48 segundos CAPÍTULO 10 La exposición #3
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CAPÍTULO 10 La exposición #3

Eva le envió otra captura. Mostraba a Miguel en el Bernabéu.

Alguien había comprobado que era socio del Real Madrid y lo presentaba como un rival que había apartado de la competición a la estrella del Atlético.

Miles de personas habían visto ya la publicación.

Entre las respuestas pedían que le retiraran la licencia; otras proponían hacerle lo mismo que había hecho con Santacruz.

Nuria abrió uno de los vídeos. Un hombre con la camiseta del futbolista hablaba desde el asiento de un coche.

Llamaba a la comisión «el juicio», situaba a Miguel solo en el quirófano y contaba los cuarenta y ocho segundos desde el accidente hasta la amputación.

Después mostró la fotografía del asador y rodeó la cara de Nuria con un círculo rojo.

—Esta es la enfermera que le ha dado la coartada.

Cerró el vídeo.

En Instagram tenía más de doscientas solicitudes de seguimiento y decenas de mensajes. Leyó los primeros: cómplice, mentirosa, puta. Una cuenta había copiado de la web de Asterión su nombre completo, su categoría profesional y una fotografía de una campaña de donación de sangre.

Hizo capturas, se las envió a Jaime y desactivó las notificaciones. Después confirmó la asistencia a la reunión del lunes sin añadir nada más.

El piso tardaba en calentarse. Nuria llevó la maleta al dormitorio y dejó los esquís en el pasillo, donde no estorbaran al abrir la puerta.

Sacó la ropa húmeda, separó lo que debía lavar y preparó el pantalón y el jersey que usaría para ir al hospital.

El pijama quirúrgico estaba en la taquilla y a las ocho debía incorporarse al bloque, aunque Ramírez la había citado dos horas después.

Desde la calle alguien gritó su nombre. Se acercó a la ventana sin ponerse delante y vio al cámara apuntando hacia el edificio.

Cerró la persiana del dormitorio y comprobó la del salón.

El teléfono, ya sin avisos de las redes, vibró con un mensaje de su madre: su padre había visto la noticia y quería ir a buscarla.

Nuria respondió que estaba dentro de casa y que hablarían más tarde.

Dejó el móvil boca abajo sobre la mesa, pero volvió a vibrar contra la madera.

***

Miguel vio a los periodistas antes de alcanzar Salesas. Dos esperaban junto al portal y otro permanecía cerca de la entrada del garaje. Tuvo que detenerse mientras se abría la puerta. Uno de ellos se acercó con el teléfono levantado.

—Doctor Cortés, ¿es usted socio del Real Madrid?

Miguel mantuvo la ventanilla cerrada.

—¿La amputación tuvo alguna relación con la rivalidad entre los clubes? ¿Mantenía una relación con la enfermera cuando declaró?

La puerta terminó de abrirse. Miguel avanzó despacio hasta que el periodista retiró un pie de la rampa. El periodista mantuvo el teléfono apuntado al BMW mientras Miguel descendía al garaje.

Aparcó. Sacó la maleta y desenganchó sus esquís antes de llamar al ascensor. Después buscó su nombre en Google.

La fotografía del Bernabéu aparecía entre los primeros resultados.

Miguel era socio desde que su padre lo llevó al estadio siendo niño.

Debajo aparecía otra fotografía, tomada en un congreso médico, con un texto que le atribuía un cargo en los servicios médicos del Real Madrid que nunca había ocupado.

Otra publicación describía el fin de semana en Cercedilla como una celebración de la amputación.

Jaime lo llamó cuando entraba en el ascensor.

—¿Has llegado?

—Sí.

Miguel apoyó los esquís contra la pared y le contó las preguntas sobre el Real Madrid. Jaime ya las conocía. Dos tertulias deportivas discutían el asunto y una cadena de radio intentaba obtener una declaración del club.

—Soy socio —dijo Miguel.

—También te llamarían atlético si Santacruz jugara en el Madrid. El bulo cambia con la camiseta.

Jaime estaba separando capturas y enlaces. Denunciarían las amenazas concretas y las publicaciones que atribuían a Miguel una conducta deliberada. Le preocupaba que varios medios empezaran a repetir la acusación en forma de pregunta.

—¿Ha contestado el hospital?

—Todavía no. He pedido que retiren la ficha de Nuria y controlen los accesos de mañana.

El ascensor se abrió en el ático. Miguel pasó al recibidor con la maleta y los esquís mientras Jaime seguía hablando.

—No conviene que entre sola —dijo Miguel.

—Se lo diré yo. Tú no aparezcas con una escolta.

Miguel iba a responder cuando Jaime se rio.

—Te conozco desde los ocho años, cabronazo.

La llamada terminó. Escribió a Nuria:

«Ya estoy en casa. Jaime está hablando con el hospital para organizar tu entrada mañana».

Ella respondió enseguida.

«He visto las redes. Estoy bien».

Miguel escribió que iría a buscarla, que podían preparar juntos la reunión y que no tenía sentido que pasara la noche sola con periodistas en la puerta. Lo leyó y lo borró.

Jaime envió una nueva fotografía.

Nuria aparecía inclinada hacia el interior del BMW, besándolo. Miguel la sujetaba por la nuca. Debajo se acumulaban comentarios, cifras y enlaces.

El titular decía:

«El cirujano de Santacruz y la enfermera que lo defendió confirman su relación».