CAPÍTULO 2 El espacio equivocado #3
—Doctor Cortés, ¿puede confirmar que Álex Santacruz ha perdido la pierna?
—¿Fue usted quien ordenó la amputación?
—¿Por qué no se intentó trasladarlo?
Un empleado del Palace contuvo a los periodistas mientras las puertas se cerraban detrás de él. Dentro, los micrófonos fueron sustituidos por saludos y apretones de manos.
El salón estaba lleno de patronos, empresarios, políticos y profesionales sanitarios.
Bajo la cúpula de cristal, los camareros circulaban con bandejas de champán y los invitados intercambiaban tarjetas mientras una formación de cuerda intentaba hacerse oír desde uno de los extremos.
Miguel aceptó una copa que no pensaba beber y se dejó conducir hacia el presidente de la fundación.
Conocía aquel ambiente. Uno de los patronos se interesó por su cansancio; otro elogió su compromiso con la oncología; una consejera habló de la dificultad de tomar decisiones médicas bajo presión. Los tres esperaron que Miguel mencionara a Santacruz.
—El hospital informará cuando corresponda.
Repitió la frase cada vez que alguien intentó acercarse al caso desde otro ángulo.
Ramírez lo encontró cerca de la barra.
—Gracias por venir. Quédate hasta la presentación y después vete.
Miguel probó el champán.
—No me has dejado muchas alternativas.
Ramírez aceptó el reproche sin discutirlo.
Una pareja se acercó a saludarlos y el director aprovechó para presentar a Miguel como uno de los principales colaboradores médicos de la fundación. Él escuchaba a medias cuando vio a Nuria.
El vestido negro le ceñía el cuerpo y dejaba la espalda descubierta. Miguel reconoció el corte de Versace. Nuria llevaba la melena suelta y avanzaba entre los invitados sin buscar a nadie.
Miguel terminó la conversación sin dejar de seguirla entre los invitados. Nuria saludó a una responsable de la fundación, atendió a un jefe de servicio y se apartó cuando otro hombre intentó retenerla más de la cuenta. Se movía por la sala sin necesitar que nadie la presentara.
Nuria lo descubrió al otro lado del salón. Bebió de la copa sin apartar la vista y regresó a su conversación.
Uno de los consejeros se aproximó acompañado de un hombre al que Miguel no conocía.
—Miguel, quiero presentarte al presidente del grupo inversor de Dubái.
Durante los minutos siguientes tuvo que hablar de investigación, financiación privada y colaboración entre hospitales. En cuanto pudo despedirse, buscó de nuevo a Nuria.
La vio a través del cristal de la terraza. Dejó la copa sobre una bandeja, cruzó el salón y salió. El ruido de la gala quedó amortiguado a su espalda.
Nuria no se volvió al oír la puerta. Lo hizo cuando Miguel se detuvo a su lado.
—Ha tardado.
—Me han presentado a un hombre que quiere construir un hospital en Dubái. La explicación incluía hasta el número de ascensores.
Nuria bebió un poco de champán antes de responder.
—¿Cómo está Santacruz?
—Estable. El muñón no ha vuelto a sangrar y la analítica ha mejorado. Si supera la coagulopatía, podremos revisarlo en unos días.
Nuria asintió, aliviada.
En el salón comenzaban a ocupar las mesas y la música quedaba enterrada bajo las conversaciones. El frío había vaciado la terraza.
—No parece disfrutar hablando con personas que ya han decidido lo que quieren oír.
—¿Has salido porque necesitabas aire o porque querías que te siguiera?
—Ya tenía la invitación. Saber que estaría aquí terminó de convencerme. Quería comprobar cómo era fuera del hospital.
Tras el cristal, el salón ofrecía demasiadas conversaciones y ninguna intimidad.
—Este no parece el mejor sitio para juzgar a nadie.
—Me basta. Sabe fingir interés, no bebe el champán, lleva toda la noche buscando una salida y el traje le sienta bien.
—Tú estás espectacular.
Nuria dejó la copa en la barandilla. Al otro lado del cristal, Ramírez levantó una mano para llamar la atención de Miguel.
Miguel abrió la puerta. Antes de que cruzara, Nuria recogió la copa.
—Ahora ya no me arrepiento de haber venido.
Miguel regresó al salón cuando el presidente de la fundación comenzaba a presentar el proyecto de la nueva ala de oncología.
Ocupó su lugar junto al escenario y escuchó un resumen que conocía de sobra: nuevas habitaciones, ampliación de los tratamientos ambulatorios y programas de apoyo para las familias.
El director médico lo presentó después de agradecer las principales aportaciones.
Miguel subió al estrado entre aplausos, sacó las notas del bolsillo interior de la chaqueta y se ajustó al discurso que había preparado días atrás.
Dio las gracias a los patronos y habló del trabajo de los profesionales que ocuparían las nuevas instalaciones.
Evitó cualquier referencia a Álex. Las cámaras ya tenían suficiente material para relacionar la gala con la operación.
Terminó antes del tiempo asignado y devolvió el micrófono. Ramírez lo recibió al pie del escenario.
—Gracias por haber venido, dadas las circunstancias.
Miguel se apartó de las primeras filas cuando los camareros reanudaban el servicio. Un urólogo al que conocía desde la residencia lo detuvo para saludarlo y una famosa ginecóloga quiso felicitarlo por el discurso. Se detuvo con ambos antes de buscar a Nuria.
La encontró cerca de una de las columnas. Hablaba con un senador y con la presidenta de una asociación de pacientes. El senador dijo algo que la hizo reír y tuvo que inclinarse para escuchar su respuesta por encima de la música.
Miguel pensó en acercarse, pero la llegada de otros dos invitados cerró el grupo alrededor de ella. Mientras decidía si esperar, Nuria giró la cabeza y lo vio. Levantó ligeramente la copa a modo de despedida y regresó a la conversación.
Miguel respondió con una inclinación de cabeza y se dirigió al guardarropa.
Los periodistas continuaban frente a la entrada.
La llegada de varios políticos había desviado parte de su atención, pero algunos volvieron las cámaras hacia Miguel cuando apareció.
El empleado del servicio de aparcacoches acercó el X4 y le entregó las llaves.
Miguel subió sin responder a las preguntas y cerró la puerta.
El teléfono mostraba un mensaje de Héctor:
«Sin cambios. Sigue estable. Te aviso si hay alguna novedad».
Miguel escribió «Gracias», dejó el móvil en el soporte y arrancó.