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19 · EL COCHE

EL COCHE

—Necesito que vengan los dos.

Adrián miró a Clara desde el otro extremo de la cocina.

—¿Ahora?

—Ahora.

En comisaría los llevaron a una sala distinta. Más grande. Sin cámara visible, aunque Adrián asumió que la había.

Robles dejó una fotografía sobre la mesa.

Era la entrada de su garaje comunitario.

—¿Reconocen este vehículo?

Su coche.

—Sí —dijo Adrián.

—Tenemos un registro automático de matrículas. Su coche salió del garaje a la 01:26 de la madrugada del sábado.

Adrián miró a Clara.

Ella no se movió.

—Eso no puede ser.

Robles colocó otra hoja.

—Regresó a las 02:13.

Adrián leyó las horas.

01:26.

02:13.

Cuarenta y siete minutos.

—Nosotros estábamos en casa.

—Eso nos dijeron —respondió Ríos.

—Es verdad.

—El sistema de matrículas no suele inventarse coches.

Clara se inclinó hacia delante.

—¿Hay vídeo?

—Sí.

—Quiero verlo.

Ríos giró la pantalla de un portátil.

El coche salió del garaje. Los cristales delanteros reflejaban las luces del techo. No se distinguían rostros.

Marca de hora: 01:26:14.

Después, entrada.

02:13:32.

Adrián sintió un sudor frío en la espalda.

—¿Quién conducía?

—No podemos verlo.

—¿La matrícula puede falsificarse?

Robles lo miró.

—Se puede falsificar casi todo. Pero tenemos el mando del garaje asociado a su vivienda registrando apertura en ambas ocasiones.

—¿Y eso se puede falsificar?

—También.

Adrián soltó una risa sin humor.

—Fantástico.

Ríos observó a Clara.

—¿Recuerda haber salido?

—No.

—¿Y usted?

—No.

—¿Bebieron mucho?

—No —dijo Adrián—. Una botella de vino entre los dos y un whisky después.

—¿Quién preparó el whisky?

Adrián iba a contestar cuando la imagen apareció en su memoria: Clara de pie junto al mueble bar, hielo en un vaso, la botella de bourbon.

Miró hacia ella.

—Clara.

Ella lo entendió.

—¿Qué?

—Tú preparaste las copas.

—Sí. ¿Y?

—Nada.

Ríos anotó algo.

Adrián sintió que acababa de decir mucho más de lo que pretendía.