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9 · EL PERITO

EL PERITO

—¿Vivo?

Clara mantuvo la vista al frente.

—Respiraba.

—¿Y os fuisteis?

—Gabriel dijo que si llamábamos desde allí…

—No me importa lo que dijo Gabriel.

—Yo estaba aterrorizada.

—Deja de utilizar el miedo como si fuera una absolución.

Varias personas miraron hacia ellos. Clara bajó la voz.

—No murió inmediatamente.

—¿Cuánto tardó?

—No lo sé.

Adrián salió a la calle antes de decir algo que no pudiera retirar.

Se sentó en el coche y apoyó la frente en el volante.

El móvil sonó.

—¿Adrián Vega?

La voz no era la del desconocido.

—Sí.

—Soy Leo Ferrer. Colaboro como perito externo con la policía. La inspectora Ríos me ha pasado su contacto. Necesito el archivo original de la fotografía que recibió.

Se encontraron en una cafetería media hora después.

Leo parecía demasiado joven para la autoridad con que hablaba: treinta y pocos, barba corta, sudadera gris, un portátil cubierto de pegatinas y una forma de mirar las pantallas como si pudiera oír lo que escondían.

—¿La ha reenviado? —preguntó.

—No.

—Bien. Cada compresión destruye información.

Adrián le envió el archivo.

Leo abrió herramientas que él no entendía. Miró metadatos, canales de color, reflejos, bordes. Amplió la oreja de Clara, el cristal de una copa, una ventana detrás de Gabriel.

—¿Ve algo raro? —preguntó Adrián.

—Sí.

—¿Qué?

—Que todavía no sé qué es.

—Muy útil.

Leo sonrió.

—Las respuestas rápidas son gratis. Las buenas tardan.

Trabajó veinte minutos sin hablar.

Después señaló la pantalla.

—La geometría del reflejo no coincide del todo con la postura de la mujer.

—Hábleme como si fuese imbécil.

—El rostro puede haber sido reconstruido. Quizá con un modelo generativo.

—¿La foto es falsa?

—Necesito más tiempo.

—¿Cuánto?

—Unas horas.

Adrián se levantó.

—Llámeme en cuanto lo sepa.

A las 22:41, el teléfono sonó.

—La imagen está manipulada —dijo Leo.

Adrián cerró los ojos.

—¿Seguro?

—Lo bastante para firmarlo.

El alivio fue inmediato y vergonzoso.

—Entonces Clara decía la verdad.

Leo guardó silencio.

—He dicho que la fotografía está manipulada. No que su mujer no estuviera allí.

—¿Cómo que no?

—La cara fue reconstruida, pero la escena base es real. Gabriel estaba sentado en esa mesa.

—¿Solo?

—No.

Adrián se incorporó en el asiento del coche.

—¿Con quién?

—No puedo identificarla. Pero debajo de la reconstrucción queda información de otra persona.

—¿Un hombre?

—Una mujer.