47 minutos 53 · LA CASA VACÍA
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53 · LA CASA VACÍA

LA CASA VACÍA

No había maleta abierta.

No había cajones revueltos.

No faltaban cantidades obvias de ropa.

La ausencia de Clara era limpia.

Ríos recorrió el piso con dos agentes mientras Leo revisaba el router y Robles llamaba a aeropuertos, estaciones y compañías de alquiler.

Su teléfono habitual estaba sobre la mesa de la cocina.

Apagado.

Las llaves del coche, junto a él.

Pasaporte: no estaba.

—Se ha ido a pie o alguien la ha recogido —dijo Robles.

Ríos abrió el armario del dormitorio.

—¿Cuánto dinero tenía?

—Estamos mirando cuentas.

Leo apareció en la puerta.

—Encontré el hueco.

—¿Qué hueco?

Señaló el fondo del armario.

El panel magnético estaba mal colocado. Detrás solo quedaba polvo y una marca rectangular.

—Aquí guardaba algo.

Ríos pensó en el teléfono negro.

—Busca huellas.

En el despacho, el Mac había desaparecido porque la policía lo tenía. El portátil de Clara seguía allí.

Leo lo abrió.

—Necesitaré autorización para…

Ríos le mostró la orden ampliada en el móvil.

—Ya la tienes.

Veinte minutos después encontraron una partición cifrada.

No estaba oculta con sofisticación extrema. Parecía hecha para resistir a una pareja curiosa, no a un laboratorio.

En su interior había carpetas con nombres anodinos.

CAMPAÑAS

LOCUCIONES

RECURSOS

Dentro de RECURSOS apareció una estructura que Leo ya conocía.

Originales.

Copias.

Variantes.

—Joder —murmuró.

Ríos se acercó.

La fotografía falsa del restaurante.

Proyecto editable.

Máscaras.

Capas.

El vídeo de Sofía con el rostro sustituido.

Archivos de entrenamiento de voz.

Capturas de ubicación generadas.

—Lo hizo ella —dijo Robles.

Leo no respondió.

Abrió la carpeta ORIGINAL.

Había material auténtico mezclado con las falsificaciones.

El audio de las 03:17.

Un vídeo de Gabriel en el garaje.

Fotografías del coche de 2011.

Y un archivo llamado:

47_REAL.mov

Ríos sintió un escalofrío.

—Ábrelo.

Leo hizo una copia forense antes.

El vídeo duraba seis minutos y cuarenta y nueve segundos.

Empezaba con oscuridad.

Después aparecía el suelo del cuarto de mantenimiento.

El teléfono estaba apoyado en algún lugar bajo.

Se oían voces.

Gabriel.

Clara.

Adrián.

Ríos miró la duración.

—Son casi siete minutos de lo que falta —precisó Ríos—. Quiero saber qué ocurrió en los otros cuarenta.

Leo pulsó reproducir.

La primera frase de Gabriel fue nítida.

—Díselo tú, Clara. Dile por qué aceleraste.