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RECUERDO

A la mañana siguiente, Adrián dibujó el ascensor en una hoja.

No sabía por qué.

Una puerta gris, un indicador rojo, un espejo estrecho en la pared del fondo. Era una imagen demasiado precisa para ser un sueño y demasiado incompleta para llamarla recuerdo.

Clara lo encontró en la mesa.

—¿Qué es?

—No sé.

—Parece un ascensor.

—Gracias.

Ella no respondió al sarcasmo.

—¿Lo recuerdas de esa noche?

—Creo que sí.

Clara se sentó.

—¿Dónde?

—No lo sé.

—¿En casa de Gabriel?

Adrián levantó la mirada.

—Has dicho que nunca estuviste allí.

—Y no estuve.

—¿Sabes cómo es el ascensor de su edificio?

—No.

—Entonces ¿por qué has pensado en él?

Clara guardó silencio.

Adrián fotografió el dibujo y se lo envió a Leo.

¿Puedes conseguir imágenes del ascensor del edificio de Gabriel?

Leo llamó cinco minutos después.

—No hagas investigaciones por tu cuenta con evidencia de un homicidio.

—Solo te he pedido una foto.

—Y yo te estoy diciendo que esto se lo cuentes a Ríos.

—¿Tienes una foto o no?

—Sí.

La imagen llegó.

Adrián abrió el archivo.

Puerta gris.

Indicador rojo.

Espejo estrecho al fondo.

Sintió un vuelco en el estómago.

—Es ese.

Clara se acercó.

—Hay miles de ascensores así.

—El espejo está en el mismo sitio.

—Adrián…

—Estuve allí.

—No lo sabes.

—Lo recuerdo.

—Recuerdas una imagen.

Él la miró.

—¿Por qué intentas convencerme de que no?

—Porque llevamos días recibiendo cosas diseñadas para hacernos dudar de nuestra propia cabeza.

La frase tenía sentido.

Eso era lo peor.

El teléfono de Adrián vibró.

Leo.

No se lo enseñes a Clara todavía. La policía ha encontrado algo en el coche.

Adrián bloqueó la pantalla antes de que ella pudiera leerlo.

—¿Qué pasa?

—Nada.

La facilidad con que mintió lo asustó.