7 · SIN MARCAS DE FRENADA
SIN MARCAS DE FRENADA
Adrián caminó durante casi una hora.
Buscó el nombre de Mateo en el móvil mientras esperaba para cruzar una avenida.
El tercer resultado pertenecía a un periódico local.
FALLECE UN HOMbrE DE 43 AÑOS TRAS SER ATROPELLADO EN UNA CARRETERA SECUNDARIA.
La noticia era breve. Mateo Sanz Ortega había sido encontrado alrededor de las cuatro de la madrugada por un conductor. La Guardia Civil buscaba un vehículo que había abandonado el lugar sin prestar auxilio.
Casado y padre de una hija.
Adrián cerró la página.
Volvió a abrirla un minuto después.
Necesitaba ver la foto.
Mateo sonreía junto a un barco de pesca. Tenía una cara corriente, amable, de esas que cuesta imaginar muertas al borde de una carretera.
Siguió buscando.
Encontró un foro antiguo donde varios vecinos comentaban el caso. Rumores, especulaciones, acusaciones sin pruebas.
Un usuario había escrito:
Dicen que no había marcas de frenada.
Adrián leyó la frase dos veces.
Podía ser mentira. Internet en 2011 ya estaba lleno de gente que sabía cosas que no sabía.
Pero recordó a Clara.
¿Frenaste?
Sí.
El teléfono vibró.
Número desconocido.
AHORA YA SABES QUIÉN ERA GAbrIEL.
Adrián miró alrededor.
Escribió:
¿Fuiste tú quien mandó el audio?
La respuesta llegó enseguida.
SÍ.
¿Es falso?
Esta vez tardó.
PREGÚNTALE A CLARA.
¿Mató a Gabriel?
Tres puntos. Desaparecieron. Volvieron.
CLARA LLEVA QUINCE AÑOS APRENDIENDO A MENTIR.
Adrián escribió:
Quiero hablar contigo.
Un tic.
¿Quién eres?
Un tic.
Llamó.
Número inexistente.
—Hijo de puta.
Una mujer que pasaba junto a él aceleró el paso.
Regresó a casa con la frase del foro clavada en la cabeza.
—¿Había marcas de frenada? —preguntó nada más entrar.
Clara levantó la vista desde el sofá.
—¿Qué?
—He encontrado gente diciendo que no había marcas.
—¿Gente dónde?
—En un foro.
Ella dejó escapar aire.
—Por Dios, Adrián.
—Hace una hora recordabas perfectamente haber frenado.
—Recuerdo pisar el freno.
—No es lo mismo que frenar.
—¿Qué intentas demostrar?
—No lo sé. Ese es el problema.
Le enseñó los mensajes del desconocido.
Clara leyó la frase sobre los quince años.
Su cara cambió apenas un instante.
—¿Qué pasa?
—Nada.
—Otra vez esa palabra.
El teléfono sonó.
INSPECTORA ELENA RÍOS.
—Señor Vega —dijo ella—, necesito que vuelvan a comisaría.
—¿Ha pasado algo?
—Tenemos el informe preliminar de la autopsia.
Adrián miró a Clara.
—¿Y?
—Ya no investigamos una muerte sospechosa.
—Entonces ¿qué investigan?
—Un homicidio.