18 · LA CASA DE GABRIEL
LA CASA DE GAbrIEL
La vivienda de Gabriel estaba en un edificio de los años setenta, a diez minutos andando de la plaza de Castilla. Cuarto piso, dos dormitorios, ventanas nuevas sobre una fachada vieja.
Elena Ríos caminó por el salón con guantes de nitrilo mientras Leo Ferrer trabajaba frente al ordenador.
—La carpeta CLARA se creó el diecisiete de junio —dijo él—. Fue modificada por última vez la noche del asesinato.
—A las 01:55.
—Sí.
—Después de la hora probable de muerte.
Leo asintió.
—O muy cerca.
Robles observó las fotografías familiares sobre una estantería. Gabriel con una mujer mayor. Gabriel en una playa. Gabriel sujetando una bicicleta de montaña.
—¿Puedes recuperar lo borrado?
—Algunas miniaturas, nombres temporales, fragmentos. Los archivos grandes fueron sobrescritos.
—¿Borrado seguro?
—No exactamente. Alguien sabía lo suficiente para hacerlo incómodo, no lo suficiente para hacerlo perfecto.
Ríos se acercó.
—Eso ya lo has dicho de las falsificaciones.
—Porque empiezo a ver un patrón.
Leo abrió una ventana con restos de nombres de archivo.
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sofia_entrevista.pdf
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Ríos señaló el último.
—¿Original?
—Eso parece.
—¿La fotografía falsa salió de aquí?
—Puede.
—Entonces quien la creó tuvo acceso a este ordenador.
Leo levantó un dedo.
—O Gabriel la creó él mismo.
Robles soltó una exhalación.
—¿Para qué iba a fabricar una prueba contra Clara?
—No tengo idea.
Ríos se volvió hacia el escritorio. Había un cuaderno con varias páginas arrancadas.
En la última, una frase escrita con bolígrafo azul:
Si pasa algo: no creer lo primero.
La inspectora fotografió la página.
—¿Caligrafía de Gabriel?
—La hermana dice que sí —contestó Robles.
Leo siguió trabajando.
De pronto dejó de teclear.
—Esto sí es raro.
—¿Qué?
—Hay un dispositivo externo conectado al ordenador a la 01:56.
—¿Un pendrive?
—Probablemente.
—¿Está aquí?
Leo miró alrededor.
—No lo hemos encontrado.
Ríos observó el salón.
El asesino había podido entrar, matar a Gabriel, conectar un dispositivo, borrar archivos y marcharse.
O Gabriel había hecho parte de aquello antes de morir.
—¿Hora de la última actividad del usuario?
—01:58.
Ríos frunció el ceño.
—Eso solapa con la cámara del parking.
—La cámara que probablemente está manipulada —recordó Leo.
La inspectora miró el cuaderno.
No creer lo primero.
La frase parecía escrita por un hombre que ya sabía que las pruebas iban a volverse contra todos.