CAPÍTULO 14 La corrección
La factura rectificada llegó el miércoles siguiente a las siete y cincuenta de la mañana.
Miguel llevaba media hora en CRT y aún no había entrado el primer paciente.
Abrió el correo de Asterión desde el ordenador del despacho, descargó el documento y lo comparó con la versión que Aethel había bloqueado la semana anterior.
Conservaba el número, la fecha y los datos de Álex Santacruz, pero la endoprótesis y el introductor habían desaparecido del detalle, con lo que el importe total se reducía en diecisiete mil cuatrocientos ochenta euros.
Al pie de la segunda página, una nota atribuía la modificación a un «error de imputación de material».
No mencionaba que ambos dispositivos habían regresado intactos a Helix ni explicaba cómo había acabado en la factura una endoprótesis que no salió de su embalaje y cuyo identificador individual aparecía después en el expediente de otro paciente.
Miguel reenvió el mensaje a Jaime y a Laura, guardó el correo original y abrió las propiedades del archivo. La rectificación había sido creada la tarde anterior, seis días después de que Asterión recibiera la documentación remitida por CRT y el justificante de devolución.
Jaime llamó antes de que terminara de organizar las dos versiones.
—No contestes.
Miguel puso el teléfono en altavoz.
—Buenos días.
—Los tendrás cuando dejes de intentar estropearme pruebas.
—Solo he abierto el correo.
—Guarda la cabecera completa, el adjunto y las propiedades del archivo. Laura hará lo mismo.
Miguel volvió a leer la nota.
—Han retirado exactamente los dos conceptos del memorando que enviamos a Aethel.
—Eso acredita que vuestro memorando era correcto. No convierte la nota al pie en una explicación.
—Han reconocido un error.
—Han emitido una factura nueva. No han explicado por qué hicieron la anterior ni quién autorizó los cargos.
—Aethel conserva ambas.
—Y pedirá una explicación a Asterión Madrid. Nosotros no vamos a facilitarles una salida llamándolo confusión administrativa.
Miguel dejó la taza junto al teclado.
—¿Qué quieres que hagamos?
—Conservar. Laura debe pedir a la aseguradora que confirme por escrito que recibió la primera versión antes de la rectificación y que el bloqueo se mantiene hasta que Asterión aclare la duplicidad. También necesitamos la fecha de emisión de cada documento y cualquier respuesta del hospital.
—¿Y el registro de quién corrigió la factura?
—Lo pediremos cuando exista una vía que obligue a entregarlo. De momento, que no sepan cuánto queremos saber.
—No somos idiotas, Jaime.
—Por separado, no. Juntos os venís arriba.
Miguel oyó movimiento en la recepción. Laura había llegado y hablaba con una de las administrativas.
—Ana presenta hoy el requerimiento de Nuria —dijo Jaime—. La factura queda fuera.
—No pensaba mezclarlo.
—Te llamo cuando conteste Aethel.
Jaime colgó. Laura entró mientras Miguel dejaba el teléfono sobre la mesa. Llevaba el uniforme de la clínica, el pelo recogido y una carpeta bajo el brazo.
—Así que han aprendido a restar.
—Diecisiete mil cuatrocientos ochenta —dijo Miguel.
—Lo he visto en el correo. La aseguradora ya tiene las dos versiones y mantiene bloqueado el expediente completo.
Laura dejó sobre la mesa la confirmación de Aethel. La aseguradora había solicitado a Asterión el origen de la primera imputación, el historial de modificaciones y una explicación sobre la repetición del identificador.
—Facturación de Asterión ha pedido que sustituyan el archivo anterior —dijo Laura—. La aseguradora se ha negado.
—¿Han contestado algo más?
—Una línea. «Rogamos consideren válida la versión rectificada».
Miguel leyó de nuevo la nota al pie.
—¿Quién firma?
—Enrique Poza. Responsable de Facturación.
—Que Jaime lo incorpore.
—Ya lo tiene, corazón.
Laura recogió la confirmación de Aethel y la guardó en la carpeta.
—¿Las consultas de esta semana? —preguntó Miguel.
—Se mantienen. La aseguradora que debía renovar el acuerdo el viernes quiere esperar a que se cierre Santacruz.
Miguel conocía la facturación anual de aquel contrato, pero Laura le dio la cifra antes de que la pidiera.
—También está en el informe de pérdidas —añadió—. Rubén y Héctor ya lo tienen.
El primer paciente esperaba ya en la recepción. Miguel cerró los dos informes y abrió la historia clínica de la consulta.
—Cuando llegue algo de Asterión, me avisas.
—Eso hago desde antes de que aprendieras a firmar sin perder el bolígrafo.
Miguel le lanzó una bola de papel mientras salía.
Abrió el grupo que compartía con Nuria y Sofía, lo cerró y buscó la conversación con Nuria.
«Asterión ha rectificado la factura. Han retirado la endoprótesis y el introductor: 17.480 euros. Aethel conserva las dos versiones y mantiene el bloqueo».
Pulsó el botón de enviar y llamó al primer paciente.
***
Nuria leyó el mensaje durante un descanso en esterilización. Llevaba desde las ocho revisando cajas de suturas y comprobando fechas de caducidad. La tarea era necesaria; asignársela durante otra jornada completa después de casi un mes lejos de las intervenciones complejas era una decisión distinta.
Respondió con un «Vale» y guardó el teléfono.
Ana le había enviado a primera hora la versión definitiva del requerimiento laboral, que pedía los criterios asistenciales de las reasignaciones, el alcance de sus permisos en el módulo económico y la identidad de quien había resuelto la solicitud de acceso; también exigía que cesara cualquier medida vinculada a sus reclamaciones o a la relación personal con Miguel Cortés.
El escrito evitaba la palabra castigo y se limitaba a ordenar fechas.
A las cuatro y diez, Nuria terminó de contar por segunda vez las cajas de suturas del armario nueve. El resultado coincidía con el primero: ciento cuarenta y tres unidades repartidas entre seis calibres y tres envases próximos a la fecha de caducidad.
Entregó la hoja a la coordinadora de esterilización.
—Falta tu firma.
—He hecho el recuento. No he supervisado el inventario.
—Firma quien lo hace.
Nuria tachó «supervisión», escribió «recuento físico» y firmó junto a la corrección.
La coordinadora revisó el cambio.
—No hacía falta.
—Entonces no dará problemas.
Dejó el bolígrafo y comprobó la hora. Su turno había terminado hacía diez minutos.
—¿Mañana dónde estoy asignada?
—Todavía no me han enviado el cuadrante.
—Dijeron que lo recibiría hoy.
—Habla con tu supervisora.
Nuria se quitó la bata que llevaba sobre el uniforme y la dejó en el contenedor de ropa. La puerta de la central se abrió antes de que llegara a ella. Su supervisora entró con una carpeta pegada al pecho.
—Te estaba buscando.
—Llevo aquí desde las ocho.
—Necesito que vengas al despacho.
—Mi turno ha terminado.
—Serán cinco minutos. Registra la salida cuando acabemos.
Subieron en el montacargas destinado al personal y al material limpio.
La supervisora no mencionó la reasignación ni preguntó cómo había transcurrido el día.
Al llegar a la planta quirúrgica, salió primero y caminó hacia el control.
Dos enfermeras conversaban junto a los monitores; una calló al ver acercarse a Nuria y la otra fijó la vista en la pantalla.
Ya en el despacho, la supervisora abrió la carpeta y extrajo una hoja con el encabezamiento de Sistemas. El documento registraba la solicitud de acceso al módulo económico del episodio de Santacruz, la hora exacta y el rechazo del sistema.
—Desde hoy debes abstenerte de consultar cualquier registro relacionado con esa intervención salvo autorización expresa de Dirección.
—¿Desde hoy?
La supervisora repasó el texto.
—Es lo que pone.
—Entonces ayer no existía esa instrucción.
—Sistemas rechazó el acceso.
—Eso ya lo sé. Quiero saber quién decidió que no pudiera consultar un registro relacionado con una intervención en la que participé.
—No voy a discutir la redacción.
Nuria extendió la mano.
—Dame una copia.
—Te llegará por correo.
—¿Incluye quién resolvió la solicitud?
—No dispongo de esa información.
—¿Y quién firma esta instrucción?
La mujer cerró la carpeta.
—No hace falta documentar cada conversación.
—Depende de lo que afirméis después que ocurrió.
—Nadie está preparando nada contra ti.
Nuria apoyó el bolso sobre la silla.
—Me habéis apartado de las intervenciones complejas, enviado a procedimientos menores y después a esterilización. Ahora me llamas fuera de mi turno para advertirme por consultar un registro vinculado a mi intervención. No necesito interpretar nada.
—Esterilización no es un castigo.
—No he dicho que lo sea. Llevo un mes haciendo tareas que no corresponden a mi experiencia habitual.
—Son necesidades organizativas.
—¿Qué necesidad cubría hoy que no estuviera cubierta antes de que llegara?
La supervisora cerró la carpeta.
—Mañana continuarás aquí. El cuadrante aparecerá esta tarde.
—Envíame también la instrucción sobre Santacruz.
—Hablaré con Dirección.
—Hazlo.
Nuria salió del despacho a las cuatro y treinta y dos. Antes de entrar en el vestuario fichó la salida, fotografió la pantalla y registró la hora en el teléfono. Eva se cambiaba junto a las taquillas y esperó a que la puerta se cerrara para hablar.
—Se comenta que estás copiando documentación del hospital.
Nuria dejó la bolsa sobre el banco.
—¿Quién lo comenta?
—Lo he oído en Reanimación. Hablan de cuadrantes, de facturas, de informes que te llevas a casa.
—Los cuadrantes son míos. El informe me lo enviaron ellos.
—Ya lo sé. Por eso te lo cuento.
Eva se puso el jersey.
—¿Sabes dónde empezó?
—Clara dice que lo oyó en la cafetería. Después, nadie sabe nada.
—Vale.
—Puedo preguntar.
—Solo si no te complica el trabajo.
Eva terminó de guardar el uniforme.
—Me complica más tener que escucharla.
Salieron juntas. Antes de cruzar el acceso de personal, Nuria recibió la instrucción prometida y la reenvió a Ana sin contestar. La abogada respondió un minuto después: «Basta con “Recibido”».
Nuria respondió «Recibido» y envió el correo.