48 segundos CAPÍTULO 11 La sospecha #2
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CAPÍTULO 11 La sospecha #2

Eva había terminado de preparar el quirófano seis cuando Nuria regresó. Le indicó dónde estaba la documentación y no preguntó por la llamada.

A las nueve y cuarenta entregó las comprobaciones y bajó al vestuario. No pensaba presentarse ante Recursos Humanos con el pijama quirúrgico. Se puso la ropa con la que había llegado, rehízo la coleta y dejó el uniforme en la bolsa de lavandería.

La citación no mencionaba documentos. Nuria guardó las dos versiones del cuadrante en el bolso. Fotografió ambas hojas sin recortar los márgenes y se las envió a su correo personal junto con la captura de Ximo. En el asunto anotó la fecha y las dos horas del cambio.

Llegó a la planta de Dirección a las nueve y cincuenta y seis. La secretaria le pidió que esperara. Detrás de la puerta cerrada se distinguían varias voces. Sobre una mesa baja habían colocado una jarra de agua y cuatro vasos alineados; Nuria permaneció de pie.

A las diez se abrió la puerta. Eduardo Ramírez apareció acompañado por Susana López y un hombre de traje gris al que Nuria no conocía.

—Buenos días. Pasa, por favor.

Nuria entró sin preguntar quién era el tercero. Si iba a participar en la reunión, podía empezar por presentarse. El hombre cerró la puerta.

—José Luis Medina, asesor jurídico de Asterión Spain.

Susana indicó la silla situada frente a ellos. Habían colocado tres carpetas a un lado de la mesa y una botella de agua junto al asiento de Nuria.

—Antes de empezar —dijo Medina—, esta reunión no forma parte de un procedimiento disciplinario. Queremos aclarar varios hechos y valorar las medidas necesarias para proteger al hospital y a sus profesionales.

Nuria dejó el bolso en el suelo.

—¿Se levantará acta?

Medina miró a Ramírez.

—Tomaremos notas —respondió el director.

—No he preguntado eso.

Susana abrió la carpeta superior y extrajo dos copias de una comunicación interna.

—Se redactará un informe. Antes necesito que firmes el recibí de tu reasignación temporal.

Deslizó una copia hacia Nuria. El documento atribuía el cambio a «necesidades organizativas derivadas de la exposición pública» y llevaba impresa la hora de las nueve y cincuenta y dos. Su nombre figuraba completo; el espacio de la firma estaba en blanco.

—El cuadrante cambió antes de las siete.

—Esta es la comunicación formal —dijo Susana.

—Casi tres horas después.

Nuria escribió en ambas copias: «Recibido a las 10:04. No conforme». Añadió la fecha, firmó las dos y se quedó con una.

—Quiero que el informe recoja la hora de entrega.

—La recogerá —respondió Susana.

Medina esperó a que guardara el documento.

—Necesitamos establecer si tu relación con el doctor Cortés existía antes de la intervención o de la comisión.

—No existía en ninguno de esos momentos.

—¿Cuándo comenzó?

—Eso no modifica lo que ocurrió en el quirófano ni lo que declaré.

Ramírez apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Varios medios preguntan si trabajas habitualmente con él y si el hospital conocía vuestra relación.

—Trabajé con Miguel por primera vez en la operación de Santacruz. No pertenezco a su equipo y no puede asignarme a él, aunque quiera. Soy empleada del hospital.

Susana anotó la respuesta. Medina preguntó si Miguel le había pedido que defendiera su actuación o sugerido qué debía declarar. Nuria respondió que no a ambas cosas.

—Ya tenéis lo que habéis venido a buscar.

Abrió el bolso, sacó las dos versiones del cuadrante y las extendió junto a la comunicación. Después dejó el teléfono con la captura de Ximo abierta.

—Ahora quiero saber quién ordenó que me retiraran de la resección hepática.

Ramírez reconoció los documentos. La primera hoja y la captura situaban a Nuria en el quirófano cuatro; en la segunda figuraba Marta Salas. Susana alineó las tres horas: veintidós y diecisiete, seis cincuenta y ocho, nueve cincuenta y dos.

—La modificación responde a una decisión organizativa —dijo Ramírez.

—Mi reunión era a las diez. La resección empieza a las once y media y la artroscopia a las doce. No me habéis cambiado para garantizar continuidad.

Medina leyó la comunicación que acababa de firmar.

—La exposición pública puede afectar a la concentración y al funcionamiento del equipo.

—¿Habéis evaluado mi concentración?

—No estamos cuestionando tu competencia profesional.

—Entonces habéis retirado a una profesional competente de una intervención compleja para colocarla en otra rutinaria. Eso es un perjuicio, no una precaución.

Nuria volvió hacia Ramírez.

—¿Quién autorizó el cambio?

—Lo autoricé yo.

El bolígrafo de Susana se detuvo un instante y continuó.

—Léelo —dijo Nuria.

—¿El qué?

—Lo que acabas de escribir.

Susana miró a Ramírez antes de obedecer.

—«Dirección General confirma la reasignación temporal de Nuria Bosch por necesidades organizativas».

—Falta que la autorizó antes de escucharme y que no existe una evaluación negativa de mi trabajo.

—Podrás formular observaciones cuando recibas el informe —intervino Medina.

Nuria señaló la comunicación de las nueve y cincuenta y dos.

—Este documento demuestra cuándo decidisteis explicármelo, no cuándo tomasteis la decisión. Quiero que consten las dos cosas.

Ramírez apartó la comunicación con dos dedos.

—Hazlo constar —ordenó a Susana.

Ella añadió una línea y volvió a leer: Dirección General había autorizado la reasignación antes de la reunión; no existía expediente disciplinario ni evaluación desfavorable de la competencia profesional de Nuria.

—Y quiero los accesos a mi ficha y al módulo de planificación. Mi categoría, mi fotografía y datos sobre mi trabajo circulan desde ayer.

Medina anotó la solicitud.

—Sistemas está revisando los accesos.

—Incluid la petición y el resultado en el informe.

—Aparecerá —respondió Susana.

—¿Vais a mantener la orden?

—Hoy, sí —dijo Ramírez—. Durante los próximos días evitaremos asignarte a procedimientos dirigidos por el doctor Cortés.

—No participo habitualmente en ellos. La medida solo me perjudica a mí.

—Evita cualquier apariencia de conflicto —dijo Medina.

—¿Habéis suspendido alguna intervención de Miguel?

Nadie respondió. Nuria apiló los documentos por orden: la captura, el cuadrante modificado y la comunicación. Dejó arriba la copia de las nueve y cincuenta y dos antes de guardarlos.

Medina colocó ambas manos sobre la carpeta.

—Es una medida preventiva.

—¿Contra qué?

El abogado miró a Ramírez.

—Contra un perjuicio mayor —respondió el director.

—¿Para quién?

Susana dejó de escribir.

La reunión terminó a las diez y cuarenta y siete. Susana se comprometió a enviarle el informe antes de incorporarlo a su expediente personal. Medina le recordó que debía mantener absoluta confidencialidad sobre cualquier información clínica de Santacruz.

—Llevo cuatro años trabajando en quirófanos. Conozco mis obligaciones.

Nuria recogió el bolso. La secretaria evitó mirarla cuando salió. La puerta se cerró a su espalda y las voces se reanudaron antes de que alcanzara el ascensor.

Encendió el móvil. Había dos mensajes de Miguel y una llamada perdida de Jaime.

El primero decía: «¿Has salido?».

El segundo había llegado cuatro minutos después: «Llámame».

Escribió a Sofía: «He acabado. Luego te cuento» y llamó a Jaime.

Jaime contestó al primer tono.

—¿Dónde estás?

—Saliendo de Dirección.

—No hables desde ahí. Busca un sitio donde puedas estar sola.

—¿Qué ha ocurrido?

—El periodista que publicó la fotografía me ha escrito. Quiere saber si el hospital estaba grabando tu reunión.

Nuria apartó la vista del indicador.

Las puertas se abrieron con cuatro personas dentro. Nuria las dejó marchar, entró en la escalera de emergencia y bajó un tramo.

—Ya estoy sola.

—El correo llegó a las nueve y cuarenta y uno —dijo Jaime—. Incluía la hora, los nombres de los asistentes y una pregunta sobre tu relación con Miguel.

—La reunión empezó a las diez.

—Por eso necesito que no me la resumas todavía. Dime qué documentos tienes.

—El cuadrante del viernes, el de esta mañana, la captura enviada anoche y una comunicación de la reasignación.

—¿La has firmado?

—Solo el recibí. He escrito la hora y «no conforme». La han generado a las nueve y cincuenta y dos.

—¿Y el primer cambio?

—A las seis cincuenta y ocho mi nombre ya había desaparecido. Ramírez ha admitido que lo autorizó y Susana lo estaba anotando. Me enviarán el informe.

—Envíame los cuatro archivos sin tocarlos y escribe ahora la cronología.

—Cuando llegue el informe comprobaremos si recoge la autorización anterior a la reunión, la ausencia de expediente y los accesos que he pedido —dijo Nuria—. No necesito un abogado para ir a trabajar.

—Lo necesitas cuando ejecutan una orden, te la notifican tres horas después y un periodista conoce la reunión antes que tú.

—¿Eso cuánto me va a costar?

—A ti, nada. A Miguel, una cantidad ofensiva. Envíame los archivos y no hables con nadie de ese correo. Todavía no sabemos quién filtra.

Jaime colgó.

Nuria llamó a Miguel mientras esperaba el ascensor. Respondió con varias voces detrás y le pidió un momento. Lo oyó cerrar una puerta.

—Ramírez ha reconocido que dio la orden —dijo ella—. Todavía no me han entregado el informe.

Al otro lado dejó de oírse cualquier ruido.

—Voy para allá.

—No.

—Nuria…

—Si apareces en Dirección diez minutos después de que me interroguen por nuestra relación, les das la razón que no han sabido escribir.

Miguel tardó en responder.

—Te han apartado antes de escucharte.

—Y no vas a arreglarlo entrando en el hospital para enfrentarte a Ramírez. Yo vuelvo a quirófano y tú tienes pacientes.

Una voz llamó a Miguel desde el otro lado de la puerta.

—¿Sigue en pie que te recoja a las cuatro? —preguntó.

—Sí.

—A las cuatro me lo cuentas todo.

—A las cuatro.

—Estoy intentando no mandar a la mierda a Ramírez.

—Pues sigue intentándolo. Hoy necesito que no hagas nada por mí sin preguntarme.

Las voces cesaron al otro lado.

—Entendido.

La llamada terminó cuando se abrieron las puertas del ascensor.