47 minutos 37 · MATEO EN LA CARRETERA
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37 · MATEO EN LA CARRETERA

MATEO EN LA CARRETERA

La fotografía cambió el accidente.

Hasta ese momento, Mateo había sido un hombre que caminaba solo por una carretera secundaria. Una silueta aparecida delante de un coche a las cuatro de la madrugada.

Ahora estaba junto a la ventanilla del conductor.

Vivo.

Enfadado.

Clara fuera del coche, frente a él.

Gabriel al fondo.

La imagen estaba tomada desde lejos y con poca luz, pero los rostros eran reconocibles.

Ríos la llevó directamente a Leo.

—Dime que es falsa.

Leo la abrió en silencio. Amplió. Revisó bordes, ruido, compresión, sombras. Después pidió el archivo original de la copia de seguridad de Sofía.

Trabajó casi una hora.

—No veo manipulación generativa.

—¿Auténtica?

—Probablemente. Necesito más, pero sí.

—¿Quién la tomó?

—Eso no está en la foto.

Ríos llamó a Clara.

Cuando puso la imagen delante de ella, Clara se quedó inmóvil.

—¿Recuerda esto?

—No.

—Mire bien.

—He dicho que no.

—Nos contó que Mateo apareció de repente delante del coche.

Clara no apartó los ojos de la foto.

—Eso recuerdo.

—Aquí está hablando con usted antes del atropello.

—No sé cuándo se tomó.

—La ropa coincide. El coche coincide. Gabriel coincide. El archivo es de aquella noche.

Clara levantó la mirada.

—Entonces mi memoria está mal.

—O su historia.

—¿De dónde ha salido?

—Eso no importa ahora.

—Importa muchísimo.

Ríos se sentó.

—¿Discutieron con Mateo?

Clara cerró los ojos.

—No lo sé.

—¿Los conocía?

—No.

—¿Por qué estaba junto a su coche?

—No lo sé.

—¿Qué ocurrió antes de que lo atropellara?

Clara apretó las manos sobre las piernas.

—No lo sé.

—¿Frenó?

—Sí.

—No había marcas.

—Puede que recuerde mal.

—¿Aceleró?

Clara levantó los ojos.

—No.

La respuesta fue inmediata.

Ríos la oyó y pensó lo mismo que Adrián días antes: algunas mentiras se delatan por la velocidad con que salen.

—¿Mateo amenazó a Gabriel?

—No.

—¿A usted?

—No.

—¿Le dio miedo?

—No.

—¿Le dio rabia?

Clara tragó saliva.

—No.

Ríos guardó la fotografía.

—Hay algo que todavía no le he contado. La hija de Mateo recibió esta imagen la mañana después de la muerte de Gabriel.

Clara perdió color.

—¿Quién se la mandó?

—Eso estamos intentando averiguar.

—¿Era el mismo número que escribió a Adrián?

—No puedo decírselo.

Clara miró la mesa.

—Alguien está haciendo que todo esto parezca peor.

—La fotografía no parece fabricada.

—Eso no significa que la historia que cuenta sea la que ustedes creen.

Ríos se levantó.

—Por fin estamos de acuerdo en algo.

Cuando Clara salió, Robles entró por la puerta lateral.

—¿Le crees?

—Creo que recuerda más de lo que dice.

—¿Y la foto?

Ríos miró el sobre transparente.

—Quiero saber quién estaba al otro lado de la cámara.

La respuesta apareció aquella misma noche.

Leo encontró un reflejo minúsculo en la ventanilla trasera del coche.

Una figura sosteniendo algo delante de la cara.

No permitió identificarla.

Pero sí otra cosa.

La persona que tomó la fotografía estaba dentro de un segundo vehículo.

Y aquel vehículo llevaba una matrícula que empezaba por las mismas cuatro cifras que el coche del padre de Gabriel.