47 minutos 26 · QUINCE AÑOS DE DISTANCIA
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26 · QUINCE AÑOS DE DISTANCIA

QUINCE AÑOS DE DISTANCIA

Sofía tenía trece años cuando murió Mateo.

Durante años, Sofía tuvo dos imágenes de su padre.

En la primera estaba de rodillas en una playa, ayudándola a enterrar un cubo de plástico.

En la otra era el cuerpo que su madre le había impedido ver.

Los adultos hablaban de él en pasado y bajaban la voz cuando Sofía entraba en la habitación.

A ella la animaban a estudiar, a quedar con amigas y a olvidar algo que nadie se atrevía a nombrar.

La primera vez que se puso su reloj, la correa le dio dos vueltas a la muñeca.

Era demasiado grande y olía a armario cerrado.

Se lo quitó enseguida. Todavía lo guardaba, sin batería, en el primer cajón de su escritorio.

No era un recuerdo bonito. Era la única cosa que tenía la forma de una pregunta.

A los dieciocho encontró una caja entre las cosas de su madre. Dentro había recortes, informes, fotografías de coches y una matrícula incompleta que un testigo creyó recordar.

Dos letras coincidían con el coche que había tenido el padre de Clara.

—No era suficiente para la policía —explicó Sofía—. Habían pasado años.

—¿Y usted qué hizo? —preguntó Ríos.

—Busqué.

Encontró una fotografía pública de una fiesta universitaria. Al fondo aparecía el coche. La fecha era dos semanas antes del atropello.

Luego encontró a Gabriel.

Luego a Clara.

—Fui a verla cuando tenía veintiún años.

—¿Qué le dijo?

—Que mi padre había muerto por culpa de alguien y que creía que ella sabía algo.

—¿Y Clara?

—Me dijo que no sabía de qué hablaba.

Ríos anotó.

—¿Llevaba el perfume que reconoció en el portal?

Sofía asintió.

—No sé cómo se llama. Pero no lo olvidé.

—¿La amenazó?

—No.

—¿Volvió a contactar con ella?

—No.

—¿Con Gabriel?

—No hasta que él me buscó este año.

Ríos cruzó los brazos.

—¿Envió usted mensajes anónimos a Gabriel?

—No.

—¿A Adrián?

—No.

—¿Manipuló vídeos o fotografías?

—No sabría ni cómo.

Ríos la observó.

Había una buena sospechosa delante: hija de la víctima, años de obsesión, presencia en la escena del segundo homicidio, mentira inicial.

Demasiado buena.

—¿Por qué no nos contó que estuvo en la casa de Gabriel desde el principio?

Sofía se quedó mirando el agua.

—Porque pensé que nadie me creería.

—¿Por qué?

—Porque durante quince años nadie creyó que yo supiera quién mató a mi padre.