51 · OCHO SEGUNDOS
OCHO SEGUNDOS
La abogada le explicó sus derechos con una voz tranquila que él confundió con compasión. Adrián tuvo que pedirle que repitiera la mitad. No había imaginado nunca que acabaría midiendo una noche por el sonido de una cerradura desde el lado equivocado.
«No cuente nada que no recuerde», le aconsejó ella.
Adrián quiso decir que ese era precisamente el problema: que recordaba cosas sueltas, unas demasiado nítidas y otras tan fáciles de modificar que empezaba a sospechar de cada una. En vez de eso, pidió papel y escribió la única frase que seguía intacta: «Adrián no sabe nada».
La celda olía a lejía y a sueño ajeno.
Adrián llevaba cuatro horas sentado en una litera de metal cuando la frase regresó.
No el vídeo.
No la sangre.
No la huella.
El primer audio.
Lo maté yo. Adrián no sabe nada.
Lo había escuchado tantas veces que ya no oía a Clara. Oía sílabas. Respiración. La pequeña pausa entre ambas frases.
Pero allí, sin teléfono, sin imágenes y sin nadie diciéndole qué debía significar, algo le molestó de otra manera.
Adrián no sabe nada.
¿Por qué incluir su nombre?
Si alguien quería incriminar a Clara, bastaba con lo maté yo.
Si quería asustarlo, podía decir cualquier cosa.
Pero aquella segunda frase no acusaba.
Lo exculpaba.
Se levantó.
Caminó tres pasos hasta la pared.
Volvió.
Adrián no sabe nada.
No: no sabía nada.
O alguien quería que pareciera que no sabía nada.
Pidió hablar con su abogada.
Cuando llegó, Adrián no quiso discutir la detención.
—Necesito que llames a una persona.
—Primero tenemos que hablar de la declaración.
—A Leo Ferrer.
—¿El perito?
—Sí.
—¿Para qué?
—Quiero que vuelva a analizar el primer audio.
La abogada lo miró.
—La policía ya lo ha hecho.
—No. Han analizado si es falso. Quiero que analice por qué existe.
—Eso no es trabajo forense.
—Entonces que haga una excepción.
La mujer cerró la carpeta.
—¿Qué cree que va a encontrar?
Adrián se sentó.
—Que Clara estaba intentando protegerme.
—¿Eso le parece bueno para usted?
—No.
—Entonces no entiendo.
Adrián levantó los ojos.
—Si ella grabó una confesión real y me excluyó de ella, significa que sabía que algún día alguien iba a escucharla.
La abogada se quedó quieta.
—¿Está diciendo que su mujer preparó la prueba contra sí misma?
—Estoy diciendo que quizá llevamos una semana preguntándonos quién quería incriminarla cuando la pregunta correcta es otra.
—¿Cuál?
—Quién necesitaba que descubriéramos que las pruebas podían ser falsas.