17 · LA MENTIRA DE ADRIÁN
LA MENTIRA DE ADRIÁN
—Sí me reuní con él.
Clara lo miró sin entender.
Estaban todavía en la acera de la comisaría. La ciudad se movía alrededor como si nada: taxis, una ambulancia a lo lejos, gente cruzando con el semáforo en rojo.
—¿Qué has dicho?
Adrián guardó el teléfono.
—Que sí me reuní con Gabriel.
Durante unos segundos, Clara no reaccionó.
—Hace diez minutos has dicho delante de la policía que no lo recordabas.
—He mentido.
—¿Por qué?
—Porque no sabía cuánto sabían ellos.
Clara soltó una risa corta, incrédula.
—Perfecto. Resulta que el único problema de esta relación era yo.
—No compares.
—¿Que no compare qué? ¿Tus mentiras con las mías?
—Me escribió el lunes. Dijo que necesitaba hablar conmigo de ti.
—¿Y fuiste?
—Sí.
—Sin decírmelo.
—Tú llevabas tres meses hablando con él sin decírmelo.
La frase dio en el sitio exacto. Clara apartó la mirada.
—¿Qué te dijo?
Adrián respiró hondo.
Gabriel había enviado un correo a su cuenta personal. Soy alguien del pasado de Clara. Antes de pensar que es una estafa, pregúntale por Sigüenza. Adrián no preguntó nada. Contestó al correo y aceptó una reunión.
—¿Por qué no me lo contaste después?
—Porque me pidió veinticuatro horas.
—¿Para qué?
—Para reunir unas pruebas.
Clara se quedó quieta.
—¿Qué pruebas?
—No lo dijo. Me contó lo de Mateo, pero solo una parte. Dijo que habíais huido y que llevaba años queriendo confesar.
—¿Y lo peor?
Adrián recordó la grabación que acababan de recibir.
—Dijo que tú no me habías contado lo peor.
Clara palideció.
—¿Qué era?
—No llegó a decírmelo.
—¿Por qué?
—Porque se levantó y se fue.
—¿Así sin más?
Adrián negó.
—Miró el móvil. Recibió algo. Se puso nervioso. Me dijo: «Si mañana no te llamo, busca a Sofía Sanz». Y se marchó.
Clara cerró los ojos.
—Por eso fuiste a verla.
—Sí.
—Y por eso sabías cómo encontrarla.
—Sí.
Un silencio áspero se instaló entre los dos.
—¿Quién más sabe que te reuniste con Gabriel? —preguntó Clara.
—Ahora la policía.
—¿Y qué les vas a decir cuando te pregunten por qué mentiste?
Adrián la miró.
—La verdad.
Clara sonrió con amargura.
—Qué bien nos está funcionando eso.