36 · SOFÍA MIENTE
SOFÍA MIENTE
Sofía tardó once minutos en admitir que conocía el trastero.
Ríos dejó el registro de accesos sobre la mesa.
—Estuvo allí con Gabriel.
—Sí.
—¿Por qué nos dijo que no le había dado pruebas?
—Porque no me dio ninguna.
—La llevó a un guardamuebles lleno de pruebas.
—Me enseñó cosas. No me las dio.
—Es una diferencia bastante cómoda.
Sofía apretó los labios.
—Gabriel quería tener una copia fuera de casa. Decía que alguien había entrado en su correo.
—¿Vio una caja metálica?
—Sí.
—¿Qué contenía?
—No lo sé.
Ríos se inclinó hacia delante.
—Sofía, su padre murió porque dos personas decidieron que su miedo era más importante que su vida. No me obligue a escuchar otra vez a alguien decirme que no sabe.
El golpe funcionó.
Sofía bajó la mirada.
—Había un portátil.
—¿De quién?
—De Gabriel. Uno viejo. Dijo que no se conectaba a Internet.
—¿Qué guardaba?
—Originales.
Ríos no se movió.
—¿Originales de qué?
—De las cosas que le estaban enviando. Imágenes. Audios. Capturas. Cuando recibía algo, intentaba encontrar de dónde había salido. Decía que si todo acababa mezclado no iba a poder demostrar qué era verdad.
—¿Y la caja?
—El portátil estaba dentro.
—¿La sacó usted el domingo por la mañana?
—No.
—¿Entró en Mercurio después de la muerte de Gabriel?
—No.
—¿Tiene su código?
—Lo vi usarlo.
—Eso no responde.
Sofía tragó saliva.
—Sí. Lo sabía.
Ríos se recostó.
—¿Estuvo en el parking la noche del asesinato?
Sofía cerró los ojos.
—Sí.
—¿Por qué?
—Gabriel me dijo que iba a hablar con Clara.
—¿Le pidió que fuese?
—No. Me pidió exactamente lo contrario.
—Pero fue.
—Sí.
—¿A qué hora llegó?
—Sobre la una y media.
—¿Vio el coche de Adrián?
—Sí.
—¿Los vio a ellos?
Sofía tardó demasiado.
—A Clara sí.
—¿Y a Adrián?
—No estoy segura.
—La cámara la graba a usted a la una cincuenta y ocho. El vídeo fue manipulado después para que pareciera Clara. ¿Cómo explica eso?
—No puedo.
—¿Grabó algo esa noche?
Sofía miró a Ríos.
Y esa vez la inspectora supo que había acertado antes de oír la respuesta.
—Sí.
Sacó el teléfono.
—No está aquí.
—¿Dónde?
—Lo borré.
Robles, que observaba desde una esquina, soltó aire.
—Por supuesto.
—Tenía miedo.
Ríos clavó los ojos en ella.
—¿Qué grabó?
—A Clara entrando en el ascensor del garaje.
—¿Sola?
Sofía negó muy despacio.
—No.
—¿Con quién?
—Con Adrián.
El silencio se endureció.
—¿Y Gabriel? —preguntó Ríos.
—Ya estaba abajo.
—¿Vio salir a los tres?
Sofía tragó saliva.
—No.
—¿Qué vio?
—A Adrián y a Clara salir veinte minutos después.
—¿Gabriel?
—No.
Ríos sostuvo su mirada.
—¿Y por qué borró el vídeo?
Sofía tardó tanto que Robles dio un paso hacia la mesa.
—Porque a la mañana siguiente me llegó un mensaje.
—¿Qué decía?
Sofía sacó una captura de una copia de seguridad.
Una sola frase.
SI ENTREGAS EL VÍDEO, TODO EL MUNDO VERÁ A TU PADRE COMO REALMENTE ERA.
Debajo había una fotografía que Ríos no había visto nunca.
Mateo Sanz, vivo, discutiendo con Clara junto al coche la noche del atropello.