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12 · LA CARPETA VACÍA

LA CARPETA VACÍA

La policía encontró la carpeta seis horas después.

Clara lo supo porque Ríos los llamó a primera hora de la mañana.

—Existe —dijo la inspectora—. Pero está vacía.

Adrián puso el altavoz.

—¿Vacía cómo?

—Los archivos fueron eliminados.

—¿Cuándo?

—Estamos trabajando en eso.

Clara se sentó en la mesa de la cocina.

—¿Se pueden recuperar?

—Algunos, quizá.

Ríos hizo una pausa.

—Necesito que me respondan a algo. ¿Alguno de los dos estuvo en casa de Gabriel recientemente?

—No —dijo Clara.

Adrián miró hacia ella.

La palabra salió limpia, sin vacilación.

—¿Nunca? —preguntó Ríos.

—Nunca he estado en su casa.

—Señor Vega.

—Yo ni siquiera sabía dónde vivía.

—Bien. No salgan de Madrid sin avisarnos.

La llamada terminó.

Adrián apoyó el móvil sobre la mesa.

—¿Eso sí era verdad?

Clara apretó los labios.

—No he estado en su casa.

—Ya no sé si distinguir cuándo mientes.

—Yo tampoco sé distinguir cuándo una prueba es real.

Se quedaron mirándose.

Aquella frase resumía demasiado bien las últimas cuarenta y ocho horas.

A media mañana, Leo envió un mensaje a Adrián.

El vídeo del parking tiene problemas. Llámame.

Lo hizo desde el balcón.

—¿Qué tipo de problemas?

—Saltos de textura. Inconsistencias en el pelo y las sombras. Podría haber síntesis generativa en varios fotogramas.

—¿Podría?

—Sí.

—¿No puedes decirme si es falso o no?

—Puedo decirte que alguien lo procesó. Aún no sé cuánto.

—¿La mujer era Clara?

—Si me obligas a apostar dinero, diría que la cara no es original.

Adrián cerró los ojos.

Dos pruebas visuales.

Dos manipulaciones.

—¿Y el audio?

—Más difícil. La voz sintética deja menos huellas de las que la gente cree. Necesito una muestra limpia del archivo original y varias grabaciones auténticas de Clara.

—Te las mando.

—Y otra cosa.

—¿Qué?

—Quien está haciendo esto no pretende engañar a un laboratorio para siempre.

Adrián frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Las falsificaciones son buenas para una persona normal. Algunas engañarían a una redacción o incluso pasarían un análisis rápido. Pero tienen errores. Si el objetivo fuese crear una coartada perfecta, esperaría más cuidado.

—¿Entonces qué objetivo tiene?

Leo guardó silencio.

—Eso no es análisis forense. Eso es psicología.

Aquella tarde la inspectora Ríos encontró algo en la carpeta vacía.

No un archivo.

Un nombre borrado del historial de acceso.

Alguien había abierto la carpeta CLARA a las 01:55 de la madrugada en que Gabriel murió.

Desde el propio ordenador de Gabriel.