48 segundos CAPÍTULO 12 La versión #2
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CAPÍTULO 12 La versión #2

—Mi padre se ofrece a venir a buscarme —dijo.

—Puedo bajar a hablar con él.

Nuria giró la cabeza.

—Era una broma —añadió Miguel.

—No del todo.

—Necesito práctica.

—Con mi padre no vas a tenerla.

Recogieron juntos. Nuria enjuagó los platos y Miguel los colocó en el lavavajillas antes de preparar café. Ella llevó las tazas al salón, se sentó en el sofá con las piernas recogidas y, cuando Miguel ocupó el sitio a su lado, estiró los pies sobre sus muslos.

Él le quitó los calcetines y empezó a presionar con los pulgares la planta de uno de ellos.

—Más fuerte, por favor.

Miguel aumentó la presión. Nuria apoyó la cabeza contra el respaldo y cerró los ojos mientras sus pulgares subían de la planta del pie a la pantorrilla.

—¿Y la casa? —preguntó él.

Nuria abrió los ojos. Recorrió los ventanales, los libros abiertos y el pasillo por el que acababa de curiosear.

—Me gusta.

—No parece una respuesta muy entusiasta.

—No te conviene que me entusiasme. Podría empezar a cambiar cosas.

—Ahora suena mejor.

Nuria se deslizó hasta apoyar la cabeza en su hombro. Miguel mantuvo una mano alrededor de su tobillo.

—Gracias por no aparecer esta mañana en el hospital.

—Estaba trabajando.

—Habrías ido.

—Sí.

—Pero no has ido.

—Me pediste que no lo hiciera.

Nuria metió dos dedos bajo el cuello abierto de la camisa y apoyó la mano sobre su pecho.

—Así está mejor.

Miguel giró la cabeza y la besó.

Sonó el timbre.

Nuria miró la hora.

—Faltan seis minutos para las seis.

—Te dije que tenía defectos.

Miguel fue a abrir.

Jaime entró con una mochila al hombro y una carpeta bajo el brazo. Miguel cogió su abrigo mientras Nuria terminaba de ponerse uno de los calcetines. Habían hablado dos veces por teléfono, pero aún no se conocían en persona.

—Nuria Bosch —dijo Jaime al acercarse.

—Por fin le pongo cara al hombre que me da órdenes por teléfono.

Se saludaron con dos besos.

—Eran recomendaciones.

—No sonaban así.

—Ana te tratará mejor.

—Ana ha distinguido en treinta segundos cuál es su trabajo y cuál es el tuyo.

Jaime miró a Miguel.

—También me cae bien.

—Llevas aquí medio minuto.

—Soy rápido.

—Por eso has llegado antes —dijo Nuria.

—De nada.

Dejó la mochila junto al sofá. Nuria apartó las tazas y los libros de la mesa baja para hacerle sitio.

—El café está recién hecho.

—Entonces retiraré la mitad de lo que pensaba decir.

Miguel fue a buscarle una taza. Cuando volvió, Jaime había abierto la carpeta. Dos separadores dividían la documentación: publicación y daño profesional.

—Jesús ha conservado las grabaciones del comedor, la entrada y la barra —dijo.

Sacó dos fotografías impresas. En la primera aparecía una mujer sentada sola cerca de la barra, con una copa de vino delante. En la segunda sostenía el teléfono orientado hacia la mesa que habían compartido Miguel, Nuria y Sofía.

—Llegó a las dos y diecisiete, pidió vino y cambió de sitio hasta teneros de frente. No comió. La foto se tomó a las dos y cuarenta y uno. El ángulo coincide con la que publicó el medio.

Miguel cogió una de las copias.

—¿La han identificado? —preguntó Miguel.

—No. Dijo al camarero que esperaba a alguien, pagó en efectivo y se marchó sola.

—¿Cómo sabía que estábamos allí?

Jaime extrajo una hoja con el registro de llamadas.

—Cuarenta minutos antes, alguien preguntó si tenías una reserva. Jesús no confirmó nada.

—Pero ella apareció después.

—Pudo recibir la información o reconocerte al entrar. Las grabaciones no permiten elegir una versión.

Miguel observó la imagen.

—No parece casualidad.

—No basta con que no lo parezca.

—¿Qué podemos hacer? —preguntó Nuria.

—Conservarlo. La toma se hizo desde una zona abierta al público. El uso de la imagen y las falsedades que añadieron son otra cuestión.

Jaime guardó las copias. No preguntó por la reunión ni pidió los cuadrantes.

—Ana me ha dicho que hablará contigo esta noche —dijo Nuria.

—Ya lo hemos acordado. Yo no escribiré al hospital en tu nombre. Si uno de los datos afecta a los dos asuntos, coordinamos el uso y cada uno firma lo suyo.

Abrió el segundo separador.

—Sobre la intervención del miércoles, no necesito reconstruir lo ocurrido. Necesito fijar el perjuicio.

—Laura ha cancelado el material y Rubén ha liberado el quirófano —dijo Miguel—. Héctor reorganizará la mañana.

—Que cada uno deje constancia de las horas empleadas, los cambios de agenda y los costes que no puedan recuperarse. Laura debe registrar la gestión de la documentación y tú la frase exacta que utilizó la esposa del paciente al pedir las pruebas.

—Habló de los cuarenta y ocho segundos.

—Entonces que conste así. Sin atribuirle intenciones ni afirmar que ha cancelado definitivamente.

—Tiene cita con otro cirujano —dijo Nuria.

Jaime anotó el nombre y la fecha.

—Por ahora ha pedido una segunda opinión.

—No pienso reclamar contra un paciente por tener miedo —dijo Miguel.

—Nadie te lo ha propuesto. Documentamos el daño causado por la publicación. Si el paciente vuelve, habrá existido un aplazamiento con costes. Si no vuelve o empiezan a cancelarse otras intervenciones, el alcance será distinto.

—Dos pacientes han llamado para comprobar si Miguel seguirá pasando consulta —dijo Nuria.

—¿Han cancelado?

—No.

—Entonces se registra la llamada, no una pérdida.

—Esta noche enviaremos al medio un requerimiento de rectificación limitado a la falsa colaboración profesional —continuó Jaime—. Sin entrar en vuestra relación.

—Hay dos fotografías —dijo Nuria—. Negarla sería ridículo.

—No vamos a negarla. Tampoco a entregar una cronología. Lo privado sigue siendo vuestro; la colaboración profesional no existió y eso sí se desmiente.

Miguel dejó la taza sobre la mesa.

—Nuria decide qué responde sobre ella.

—Y tú decides lo tuyo —dijo Jaime—. Si dais respuestas incompatibles, os explicaré el problema que crean. No elegiré por ninguno.

Nuria miró a Miguel. Él le cogió el pie, que seguía apoyado sobre su muslo.

—Eso puedo aceptarlo —dijo ella.

El teléfono de Nuria vibró sobre la mesa. Eva había enviado un enlace sin ningún comentario.

La noticia acababa de publicarse. El titular afirmaba que el hospital había apartado de forma preventiva a «la enfermera relacionada con Miguel Cortés».

Según fuentes próximas a la dirección, Asterión le había asignado una «actividad de menor exposición» y le impedía participar temporalmente en las intervenciones del cirujano.

—Joder.

Jaime extendió la mano.

—¿Esas expresiones aparecían en la citación?

Nuria le entregó el teléfono.

—No.

—¿En los cuadrantes?

—Tampoco.

—¿Quién habló de «actividad de menor exposición»?

—La supervisora, cuando me comunicó el cambio.

—¿Y de «medida preventiva»?

—Medina. En la reunión.

—Ya no pueden negar que sale del hospital —dijo Miguel.

Jaime terminó de leer. El último párrafo afirmaba que Recursos Humanos ya había notificado por escrito la decisión a Nuria.

—¿Has recibido el informe?

Nuria abrió el correo corporativo y actualizó la bandeja.

—No.

Jaime consultó la hora. Desde su móvil pidió a su despacho que preservara la publicación con sello de tiempo. Después señaló el teléfono de Nuria.

—Llama a Ana.

Ana respondió al segundo tono. Nuria activó el altavoz y leyó el titular. Al llegar a las dos expresiones, la abogada le pidió que se detuviera.

—¿Hora de publicación?

—Seis y veinticuatro.

—Haz una captura completa, con la hora y la dirección visibles. Jaime preserva el artículo; yo ampliaré la solicitud al hospital para que conserve los borradores del informe, el historial de versiones y la relación de usuarios con acceso. ¿El correo ha llegado?

Nuria actualizó otra vez.

—No.

—No respondáis al medio sobre el hospital —dijo Ana—. Ese asunto es de Nuria.

—De acuerdo —contestó Jaime.

Miguel se levantó.

—Voy a llamar a Ramírez.

Nuria levantó la vista.

—¿Para qué?

—Para preguntarle cómo conoce la prensa un informe que tú no has recibido.

—La respuesta ya la tenemos. Quiero leer el documento antes de que llames a nadie.

Miguel miró el teléfono en la mano de Nuria. Después volvió a sentarse.

—Primero el informe.

El teléfono corporativo de Nuria vibró sobre la mesa.

Había recibido un correo de Recursos Humanos con el asunto «Informe de reunión y medidas adoptadas». Abrió el adjunto. Cuatro páginas.

Buscó el apartado relativo al cambio de cuadrante.

«Actividad de menor exposición».

Más abajo:

«Medida preventiva».

—Reenvíamelo tal como ha llegado —dijo Ana—. También a tu correo personal. No contestes esta noche.

Nuria comprobó la hora del mensaje antes de hacerlo.

El medio había publicado la versión del hospital siete minutos antes de que el hospital se la comunicara a ella.