47 minutos 28 · ALCOHOL Y ZOLPIDEM
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28 · ALCOHOL Y ZOLPIDEM

ALCOHOL Y ZOLPIDEM

La inspectora Ríos había llegado al trabajo con la camisa mal planchada y una fotografía doblada dentro del bolso.

Era una foto escolar de su hijo, de hacía cinco años.

La había encontrado por casualidad buscando las llaves.

Durante el desayuno la dejó frente al plato y se sorprendió intentando recordar cuánto tiempo llevaba sin pasar una tarde completa con él.

Aquella mañana no era la madre que llegaba tarde ni la inspectora que podía permitirse otro atajo.

Había un hombre muerto, dos sospechosos que se protegían y se traicionaban por turnos y una hija que llevaba quince años preguntando por su padre.

Guardó la foto antes de entrar en la sala de reuniones.

El laboratorio encontró zolpidem en el sedimento de la botella de bourbon.

No en cantidad suficiente para determinar cuánto había en cada copa. Sí para descartar una contaminación accidental.

Elena Ríos leyó el informe dos veces.

—¿Huellas?

Robles negó.

—Botella demasiado manipulada. Adrián, Clara, visitas. Nada útil.

—¿Receta?

—Clara tuvo prescripción hace dos años. Según farmacia, una caja de treinta comprimidos. No ha renovado.

—¿Cuántos tomó?

—Imposible saberlo.

Ríos se levantó.

—Quiero volver a hablar con los dos por separado.

Adrián recibió la noticia sin sorpresa.

—Entonces alguien nos drogó.

—Al menos alguien puso zolpidem en la botella —dijo Ríos.

—Clara tenía pastillas.

—Lo sabemos.

—Yo no.

—También lo sabemos.

Adrián se frotó las manos.

—¿Cuánto hace falta para perder la memoria?

—No soy médico. Alcohol y zolpidem pueden producir amnesia y conductas complejas. No significa que eso ocurriera aquí.

—Pero explica que saliéramos y no lo recordáramos.

Ríos lo observó.

—¿A los dos?

Adrián entendió.

—Creen que uno de nosotros no tomó la copa.

La inspectora no contestó.

En la sala de al lado, Clara escuchaba una versión parecida de las mismas preguntas.

—¿Puso usted zolpidem en el bourbon? —preguntó Robles.

—No.

—¿Conservaba comprimidos?

—Creía que los había tirado.

—¿Creía?

—No llevo un inventario de mi botiquín.

—¿Preparó las copas?

—Sí.

—¿Bebió la suya?

—Sí.

—¿Entera?

Clara cerró los ojos un instante.

—No lo sé.

—¿Recuerda salir de casa?

—No.

—¿Recuerda conducir?

—No.

—¿Recuerda ver a Gabriel?

Clara levantó los ojos.

—No.

Robles dejó el bolígrafo.

—¿Y recuerda matarlo?

Clara sonrió.

No había humor en el gesto.

—Si dijera que no, ¿me creería?