8 · VIVO
VIVO
La segunda entrevista fue diferente.
Había otro inspector en la sala, Javier Robles, cincuenta y tantos, traje oscuro sin corbata, voz tranquila. Sobre la mesa había más papeles que por la mañana.
—Gabriel Luján murió por un traumatismo craneoencefálico —dijo Robles.
—¿Lo golpearon?
—Eso parece.
—¿A qué hora?
—Entre la una y media y las dos y cuarto.
La figura del vídeo del parking aparecía a la 01:58.
Ríos colocó sobre la mesa la fotografía del restaurante.
—¿La había visto?
Adrián decidió dejar de proteger lo incomprensible.
—Me la enviaron esta tarde.
La inspectora levantó la mirada.
—¿Quién?
—No lo sé. El mismo tipo, supongo, que mandó un audio anoche.
—¿Qué audio?
Adrián cerró los ojos un instante.
Sacó el móvil.
Cuando la voz de Clara llenó la habitación, ninguno de los dos policías cambió de expresión. Aquello le pareció peor que cualquier reacción.
—Necesitamos una copia —dijo Ríos.
Adrián asintió.
Robles giró otro documento.
Una cita del calendario de Gabriel.
01:30 - C.
—¿Creen que la C es Clara?
—No lo sabemos.
—Pero lo creen.
Ríos no respondió.
Entonces enseñaron una conversación recuperada del móvil de Gabriel.
NO PIENSO SEGUIR CARGANDO CON ESTO.
Respuesta de un número prepago ya inactivo:
SI HABLAS, NOS DESTRUYES A LOS DOS.
Y después:
ENTONCES NOS DESTRUIREMOS.
Adrián sintió que la habitación encogía.
—¿Creen que lo escribió ella?
—Aún no.
—Pero otra vez lo creen.
Ríos cerró la carpeta.
—Señor Vega, su mujer nos ha mentido sobre su relación con el fallecido.
—Lo sé.
—¿Hay algo más que debamos saber?
Adrián pensó en Clara pidiéndole tiempo.
Pensó en Mateo solo en una carretera.
—Sí.
Cuando pronunció el nombre de Mateo Sanz, el bolígrafo de Robles dejó de moverse.
Ríos lo miró fijamente.
—¿Qué acaba de decir?
—Pregúntenselo a Clara.
—Se lo estoy preguntando a usted.
Adrián contó lo esencial.
Atropello. 2011. Clara al volante. Gabriel presente. Fuga.
La inspectora salió de la sala antes de que terminara.
Clara apareció cuarenta minutos después. No estaba detenida, pero tenía la piel gris.
—Se lo has contado.
—No podía seguir mintiendo por ti.
—Te pedí unas horas.
—Me pediste que ocultara una muerte.
Clara caminó hacia la salida.
Adrián la siguió.
En el pasillo ella se detuvo.
—Mateo no murió cuando te he dicho.
Adrián sintió que algo se hundía dentro de él.
—¿Qué?
Clara no se giró.
—Estaba vivo cuando nos fuimos.