde, venció el plazo fijado por Control Corporativo.
Las respuestas llegaron por separado a la sede de Asterión Spain y los auditores empezaron a cruzarlas con los registros, contratos y comunicaciones que ya tenían preservados.
Algunas diferencias podían explicarse por errores de archivo, documentos incorporados tarde o fechas trasladadas entre sistemas; otras empeoraban al leer las alegaciones por separado.
Compras negaba haber tramitado determinados anexos, Facturación vinculaba ejecuciones a comunicaciones previas de Dirección, Financiera aportaba pagos a Orbe sin asumir la causa operativa y Ramírez describía como delegadas decisiones que otros departamentos situaban en su despacho.
El jueves trabajaron sobre esas contradicciones durante toda la jornada.
Ya conocían el recorrido de las seis operaciones y Adriana pidió que no volvieran a reconstruirlo.
Quería una relación precisa de lo que seguía sin explicación, quién conservaba capacidad para modificar expedientes y qué preguntas exigían salir de los sistemas de Asterión.
A media tarde, Control Corporativo entregó el informe de situación a Adriana y José Luis Medina.
La convocatoria extraordinaria del Consejo salió antes de terminar la jornada.
***
El viernes, mientras desayunaban, llegó la citación de Recursos Humanos para revisar su situación funcional.
La citaban el lunes a la una y Ana asistiría con ella.
Nuria reenvió el correo a su abogada, dejó el teléfono junto a la taza y terminó el café.
Miguel leyó el asunto desde el otro lado de la mesa.
—¿Quieres hablar de eso?
—A las seis y cuarto de la mañana, no.
—Perfecto.
Él volvió a la prensa económica que estaba leyendo en la tableta y Nuria terminó la tostada. Asterión podía esperar hasta que ambos hubieran tomado café.
Nuria percibió el cambio sin saber qué estaba ocurriendo en las plantas de Dirección.
Algunas conversaciones se interrumpían al entrar ella, determinados responsables habían empezado a contestar por correo preguntas que antes resolvían en un pasillo y cualquier mensaje relacionado con Santacruz parecía pasar por dos personas antes de llegar a su destinatario.
Su situación, sin embargo, seguía sin resolverse.
Poco después, Eva la encontró en el vestuario terminando de recogerse el pelo.
—Te han quitado la vascular.
—Ya lo he visto.
—Estabas programada hasta ayer.
—Eso también lo he visto.
Eva cerró la taquilla con más fuerza de la necesaria y le preguntó si pensaba hablar con Neus. Nuria negó con la cabeza. Neus sabía leer la planificación y, si quería explicar el cambio, no necesitaba que nadie se lo señalara.
—Antes te habrías plantado en su despacho.
—Antes pensaba que una explicación podía cambiar algo. Hazme una foto de la versión de ayer y otra de esta.
—Ya las tengo.
—Envíamelas, por favor.
Nuria guardó el teléfono y levantó los brazos para terminar la coleta.
El tirón de la nuca bajó hacia el hombro derecho.
Llevaba varios días despertándose dos o tres veces por noche y alguna mañana había tenido que abrir y cerrar la mandíbula antes de levantarse porque le dolía de apretarla mientras dormía.
Eva la había visto masajearse el cuello durante toda la semana y no dijo nada; se limitó a sacar el móvil y comprobar que las fotografías habían salido bien.
Nuria se las mandó a Ana y continuó con el turno.
Durante los primeros meses, cada llamada de Recursos Humanos le había estropeado una tarde y cualquier frase de Neus terminaba ocupando una conversación entera con Miguel.
Ahora guardaba el correo, anotaba la hora, se lo enviaba a Ana y seguía trabajando.
Había aprendido a no regalarles el resto del día, aunque al acabar el turno el cuello seguía rígido y la mandíbula le dolía.
***
Ese mismo viernes a las ocho y media, el Consejo se reunió con José Luis Medina, Adriana, Voss y los responsables de Control Corporativo.
Nadie de Asterión Madrid participó en aquella primera sesión.
El informe de situación era breve en comparación con sus anexos: actuaciones de Facturación precedidas por comunicaciones de Dirección, documentos fuera del circuito habitual de Compras, versiones incompatibles de una misma operación y pagos a Orbe cuya justificación no quedaba cubierta por los servicios acreditados.
El presidente preguntó por la exposición económica.
Adriana podía cuantificar las operaciones revisadas, no cuántas más podían responder al mismo patrón ni qué parte de los importes correspondía a servicios reales.
Aethel mantenía Santacruz bloqueado y había abierto comprobaciones sobre otras dos reclamaciones.
Si aparecían más, Asterión tendría que afrontar devoluciones, revisiones históricas y nuevas reclamaciones.
—¿Podemos seguir ampliando la auditoría? —preguntó la consejera delegada.
—Podemos seguir dentro de nuestros sistemas —respondió uno de los auditores—. En cuanto necesitemos cuentas o movimientos de terceros, se acabó.
Medina concretó el límite: la compañía podía revisar contratos, correos, usuarios y pagos propios, pero no cuentas externas, movimientos entre terceros ni sociedades fuera del grupo. Tampoco podía seguir el dinero una vez saliera de Asterión.
—¿Hay hechos con relevancia penal? —preguntó el presidente.
—Hay hechos que debemos comunicar —respondió Medina—. La calificación la hará quien corresponda. Nuestra obligación es preservar lo que tenemos y explicar qué hemos encontrado.
Control Corporativo confirmó que estaban protegidos los registros, las alegaciones, las versiones anteriores, los contratos, los anexos y la documentación económica.
Orbe y Helix quedaban cubiertas hasta donde alcanzaban los archivos de Asterión.
Medina recomendó limitar de inmediato las facultades de quienes podían modificar expedientes y preparar la remisión a la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal.
El presidente cerró la carpeta.
—Quiero a Ramírez, Poza y Pérez aquí a las doce y media.
—¿Les adelantamos las conclusiones? —preguntó Adriana.
—La parte que les afecta. Lo demás saldrá con el expediente.
Las convocatorias salieron por separado antes de las diez.
A las doce y veinte, Francisco Pérez atravesó el vestíbulo de la sede central con una libreta bajo el brazo.
Ramírez llegó pocos minutos después; Poza fue el último y conservó el abrigo puesto cuando una asistente los condujo hasta la planta del Consejo.
El presidente empezó por Pérez. El informe no lo vinculaba con ninguna actuación irregular y dejaba constancia de que había ordenado preservar los registros.
Desde ese momento asumiría la supervisión económica y administrativa de las áreas afectadas: Facturación, Compras, relaciones con los proveedores implicados y los expedientes revisados.
Cualquier decisión en esas materias necesitaría su conformidad y la de la central.
—Francisco depende de Dirección General —dijo Ramírez.
—En esas materias, desde hoy depende también de la central.
La resolución de Ramírez situaba a Dirección General en la aprobación de anexos, en comunicaciones con Orbe y antes de determinadas actuaciones de Facturación.
Parte de sus alegaciones no encajaba con documentos conservados en otros departamentos.
Quedaba apartado de cualquier decisión económica, contractual o administrativa relacionada con los expedientes revisados; no podría autorizar movimientos en Facturación o Compras ni contactar en nombre de Asterión con Orbe o Helix.
Además, se abría un expediente interno sobre su actuación.
Ramírez dejó terminar al presidente.
—¿Sigo siendo director general?
—Sí, con esas competencias intervenidas.
—Llevo doce años dirigiendo Asterión Madrid. He levantado actividad, equipos, contratos y resultados. ¿Van a intervenir el hospital por seis expedientes?
Adriana apoyó la mano sobre la carpeta.
—Estamos protegiendo al grupo frente a un riesgo que usted no ha podido explicar y que aún no podemos cuantificar. Su trayectoria no responde por lo que falta en estos documentos.
El presidente pasó a Poza. Sus validaciones, instrucciones a personal de Facturación y comunicaciones relacionadas con Orbe constaban en los registros; también constaban correos que situaban algunas decisiones antes de su intervención.
—Entonces saben que las órdenes no nacían siempre en Facturación —dijo Poza.
—El informe lo recoge.
—¿Y aun así?
El presidente le comunicó el cese como responsable de Facturación, la apertura de expediente disciplinario y la revocación de sus credenciales.