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13 · SOFÍA

SOFÍA

Mateo Sanz tenía una hija.

Adrián la encontró porque cometió el error de buscar demasiado.

Sofía Sanz Ortega, veintiocho años, fisioterapeuta, Madrid.

Había concedido una entrevista cinco años atrás a un periódico local en el aniversario de la muerte de su padre. La fotografía mostraba a una mujer de pelo corto y ojos oscuros.

No queremos venganza. Queremos saber quién lo dejó allí.

Adrián leyó esa frase varias veces.

No se lo dijo a Clara.

Dos horas después, recibió un mensaje anónimo.

¿YA HAS ENCONTRADO A SOFÍA?

El corazón se le aceleró.

Escribió:

¿Eres ella?

No hubo respuesta.

Volvió a escribir.

¿Sofía?

Nada.

La coincidencia era demasiado precisa. Alguien sabía lo que Adrián buscaba casi en tiempo real.

Revisó los permisos del teléfono. Aplicaciones. Localización. Sesiones abiertas. No encontró nada extraño.

Llamó a Leo.

—¿Pueden estar dentro de mi móvil?

—Pueden muchas cosas. ¿Tienes algún indicio?

Adrián le contó el mensaje.

—No uses el teléfono para buscar nada relacionado con el caso durante unas horas. Tráemelo.

Antes de salir, Clara lo vio coger las llaves.

—¿Dónde vas?

—A ver a Leo.

—¿Por qué?

—Quiero que revise el móvil.

—¿Ha pasado algo?

Adrián dudó.

—No.

Fue la primera mentira deliberada que le dijo desde que todo había empezado.

Leo no encontró malware.

—Eso no significa que no haya habido acceso —dijo—. Pero no veo nada obvio.

—Entonces ¿cómo sabía lo de Sofía?

—Quizá no lo sabía. Quizá quería que la buscaras y asumió que lo harías.

—¿Manipulación?

—La herramienta más antigua del mundo.

Adrián guardó el móvil.

—¿Tú hablarías con ella?

Leo lo miró por encima de la pantalla.

—Yo no soy marido de una sospechosa en un homicidio.

—No te he preguntado eso.

—No. No hablaría con ella sin decírselo a la policía.

Adrián salió con la intención de hacer exactamente lo contrario.

Encontró la clínica donde trabajaba Sofía en una calle tranquila de Chamberí. Durante veinte minutos permaneció al otro lado de la acera, sintiéndose ridículo.

A las siete menos cuarto, una mujer salió del portal.

Era ella.

Más alta de lo que parecía en las fotos. Chaqueta verde. Mochila negra.

Adrián dio un paso.

Sofía lo vio.

Se detuvo.

No parecía sorprendida.

Lo reconoció.

Eso fue evidente.

—Adrián Vega —dijo ella.

Él sintió que el suelo se inclinaba.

—¿Cómo sabes quién soy?

Sofía metió una mano en el bolsillo de la chaqueta.

—Porque Gabriel me habló de ti.