30 · EL HUECO
EL HUECO
Adrián empezó a recordar olores antes que imágenes.
Hormigón húmedo.
Perfume de Clara.
Algo químico, parecido a pintura.
Después llegó un sonido.
Una puerta cerrándose.
No sabía si eran recuerdos o construcciones hechas a partir de todo lo que había aprendido. Leo se lo advirtió cuando se lo contó.
—La memoria no es una grabación —dijo—. Cada vez que recuperas algo, lo vuelves a escribir.
—Entonces ¿cómo sé si es real?
—No lo sabes.
—Últimamente esa es la respuesta a todo.
Leo cerró el portátil.
—No intentes forzarlo. Cuanto más busques una imagen concreta, más probable es que tu cerebro te la fabrique.
Adrián apoyó la espalda en la silla.
—¿El audio es falso?
Leo lo miró.
—Sigo analizándolo.
—Eso no es un no.
—Tampoco es un sí.
—¿Encontraste algo?
Leo dudó. Ríos le había pedido que esperara.
—Nada concluyente.
Adrián lo observó.
—Mientes fatal.
—No soy sospechoso de homicidio. Puedo permitírmelo.
El comentario no hizo gracia.
Al salir de la oficina de Leo, Adrián recibió otro mensaje anónimo.
UNA PREGUNTA.
Esperó.
¿POR QUÉ CLARA RECUERDA QUE TÚ NO RECUERDAS?
Adrián frunció el ceño.
Escribió:
¿Qué significa eso?
Respuesta:
PREGÚNTALE QUÉ LLEVABAS PUESTO ESA NOCHE.
Adrián volvió a casa.
Clara estaba doblando ropa en el dormitorio.
—¿Qué llevaba puesto el sábado por la noche?
Ella lo miró, desconcertada.
—¿Qué?
—Mi ropa.
—Vaqueros. Camiseta negra.
Adrián abrió el armario.
—¿Zapatos?
—Las deportivas grises.
—¿Chaqueta?
Clara se quedó quieta.
—La azul, creo.
—Yo no recuerdo ponerme ninguna chaqueta.
—Hacía fresco.
—Tampoco recuerdo salir.
—Ya lo sabemos.
Adrián la miró.
—¿Cómo recuerdas lo que llevaba puesto si no recuerdas que saliéramos?
Clara tardó un segundo.
—Porque cené contigo vestido así.
—En casa llevaba pantalón de chándal.
El color abandonó lentamente su cara.