11 · EL CATORCE DE SEPTIEMBRE
EL CATORCE DE SEPTIEMbrE
La noche anterior, Adrián había mirado su álbum de boda en el móvil.
No era sentimental; apenas abría aquellas fotos.
Buscó una en la que Clara se reía con la cabeza echada hacia atrás, la camisa blanca de un invitado manchada de vino a su espalda.
La habían tomado en el único momento de aquel día en que nadie parecía posando para nadie.
Recordó que, después de la fiesta, ella le había preguntado si existía algo capaz de hacerle dejar de quererla. Él, más cansado que borracho, había contestado que no. Nunca pensó que esa promesa fuese a presentarse años después como una pregunta con fecha, víctimas y atestado policial.
Apagó la pantalla antes de que Clara entrara en el salón.
—Cuéntamelo entero —dijo Adrián.
Clara permaneció de pie junto al sofá.
—Gabriel llevaba semanas insistiendo en verme.
—Eso ya lo sé.
—Yo no quería.
—Eso no lo sé.
Ella aceptó el golpe sin responder.
Había accedido a la cita porque Gabriel prometió que sería la última. Eligió un restaurante concurrido precisamente porque no quería quedarse a solas con él.
—¿Qué quería?
—Enseñarme lo que había recibido.
—¿Qué cosas?
Clara sacó el móvil y abrió una carpeta que Adrián nunca había visto. Dentro había capturas de pantalla.
Un mapa de la carretera donde murió Mateo.
Una fotografía borrosa de un coche parecido al que Clara conducía en 2011.
Un recorte de prensa.
Y un mensaje.
NO FUE UN ACCIDENTE.
Adrián levantó la mirada.
—¿Qué significa eso?
—Que alguien intentaba asustarnos.
—O que sabía algo.
—No había nada que saber aparte de lo que te he contado.
Adrián no respondió.
Clara pasó a la siguiente captura.
SI NO LO CONTÁIS VOSOTROS, LO CONTARÉ YO.
—Gabriel estaba convencido de que alguien había encontrado una prueba —dijo ella—. Quería ir a la policía antes de que todo saliera por otro lado.
—¿Y tú?
—Le pedí tiempo.
—¿Otra vez tiempo?
—Sí.
—¿Para qué?
—Para pensar cómo contártelo.
Adrián soltó una risa breve.
—Qué detalle.
—No quería perderte.
—No estamos hablando de una infidelidad.
—Lo sé.
—¿Cómo terminó la cena?
—Mal.
—¿Discutisteis?
—Sí.
—¿Lo amenazaste?
—No.
Adrián señaló las capturas.
—¿Quién las envió?
—No lo sé.
—¿El mismo número que me escribe ahora?
—No. A Gabriel le llegaban desde correos y números distintos.
—¿Guardó algo más?
—Dijo que sí. Una carpeta con todo.
—¿Dónde?
—En su ordenador.
Adrián la miró.
—¿Y se lo has dicho a la policía?
Clara tardó un segundo.
—No.
—¿Por qué?
—Porque esa carpeta puede contener lo del atropello.
Adrián sintió que volvía la rabia.
—Un hombre acaba de ser asesinado y sigues pensando primero en ti.
Clara bajó la mirada.
—Voy a llamar a Ríos.
—Adrián…
—No.
Marcó delante de ella.
La inspectora escuchó sin interrumpir. Cuando Adrián terminó, solo preguntó:
—¿La carpeta tenía algún nombre?
Clara respondió desde el otro lado del salón.
—Sí.
Adrián repitió la palabra al teléfono.
—CLARA.