22 · FIBRAS
FIbrAS
En el maletero encontraron fibras de una moqueta industrial azul.
El garaje de Gabriel tenía moqueta azul solo en un lugar: el pequeño almacén de mantenimiento junto a los ascensores.
—No demuestra que el coche estuviera allí —dijo Leo en voz baja.
Ríos no apartó los ojos del informe.
—Pero ayuda.
—También puede haber transferencia secundaria.
—¿Quieres dejar de desmontarme las pruebas antes de que las tenga?
Leo cerró el portátil.
—Es mi trabajo.
Robles entró con otra carpeta.
—Tenemos cámaras de tráfico.
Colocó varias imágenes sobre la mesa.
El coche de Adrián aparecía a la 01:39 a dos calles del edificio de Gabriel.
A la 02:06, circulando en dirección contraria.
—Cuarenta y siete minutos —dijo Ríos.
Robles asintió.
—Y el teléfono de Gabriel registra su última conexión manual a la 01:52.
—¿Hora de muerte?
—Forense mantiene ventana entre 01:45 y 02:10.
Leo miró las fotografías.
—Si Clara o Adrián estaban allí, las imágenes falsas dejan de ser un intento de ponerlos en un lugar donde no estuvieron.
Ríos apoyó ambas manos sobre la mesa.
—Exacto.
—Entonces, ¿para qué sirven?
Nadie respondió.
La inspectora recordó la foto del restaurante: falsa, pero basada en una cita real. El vídeo del parking: probablemente manipulado, pero el coche de la pareja había estado a dos calles.
No estaban inventando una historia.
Estaban alterando una historia que ya había sucedido.
—Quien hace esto conoce los hechos reales —dijo.
Robles frunció el ceño.
—¿El asesino?
Ríos miró el informe de fibras.
—O alguien que estuvo allí.