25 · SOFÍA EN EL PARKING
SOFÍA EN EL PARKING
Sofía no pidió abogado.
—Sí, estuve allí —dijo.
Ríos apoyó los codos sobre la mesa.
—¿A la una y cincuenta y ocho de la madrugada?
—Sí.
—¿Por qué?
—Gabriel me llamó.
—No tenemos esa llamada.
—Usó Signal. La borró.
—¿Qué quería?
Sofía miró el vaso de agua que tenía delante.
—Estaba asustado. Dijo que por fin tenía algo que demostraba lo ocurrido con mi padre.
—¿Qué?
—No me lo dijo por teléfono.
—¿Lo vio?
—No.
—Entonces ¿qué pasó?
—Llegué al edificio. Subí. La puerta de su casa estaba abierta.
Ríos la observó.
—¿Entró?
—Sí.
—¿Y?
Sofía cerró los ojos un instante.
—Estaba en el suelo.
—¿Vivo?
—No lo sé. No me acerqué suficiente.
—¿Por qué no llamó a emergencias?
—Porque vi sangre. Entré en pánico.
Ríos sintió una irritación casi física ante la repetición de aquella explicación.
—En esta historia todo el mundo entra en pánico delante de un cuerpo y decide marcharse.
Sofía agachó la cabeza.
—Lo sé.
—¿Tocó el ordenador?
—No.
—¿Se llevó algo?
—No.
—¿Vio a alguien?
Sofía tardó demasiado.
—No.
Ríos se inclinó hacia ella.
—Eso ha sido mentira.
Sofía apretó las manos.
—Vi un coche salir cuando llegaba.
—¿Cuál?
—Oscuro. No vi la matrícula.
—¿Marca?
—No sé.
—¿Persona al volante?
—No.
—¿Algo más?
Sofía levantó los ojos.
—En el portal olía a perfume.
Ríos esperó.
—¿Y?
—El mismo perfume que llevaba Clara el día que fui a verla hace años.
—¿Usted había visto a Clara antes?
Sofía se dio cuenta de que había dicho demasiado.
—Una vez.
—¿Cuándo?
—Después de que muriera mi padre.
La inspectora sintió que otra puerta acababa de abrirse.
—¿Clara fue a verla?
—No.
Sofía negó lentamente.
—Yo fui a buscarla a ella.