CAPÍTULO 13 El acceso #2
El paciente ya esperaba en la zona de transferencia.
—¿Qué ha cambiado? —preguntó Nuria.
—Necesito cubrir un puesto.
—Preanestesia tiene el equipo completo.
—La decisión está tomada.
Nuria miró a Eva. Su amiga mantenía las manos lejos de la mesa, como si tocar el instrumental antes de que Nuria se apartara pudiera parecer una elección.
—La caja vascular está comprobada —dijo Nuria—. Falta registrar la pinza de DeBakey que ha subido Esterilización. El injerto de seis milímetros es el segundo de la bandeja.
Entregó el puesto sin discutir delante del paciente. En el control encontró su nombre añadido a bolígrafo en una lista de preanestesia que ya tenía dos enfermeras.
Al volver al vestuario por la bolsa, oyó su apellido antes de abrir la puerta.
—…con Cortés es fácil defender una comisión —dijo Clara desde dentro—. Te prepara la versión en casa y ya está.
Otra voz respondió algo que Nuria no entendió. Entró.
Clara se quedó con una zapatilla en la mano. Dos compañeras miraron hacia las taquillas.
—Sigue —dijo Nuria—. Me interesa saber cuándo empezó Miguel a escribir declaraciones de enfermería.
—No estaba hablando de ti.
—Has dicho mi apellido.
Clara se calzó la zapatilla.
—Era un comentario.
—Pues hazlo delante de mí la próxima vez. Ahorras tiempo.
Nuria cogió la bolsa y cerró la taquilla. Nadie volvió a hablar hasta que salió.
Recursos Humanos le había enviado cuatro notas de seguimiento en esas tres semanas.
Ninguna reconocía una restricción profesional.
Dos le recordaban que debía mantener una actitud colaboradora ante los ajustes del servicio.
La investigación de Sistemas descartó accesos externos a su documentación y evitó identificar a quienes la habían consultado desde dentro.
Ana conservaba cada versión, cada fotografía y cada cambio de turno.
A los cambios se sumaron los saludos que llegaban tarde, los teléfonos que desaparecían al verla entrar y alguna pregunta sobre si todavía podía tocar una mesa estéril.
Eva seguía sentándose con ella en la cafetería, aunque algunas mañanas coincidían diez minutos.
Nuria había dejado de contarle todos los movimientos para no escuchar siempre la misma indignación sin salida.
Fuera del hospital, la presión pública disminuyó. Desaparecieron las cámaras permanentes frente a los portales y el nombre de Miguel solo regresaba a las tertulias cuando alguien recuperaba los cuarenta y ocho segundos.
La clínica no recobró toda su actividad. El paciente del aneurisma se operó con Esteban Roldán, dos primeras consultas se cancelaron y una aseguradora aplazó la renovación de un acuerdo. Laura registraba las pérdidas para Jaime; Miguel dejó de mencionarlas al llegar a casa.
Nuria alternaba noches en su piso con otras en Salesas.
Un neceser ocupaba el segundo cajón del baño y dos cambios de ropa compartían armario con las camisas de Miguel.
La cena de Lúa con Sofía había terminado en casa de Sofía.
La lámpara del dormitorio continuaba inclinada hacia el lado de la cama donde Nuria leía y en el baño seguía la horquilla que nunca encontró durante la mudanza.
Reconocer esas cosas no devolvió la relación al verano anterior.
Se desnudaron riéndose cuando Sofía tuvo que levantarse a cerrar una persiana que llevaba meses atascada.
A la mañana siguiente, Nuria se marchó después del café.
Volvieron a verse la semana siguiente y una tercera vez para tomar algo que sí terminó a la hora prevista.
Algunas noches acababan en la cama; otras, con un abrazo junto al primer taxi libre.
Nuria le contó a Sofía la fantasía de Miguel en Cercedilla. Estaban tumbadas de lado, con una pierna todavía enredada entre las suyas. Sofía escuchó sin interrumpir.
Al día siguiente, Nuria se lo dijo a Miguel mientras él cortaba fruta después de cenar.
—Anoche se lo conté.
Miguel dejó el cuchillo sobre la tabla.
—¿Lo de Cercedilla?
—Todo.
Nuria cogió un trozo de mango. Miguel esperó, apoyado en la encimera.
—Quiso saber las palabras exactas.
—¿Se las dijiste?
—Sí.
Miguel rodeó la isla y la atrajo por la cintura. Nuria dejó el mango sobre la tabla antes de besarlo.
Los tres juntos se habían visto otras dos veces desde el asador: una noche quedaron para tomar unas copas y otra coincidieron en un club al que Sofía llegó más tarde.
La cena que les debía seguía pendiente. El grupo de WhatsApp, creado para acordar horarios, se había llenado de planes, fotografías, restaurantes y bromas que a veces duraban hasta bien entrada la noche.
***
El primer miércoles de marzo, Laura recibió una comunicación formal de Aethel Specialty Risk sobre la factura de Álex Santacruz.
La aseguradora había bloqueado el expediente completo. Una endoprótesis y su introductor aparecían facturados a Santacruz y, nueve días después, asociados a otro paciente con el mismo identificador individual. En la documentación de CRT constaban como no abiertos y retirados.
Laura esperó a que Miguel terminara una consulta y dejó la incidencia sobre su mesa.
—La misma unidad aparece en dos pacientes.
—Yo no implanté ninguna endoprótesis.
—Tu informe y la hoja de material dicen lo mismo.
—¿Qué han bloqueado?
—Todo. También nuestros honorarios.
Miguel devolvió las hojas a la mesa.
—Llama a Jaime y habla con Nuria cuando tenga un descanso.
Nuria leyó el mensaje de Laura al salir de preanestesia, terminó las comprobaciones de dos pacientes y llamó desde una sala vacía.
—La aseguradora ha encontrado el mismo identificador en otra operación —explicó Laura—. Asterión lo facturó como implantado en la intervención de Santacruz.
Nuria recordó la caja cerrada en el carro auxiliar mientras Miguel valoraba la reconstrucción.
—No entró en el campo estéril. El introductor tampoco.
—¿Quién los retiró?
—La circulante los llevó al carro de devolución. No vi quién los recogió después.
—Habrá que hacer una declaración. Jaime te enviará una dirección segura.
Nuria volvió al control. Eva estaba revisando una vía y levantó la cabeza.
—¿Todo bien?
—Era Laura.
Eva esperó un instante. Nuria no añadió nada.
Durante el descanso, Nuria abrió el registro intraoperatorio que había firmado el día de Santacruz.
Su anotación clínica seguía allí. En el margen aparecía un enlace al módulo de material de alto coste y conciliación económica.
Pulsó para comprobar si la hoja que recordaba había sido remitida a Facturación.
«Perfil sin permisos para consultar información económica».
El sistema permitía solicitar acceso. Nuria escribió que necesitaba verificar el material de una intervención en la que había participado y envió la petición a las doce y treinta y ocho. No buscó otra entrada.
La respuesta llegó antes de que terminara el turno: «Área restringida. Solicitud no autorizada». No indicaba quién había resuelto ni mostraba ningún contenido del expediente.
Nuria fotografió el aviso con la hora visible y llamó a Laura.
—Ya has dejado constancia —dijo ella—. No vuelvas a intentarlo. Lo reclamará Aethel.
—Quería comprobar si mi hoja había llegado a Facturación.
—Y ahora sabemos que no te dejan comprobarlo.
Al salir, Nuria encontró el mensaje de Jaime con tres instrucciones: fecha, firma y descripción clínica sin interpretaciones. Pidió un taxi, dio la dirección de CRT Medical Institute y redactó por voz la declaración que Jaime le había pedido y se la envió a Laura.
Laura la esperaba en la segunda planta. Había colocado sobre la mesa la comunicación de Aethel, el informe de Miguel, la declaración impresa de Nuria y una funda transparente con la hoja de material.
Los datos del segundo paciente estaban ocultos; solo figuraban el centro, la fecha y el identificador repetido.
—¿Es el original? —preguntó Nuria.
—El de CRT. Lo rellené al terminar la intervención y lo traje a la clínica con el resto de nuestra documentación. Asterión conserva su registro.
Nuria le firmó la declaración, Laura anotó la hora de recepción y guardó las dos piezas en fundas separadas.
—Jaime quiere que los originales no vuelvan a salir de aquí.
—Tiene razón.
Laura abrió el portal de Helix. El historial del pedido mostraba la entrega en el almacén central de Asterión la mañana de la operación. Debajo aparecía otro movimiento, registrado al día siguiente.
«Retorno aceptado. Destinatario: Helix. Embalaje íntegro».
Nuria comparó el identificador individual carácter por carácter con el de la hoja de material.
—Es la misma unidad. Helix la recibió sin abrir.
Laura descargó el justificante del proveedor. En el encabezado figuraba «Documento 7 de 8».
—Es el que faltaba en la copia de Asterión —dijo.
Guardó el archivo junto con el historial completo.
La puerta se abrió. Miguel entró sin bata, con las mangas de la camisa dobladas hasta los antebrazos. Leyó el registro antes de sentarse.
—¿Después la implantaron en otro paciente?
—Eso dice Aethel —respondió Laura—. Nosotros solo podemos acreditar que no la utilizasteis y que Helix aceptó la devolución.
Nuria le mostró la denegación de acceso.
Miguel leyó el motivo que había escrito y la respuesta del sistema.
—Guárdala. No vuelvas a pedirlo.
—Eso mismo me ha dicho Laura.
—Bien.
Apartó el teléfono y acercó la factura. Al pie figuraba una referencia administrativa: «ORBE».
Nuria la reconoció.
—Ese nombre aparecía en el correo de conservación.
Laura abrió la ficha del pedido.
—Orbe no consta como proveedor ni como destinatario.
La endoprótesis y el introductor sumaban diecisiete mil cuatrocientos ochenta euros.
—Demasiado concreto para una casilla marcada sin mirar —dijo Miguel.
—Eso tendrá que explicarlo Asterión —respondió Laura.
Jaime llamó mientras Laura preparaba la respuesta. Pidió que hablaran de «discordancia documental», adjuntaran el informe quirúrgico, la hoja de material, la declaración de Nuria y el justificante de retorno, y reclamaran la conservación de la primera factura.
—Falta el correo de conservación —dijo Nuria—. Orbe ya aparecía allí.
Jaime guardó silencio un instante.