40 · EL ARCHIVO QUE FALTA
EL ARCHIVO QUE FALTA
El USB del trastero contenía un único archivo cifrado.
Leo tardó dieciséis horas en abrirlo.
No porque el cifrado fuese extraordinario, sino porque Gabriel había elegido una contraseña que parecía una frase y la había dividido entre varios indicios guardados en sitios distintos.
Cuando por fin apareció la carpeta, Ríos estaba en el laboratorio.
—¿Qué hay?
—Tres archivos.
El primero era un vídeo de treinta y nueve segundos.
Gabriel aparecía sentado frente a una pared blanca. Miraba fuera de cámara.
—Si estás viendo esto —dijo—, es porque he tenido razón en desconfiar de las copias.
Se humedeció los labios.
—Alguien está fabricando material con nuestras caras y nuestras voces. No sé si quiere asustarme, incriminar a Clara o conseguir que parezca que todos mentimos. He guardado hashes de los archivos originales que he podido localizar.
Miró a cámara.
—Sofía no tiene nada que ver con esto.
El vídeo terminó.
Ríos soltó aire.
—Fecha.
—Cinco días antes de morir.
—¿Auténtico?
—El hash coincide con ORIGINAL_1.
Leo abrió el segundo archivo.
Era una grabación de audio.
Voz de Gabriel.
—Catorce de septiembre, veintitrés cuarenta. He cenado con Clara. Le he enseñado los mensajes. Dice que necesita tiempo. Ha reconocido que Julián tenía fotografías de aquella noche y que vino conmigo al taller en 2015 para intentar recuperarlas. No sabe que tengo copias.
Pausa.
—Creo que está más asustada de lo que admite.
Ríos miró a Leo.
—Eso destruye otra de sus versiones.
—Sí.
El tercer archivo era una fotografía.
Adrián y Gabriel sentados en una cafetería.
Tres días antes del homicidio.
Adrián ya había admitido la reunión, pero aquello demostraba algo más.
Sobre la mesa había una carpeta abierta.
Dentro se veía la fotografía de Mateo junto al coche.
Ríos amplió.
Y otra hoja.
Una captura de pantalla de un correo enviado desde una dirección anónima.
El texto solo era parcialmente legible:
…ELLA NO TE HA CONTADO…
…NO FUE UN ACCIDENTE…
…PREGÚNTALE POR QUÉ ACELERÓ…
Ríos se quedó quieta.
—Adrián sabía esto antes de la muerte de Gabriel.
—Parece que sí.
—Y nos dijo que Gabriel no llegó a contarle lo peor.
Leo cerró la imagen.
—Quizá no quiso creerlo.
—O quizá lleva mintiendo igual que ella.
Ríos salió del laboratorio y marcó el número de Adrián.
Él respondió al segundo tono.
—¿Sí?
—Necesito que venga.
—¿Otra vez?
—Esta vez venga solo.
Hubo un silencio.
—¿Por qué?
Ríos miró la fotografía congelada en la pantalla.
—Porque quiero saber qué más le contó Gabriel tres días antes de que muriera.